La inflación se situó en agosto en el 10,5%, con los alimentos en el nivel más elevado desde 1994

La revisión del indicador arroja un incremento de precios superior al previsto inicialmente, espoleado por la subida de la electricidad y la cesta de la compra

Carro de compra de un supermercado, en una imagen de archivo.
Carro de compra de un supermercado, en una imagen de archivo.

La inflación aflojó el pasado agosto menos de lo esperado. Finalmente, el Índice de Precios al Consumo (IPC) cerró el octavo mes con una subida del 10,5%. Es una décima más de lo que el propio Instituto Nacional de Estadística (INE), que ha dado este martes el dato definitivo, avanzó dos semanas atrás. La electricidad y los alimentos, cuyo encarecimiento alcanza el nivel más elevado en casi tres décadas, tiran de los precios hacia arriba. En la inflación subyacente (la que elimina productos energéticos y alimentos frescos por considerarse demasiado volátiles) sí se cumplió con el dato adelantado, situándose en el 6,4%.

Con todo, la inflación de agosto fue más leve que la de julio, que marca de momento el pico de la actual crisis con un 10,8%. Al alivio contribuyeron los carburantes, que bajaron en el octavo mes y dejaron el crecimiento de precio de los transportes en un 11,5%, cuatro décimas menos que en julio. En el lado contrario, la electricidad se disparó. El INE señala que la subida mensual de la luz fue del 15,9%; y en tasa anual, la electricidad resultó un 60% más cara que en agosto de 2021. Solo los combustibles líquidos (casi un 80% de incremento interanual) y los aceites comestibles distintos del de oliva (un 71% más) superan ese porcentaje. Pero mientras estos últimos mostraron una tendencia descendente respecto a julio, la luz siguió su escalada.

También llenar el carro de la compra resultó más costoso para las familias. El grupo de alimentación y bebidas no alcohólicas situó su tasa interanual de inflación en el 13,8%. El instituto estadístico destaca que es el porcentaje más elevado desde el inicio de la serie estadística en 1994. Por productos, la harina fue en agosto casi un 40% más cara que un año antes; y la mantequilla o la pasta subieron más de un 30%. Pero también la leche, las salsas o el pan se elevaron un 25%. Todos ellos, salvo las pastas, se encarecieron además en el octavo mes con respecto a julio, lo que muestra que la cesta de la compra sigue acelerando la inflación en plena controversia sobre la posibilidad de que los supermercados limiten los importes de un lote de productos básicos.

En el mes más álgido del turismo, la restauración y los hoteles también tiraron de los precios al alza. Entre los servicios que más vieron crecer el precio con respecto a julio figuran tanto los paquetes turísticos nacionales como los internacionales. Y lo mismo sucedió con los vuelos internacionales. Veranear este agosto ha resultado mucho más caro que en el mismo mes de 2021: los hoteles se han encarecido casi un 25%, lo mismo que los paquetes turísticos internacionales. Y los vuelos al extranjero han registrado un sobrecoste con respecto a 12 meses atrás que supera el 20%.

Subida en Baleares y Canarias

El tirón del turismo sobre los precios también se observa en la diferente evolución del IPC por comunidades autónomas. Baleares y Canarias, los dos territorios con mayor peso del sector turístico, fueron las únicas donde la inflación de agosto resultó superior a la de julio. Aunque Canarias es, junto con Madrid, la única que se mantiene por debajo de los dos dígitos. La región de la capital es la que tuvo una menor inflación en agosto (9,3%) y Castilla-La Mancha volvió a marcar un mes más el techo (12,6%). En esta última destacan el elevado precio del grupo de alimentos y de vivienda (donde se incluyen los suministros, como la electricidad).

En términos generales, es lo mismo que sucede en el conjunto de España. Tres grandes grupos (alimentos, vivienda y transporte) se sitúan por encina de la inflación general, lo que muestra que son los bienes y servicios incluidos en estas categorías los que están detrás del actual episodio de carestía. Pero los transportes, fundamentalmente por el abaratamiento durante el verano de los combustibles, empezaron a aflojar algo en agosto. Interanualmente, solo las comunicaciones (-2,2%) resultaron más baratas que un año antes. Todo lo demás sube en mayor o menor medida, incluso el vestido y calzado, pese a que desde enero se ha abaratado mucho.

María Jesús Fernández, economista sénior de Funcas, destaca que tanto el petróleo como otras materias primas “han experimentado descensos [en los últimos meses] aunque no están en niveles prepandemia ni mucho menos”. Pero la tendencia cree que será consistente con “la economía europea en crecimiento débil o incluso en recesión”. En ese escenario, “la inflación iría descendiendo, aunque manteniendo niveles elevados”. Pero la experta de la fundación de las antiguas cajas de ahorros apunta una importante salvedad: “En el mercado del gas puede ocurrir cualquier cosa y lo que finalmente suceda con la inflación dependerá de lo que pase con el gas este invierno”.

Inflación persistente

Con todo, la peor noticia es la confirmación de que la inflación subyacente sigue creciendo. Esta marca con el 6,4% su porcentaje más elevado desde enero de 1993. Se considera un indicador clave en la definición de las políticas monetarias porque sirve para vislumbrar cómo evolucionarán los precios en el medio plazo. De hecho, en su última reunión, el Banco Central Europeo, cuyo mandato consiste en mantener la inflación en el entorno del 2%, anunció la mayor subida de tipos de su historia, con un aumento del 0,75%. Esto significa que el supervisor de la eurozona cree que controlar la inflación va a ser más duro de lo que se preveía inicialmente.

Fernández cree que posiblemente haya que esperar “hasta finales de este año” para que la inflación subyacente toque techo. Serían los meses en que tardarían en notarse las tendencias positivas de los mercados de petróleo y materias primas en otros bienes y servicios. Con todo, la economista de Funcas sigue apuntando a la dificultad de realizar previsiones en el actual contexto: “Estamos en una dinámica de la que no tenemos precedentes y no tenemos una guía para saber cómo evolucionará o en qué momento se trasladará la inflación subyacente”. “El único momento semejante fue la crisis del petróleo del siglo XX, pero no se puede usar como referencia porque entonces la economía era muy distinta”, agrega.

El origen del actual episodio de carestía se encuentra en los altibajos de actividad que provocó la pandemia. Esto causó cuellos de botella en la producción y el encarecimiento de las materias primas, lo que, poco a poco, se ha ido trasladando a numerosos bienes y servicios. Con todo, la puntilla llegó con la guerra de Ucrania y las subidas del petróleo y el gas natural, de los que Rusia es un gran exportador a Europa. Pero mientras que el primero y sus derivados (como la gasolina y el gasóleo) aflojaron en los mercados internacionales durante el verano, el gas natural ha seguido marcando importes de récord. Y este, particularmente en época estival, cuando decaen otras fuentes de generación, es fundamental para producir electricidad.

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José Luis Aranda

Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS, diario donde entró a trabajar en 2008. Escribe habitualmente sobre temas de vivienda y referentes al sector inmobiliario. Es licenciado en Historia por la Universitat de València y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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