El dólar alcanza la paridad con el euro por primera vez en 20 años: ¿Cómo afecta eso a la economía?

El mercado de divisas vive un vuelco histórico en el que el billete verde se revaloriza un 15% frente a la moneda única

Una persona cruzaba la calle en febrero vestida de la moneda única, cerca de la sede del Bundesbank alemán, en Fráncfort.
Una persona cruzaba la calle en febrero vestida de la moneda única, cerca de la sede del Bundesbank alemán, en Fráncfort.DPV (EUROPA PRESS)

Gobiernos, bancos centrales, analistas y empresas observan casi hipnotizados los movimientos del gráfico. El euro lleva días rozando ese momento simbólico en que su valor se sitúe por debajo del dólar, un paso que a juzgar por la tendencia parece irreversible. La moneda única se cambiaba este martes por un dólar, alcanzando así la paridad. Hace 20 años, desde 2002, que no sucede algo así, pero los diferentes ritmos de subida de tipos por parte de los bancos centrales, la guerra en Ucrania, que por cercanía y dependencia energética está afectando más a Europa que a EE UU, y el temor a una recesión, que suele impulsar valores refugio como el dólar, están acelerando lo que hasta hace no tanto parecía inconcebible.

El sorpasso todavía puede llevar días. El mercado de divisas no tiene nada que ver con el de criptomonedas, ni siquiera con las Bolsas: sus fluctuaciones suelen ser mucho más pequeñas, pero tras una caída del euro del 15% frente al dólar en los últimos doce meses, la mayoría de expertos señala que la duda no es si sucederá, sino cuándo. La reunión del Banco Central Europeo de la semana próxima se antoja clave en su devenir: si la subida de tipos es de solo 25 puntos básicos, el euro podría seguir perdiendo fuerza. Pero, ¿por qué son importantes estos cambios?

Turismo. Es el efecto más elemental, sobre todo para aquellos que tienen previsto viajar de Estados Unidos a Europa o viceversa. Cuando un viajero europeo se acerque al mostrador de una casa de cambio le darán menos dólares por sus euros, con lo que tendrá menor capacidad de gasto. Eso puede perjudicar a la industria turística de EE UU, el país más visitado del mundo. En el lado contrario, los estadounidenses que crucen el Atlántico en dirección a uno de los Diecinueve países del euro verán sus dólares estirarse como el chicle. Y eso puede redundar en ingresos extra para hoteles, bares y restaurantes, muy necesitados de buenas noticias tras la debacle pandémica. También las tiendas europeas pueden salir beneficiadas: cuando en 2008 el euro llegó a cambiarse por 1,59 dólares, su máximo histórico, no era raro que muchos turistas viajaran a EE UU con la maleta casi vacía para volver con ella llena de gangas. Ahora puede ocurrir lo contrario.

Comercio. Durante décadas, la devaluación de la moneda fue un instrumento de política monetaria básico para obtener ventajas competitivas con las que salir de las crisis. La idea es simple: si tu moneda vale menos, tus productos son más baratos, y es mucho más sencillo colocarlos en el mercado, lo que revitaliza las exportaciones y tira de la economía. Pero ese paradigma está dejando de ser una verdad absoluta: Alemania, que surte de vehículos a buena parte del planeta, sufrió en mayo su primer déficit comercial en más de 30 años a pesar de la debilidad del euro. La explicación está en la energía: Europa paga el gas y el petróleo en dólares, con lo que su encarecimiento, unido al descenso de la moneda única, está disparando lo que se abona por las importaciones, una transferencia de dinero de los compradores de energía rumbo a los vendedores que está desequilibrando la balanza comercial hacia los números rojos.

Inflación. Si, como sucede con la energía, las empresas europeas pagan muchas de las materias primas que necesitan en dólares, y esta moneda es más cara, los productos tenderán a llegar a los consumidores con un sobreprecio. Es el único modo con el que las compañías pueden mantener sus márgenes, pero también combustible para una inflación desbocada, de doble dígito en España —10,2%—, y no muy lejos en la zona euro —8,6%—.

Deuda. No solo el euro está siendo víctima de esa fortaleza del dólar: la libra esterlina se ha dejado un 16% en un año, y el yen un 20% debido a que el Banco de Japón mantiene inalterada una política monetaria ultraflexible porque su inflación sigue bajo control —2,1% en mayo—. Las monedas de algunos de los principales países emergentes, como Brasil y México, están resistiendo mejor el envite, lo cual está evitando que se produzcan turbulencias en la zona, muy expuesta a emisiones de deuda en dólares y, por tanto, vulnerables en caso de que el dólar gane terreno frente a sus divisas. Los expertos de ING explican esa resistencia en la subida de tipos que han acometido. “Muchos bancos centrales de mercados emergentes han estado tratando de resistir la debilidad de la moneda local mediante la intervención de divisas”. Brasil tiene los tipos por encima del 13%, y México roza el 8%.

¿Seguirá cayendo el euro? La respuesta está en los movimientos de los bancos centrales. La Reserva Federal estadounidense está siendo más agresiva que el BCE en la subida de tipos, y poner el dinero más caro empuja a los inversores a concentrar más recursos en esa divisa, lo cual la revaloriza frente al resto de monedas. “La situación de inflación es un fenómeno global; pero, tanto por su intensidad como por sus causas, presenta diferencias entre las distintas regiones y, en concreto, entre Estados Unidos y Europa. Por esta razón, la Reserva Federal ha iniciado la normalización de su política monetaria antes que el Banco Central Europeo y de forma más decidida”, explica Francisco Uría, responsable global de Banca de KPMG.

Los analistas de Allianz Global Investors creen que a corto plazo el dólar seguirá al alza frente al euro, “aunque a un ritmo más lento”. Y que conforme pasen los meses podría haber una corrección, aunque añaden una objeción a esa tesis. “Si la economía global se debilita o si entra en recesión, el dólar seguirá fuertemente respaldado en términos generales”.


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Álvaro Sánchez

Redactor de Economía. Ha sido corresponsal de EL PAÍS en Bruselas y colaborador de la Cadena SER en la capital comunitaria. Antes pasó por el diario mexicano El Mundo y medios locales como el Diario de Cádiz. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster de periodismo de EL PAÍS.

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