PRECIO ENERGÍA
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Invierno crudo

En España la economía resiste, pero en otoño, sin turismo y con precios récord del gas y el petróleo, también sufriremos las consecuencias de esta maldita guerra

Centro de interconexión gasista en Baumgarten an der March, en Austria.
Centro de interconexión gasista en Baumgarten an der March, en Austria.JOE KLAMAR (AFP)

El precio del gas en Europa ha vuelto a subir un 50%. La causa es que el suministro que llega a Europa de Rusia registró un nuevo mínimo histórico semanal. El mercado se teme que en otoño continuará con su amenaza de cierre selectivo por países. El mayor riesgo es Alemania, pero también Italia. Un cierre en cualquiera de esos dos países provocaría fuertes disrupciones del mercado y son la principal causa de la crisis de precios e inflación que padecemos todos los europeos.

La temporada de calefacciones terminó, pero los inventarios están en mínimos y la Comisión, con buen criterio, ha forzado a los países a llenarlos antes de que empiece la temporada de frío en otoño. China, con su confinamiento forzado, ha parado en seco su economía y la demanda de gas. Si los chinos abren de nuevo sus ciudades y se normaliza la demanda, todo es susceptible de empeorar. Aunque China desde que comenzó la invasión de Ucrania ha vuelto a quemar carbón e incluso petróleo para generar electricidad y alivia la presión sobre el mercado de gas mundial.

En el petróleo comienza la temporada de verano con fuerte demanda de gasolina para autos y de queroseno para aviones por las vacaciones. EE UU decidió usar sus reservas estratégicas y han caído a la mitad desde que comenzó la pandemia, niveles no vistos desde los años ochenta. Alemania de nuevo en Europa está en una situación al límite, con menos reservas de petróleo que España con el doble de población.

Rusia es, junto a Arabia Saudí, el segundo productor de crudo mundial, solo por detrás de EE UU. No es posible sustituir el petróleo ruso a corto, ni a medio plazo. Rusia también es el segundo productor mundial de gas. Produce lo mismo que todo Oriente Medio y ocho veces más que Argelia, y es el país con las mayores reservas de gas probadas del mundo. Tiene tres tubos conectados con Europa, pero la guerra está volcando a Rusia en manos de China y pueden desarrollar más tubos por Siberia para que su gas acabe en el gigante asiático. A esto hay que sumar la inflación de alimentos, que ha empobrecido de facto a la mitad de los europeos y que va a provocar la mayor hambruna mundial en décadas, como está advirtiendo Naciones Unidas.

La salvaje invasión de Ucrania hace muy complicada una negociación. Y no será olvidada por nuestros socios europeos del Este. Desde Finlandia hasta Bulgaria se preguntarán cada día: ¿quién será el próximo? Nada volverá a ser igual con Rusia en mucho tiempo. Pero si hay vida inteligente en Europa alguien debe estar pensando ya en como acabar con esta guerra. Los primeros, los ucranianos, que sin el gas ruso y sin acceso a sus antiguos puertos son una economía inviable.

En España la economía resiste con 85.000 nuevos empleos previstos en junio, más del doble que antes de la invasión. Se espera un verano turístico récord en pernoctaciones y en precios, y el mayor problema es la falta de personal por las precarias condiciones de trabajo ofrecidas en muchos casos. Pero en otoño, sin turismo y con precios récord del gas y el petróleo, también sufriremos las consecuencias de esta maldita guerra.

El tope del gas diseñado con Bruselas permitirá proteger los precios de la electricidad, pero no evitará pagar el gas a las empresas gasísticas a precio de mercado. El BCE ha frenado otro episodio de inestabilidad financiera, pero el riesgo sigue ahí. El escenario exige una política fiscal prudente, contener el gasto y que la inflación y los ingresos reduzcan el déficit. El escaso margen fiscal se debe concentrar en proteger a las rentas más vulnerables y reforzar el transporte público.

La solución a la crisis es poner todas las placas y aerogeneradores posibles cuanto antes. Y aprovechar los fondos europeos para desarrollar la industria y la tecnología española. Se van a crear casi un millón de empleos en el mundo en el desarrollo de la eólica marina. España es el líder mundial en energía eólica y tiene un ecosistema industrial ya muy desarrollado en ese sector. La pregunta es: ¿cuántos de ese millón de empleos queremos se creen en España?

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