Bosques y tecnología para la captura de CO₂

Así funcionan estas dos vías para absorber las emisiones de carbono

ARCHIVO SYLVESTRIS/REPSOL
ARCHIVO SYLVESTRIS/REPSOL

La mitad de las emisiones de CO₂ que la humanidad genera son absorbidas por los sumideros naturales de carbono, entre los que se encuentran los bosques, que lo retienen gracias a la fotosíntesis de los árboles que los habitan. Pero también existe otra fórmula de absorción de carbono en la que interviene la mano del hombre. Está basada en tecnologías que separan y secuestran el gas en origen, en instalaciones industriales, o directamente de la atmósfera para después reutilizarlo como materia prima o almacenarlo. Así funcionan las dos vías.

La vía natural | Un bosque donde había un páramo

Ejulve es un pequeño pueblo de Teruel con un centenar de habitantes. Para Enrique Enciso, ingeniero forestal de Sylvestris, la empresa que está plantando un nuevo bosque en el municipio, es “una especie de Laponia del Sur”: “La zona tiene incluso menos densidad de población que Laponia del Norte”, compara. “Es la España vaciada más profunda”. Enciso y su equipo están reforestando 125 hectáreas arrasadas por un incendio. Desde el otoño han introducido miles de ejemplares de diez especies frondosas: quejigos, serbales, encinas, arces, mostajos y dos especies de pino, todas representativas de la zona. Estiman que, en 40 años, el tiempo que se maneja para medir el impacto ambiental de un nuevo bosque, cada hectárea habrá absorbido unas 200 toneladas de CO₂, la media que ostenta la mayoría de los territorios arbóreos de España.

“Son acciones medioambientales, pero siempre sociales”, explica Enciso. “Buscamos dinamizar la zona donde reforestamos. Si podemos trabajar en un pueblo que se está quedando desierto y con colectivos desfavorecidos, mejor”. En el caso de Ejulve, Sylvestris acordó con el Ayuntamiento la contratación de 30 personas del municipio y de la comarca para la reforestación. Después matizaron junto a técnicos forestales de la zona aspectos como la densidad de la masa arbórea, las especies elegidas y la distribución. La compañía, participada por la Fundación Repsol, ha pasado en un par de años de reforestar decenas de hectáreas a centenas. “En 2021, si todo sigue su curso, serán miles”, se alegra Enciso.

Las reforestaciones o proyectos de absorción, reguladas por el Real Decreto 163/2014, uno de los pioneros en Europa en la materia, dejan activos que poco a poco, entiende Enciso, empiezan a ser valorados por la sociedad. Uno de ellos es la propia captura del carbono. “A grandes rasgos, un árbol almacena carbono a medida que crece. Y cuanto más crece, más capacidad de absorción tiene y más CO₂ retira de la atmósfera”, resume Enciso.

“El bosque en sí se lo queda la propiedad, es decir, el Ayuntamiento en general, ya que casi siempre trabajamos con entes públicos”, explica el ingeniero. “Nosotros trabajamos para crear bosques, cuyo crecimiento se transforma en captación de carbono”. “Antes entendíamos que un bosque solo nos daba madera, corcho, resina, bellotas”, interviene Francisco Martínez, compañero de Enciso. “Pero ahora tenemos en cuenta que también produce otros bienes por los que no se paga: paisaje, protección contra la erosión, regulación del ciclo hidrológico o biodiversidad”.

Complejo industrial en Puertollano. ARCHIVO REPSOL
Complejo industrial en Puertollano. ARCHIVO REPSOL

Los proyectos de reforestación están regulados por la Oficina Especial de Cambio Climático, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Sylvestris aglutina un tercio de los cerca de 60 bosques nuevos creados en España, en su mayoría encargados por empresas que quieren compensar las emisiones cuando ya no pueden reducirlas más.

Existe un registro voluntario y público en el que las empresas pueden publicar su cálculo de emisiones y reducción. La Oficina de Cambio Climático también otorga un sello con tres distinciones acumulativas: para aquellas que calculen su huella de carbono -más de 1.000 lo han hecho en España-, para las que la reduzcan y para las que, finalmente, la compensen con, por ejemplo, proyectos de reforestación -van unas 56-. “A lo mejor en el futuro se valora lo que aporta un bosque”, aventura Enciso.

La vía tecnológica | La segunda vida del carbono

Para capturar el dióxido de carbono que no alcanzan a eliminar los bosques existe una vía tecnológica. Y es que el CO₂ presente en el aire se puede secuestrar. Las opciones que se están investigando y desarrollando para conseguirlo son cada día “más diversas y avanzadas”, considera Federico Giannangeli, director de Tecnología de Exploración de Repsol Technology Lab, el centro de investigación de Repsol en el que se buscan soluciones tecnológicas en torno a la eficiencia energética. “Tenemos un objetivo claro: descarbonizar al máximo nuestros procesos productivos. Y la captura en origen es un mecanismo que gana importancia”, afirma.

Pero, ¿cómo separar y capturar partículas del aire? “Existen dos clases de absorbentes”, detalla el experto. “Existen las aminas, que son líquidos. Y también absorbentes sólidos, filtros que capturan el carbono directamente del ambiente o de las fuentes de combustión”. Es decir, bastaría con aplicar una de estas soluciones para hacerse con el carbono. “Es un reto porque el gas puede estar muy diluido en el aire, con una concentración media del 0,04%”, señala Giannangeli. La captura directa de las fuentes de combustión se usará, por ejemplo, en la refinería de Petronor de Bilbao, que destinará el carbono a la elaboración de combustibles sintéticos en la planta que Repsol tiene previsto inaugurar en 2024.

Una vez capturado, el CO₂ tiene dos posibles destinos: el uso como materia prima para generar nuevos productos, como combustibles sintéticos con cero emisiones netas, materiales de construcción y polímeros para, entre otros usos, fabricar espumas para asientos de coches y colchones o plásticos para invernaderos; o el almacenamiento geológico, un procedimiento en el que el gas se guarda de forma segura en el subsuelo, “Para ello hay que comprimir y llevar el CO₂ a presiones adecuadas”, indica el experto. “Y después monitorizar su comportamiento y garantizar que el lugar de almacenamiento esté sellado”.

Imagen del Repsol Technology Lab. ARCHIVO REPSOL
Imagen del Repsol Technology Lab. ARCHIVO REPSOLVICTOR GARDE ESCOBAR

Un método, el del almacenamiento geológico, que podría redundar en un futuro comercio de CO₂ en estado líquido, según Giannangeli. “Lo idóneo es identificar lugares donde hay gran generación de carbono, es decir, abundancia de esta materia prima, y yacimientos cercanos donde inyectarlo. Así se minimizaría el transporte”, amplía.

A esta captura aérea se suman otras tecnologías que podrían retirar CO₂ de la atmósfera. Una de ellas es la fertilización de océanos con hierro o nitrógeno, nutrientes que estimulan el crecimiento del plancton para que, a modo de bosque submarino, este absorba carbono. Otra alternativa es la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono, que permite reducir este gas por dos vías: por un lado, las plantas que se utilizan como biomasa capturan CO₂ en su crecimiento; y por otro, cuando esa biomasa se quema para generar energía, se captura el gas para almacenarlo geológicamente.

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