Bienestar social
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Las nuevas dinámicas de las grandes ciudades

Los salarios medios en Madrid y Barcelona son un 30% mayores a los de Valencia o Sevilla

Tomás Ondarra

Según las proyecciones realizadas hace 20 años por la ONU, al comienzo de la próxima década más de dos tercios de la población mundial vivirá en ciudades y un tercio lo hará en 1.400 grandes núcleos urbanos repartidos por el mundo. En algunos países, esas cifras han sido superadas antes de la fecha prevista. En el caso de España, se ha producido un intenso movimiento hacia grandes áreas urbanas, que no solo ha afectado a las zonas rurales, cada vez más despobladas, sino también a un número creciente de municipios de tamaño medio.

Las consecuencias sociales y económicas de este proceso son numerosas y complejas. Destacan, entre ellas, los costes medioambientales, como una polución y un ruido crecientes, diversos problemas sanitarios, entre los que no son menores las enfermedades de salud mental, así como mayores niveles de segregación y desigualdad. Por tanto, es razonable preguntarse cuáles serán los efectos del crecimiento de las grandes ciudades en términos de bienestar social y cuáles son los márgenes de los decisores públicos para establecer políticas que promuevan una mayor calidad de vida en estas áreas. La gran cuestión es cómo conseguir que se viva en las ciudades en mejores condiciones. Tal interrogante no solo afecta a arquitectos y planificadores urbanos, sino que apela también a una mejor comprensión de los fundamentos económicos subyacentes y sus consecuencias.

La evidencia sobre la relación entre el bienestar y el tamaño de la ciudad es limitada. Hay procesos que son simultáneamente causa de la desigualdad de ingresos y consecuencia, a la vez, del desarrollo de la urbanización. Tal fue el caso de la industrialización en los países avanzados, que inicialmente dio origen tanto a un éxodo masivo desde las zonas rurales a las ciudades como a notables aumentos de la desigualdad de ingresos. Algo parecido puede estar sucediendo hoy con la acumulación espacial de las actividades más intensivas en tecnología.

Algunas de las principales causas de la creciente concentración de población en las grandes zonas urbanas son la mayor productividad en ellas de empresas y trabajadores, el dinamismo del mercado de trabajo y la dotación de servicios. Los procesos de aglomeración tienen lugar cuando los trabajadores se trasladan a las áreas con mayor potencial de crecimiento económico, propiciando el desarrollo de mercados más amplios y una localización más atractiva para las empresas. Su llegada puede estimular al alza las remuneraciones e incentivar nuevos desplazamientos de trabajadores hacia esos espacios.

En la mayoría de los países de renta alta existe lo que los anglosajones denominan city wage premium, una prima especialmente elevada para los trabajadores de mayor cualificación y determinadas actividades, sobre todo los servicios financieros y los de mayor contenido tecnológico. La complementariedad entre el capital humano y la mayor dimensión de los mercados refuerza la generación de las llamadas economías de aglomeración y da lugar a que en las grandes ciudades haya una mayor cantidad de trabajadores cualificados mejor pagados que en otros entornos.

Son precisamente las diferencias en la retribución del trabajo, junto a la alta concentración de la riqueza, las que explican en mayor porcentaje la desigualdad en las grandes ciudades, aunque seguimos sin tener un conocimiento preciso de por qué algunos lugares remuneran mucho más la cualificación que otros. El problema se produce cuando esas diferencias son tan elevadas que amenazan la estabilidad social y la propia eficiencia económica.

Los datos disponibles de las dos últimas décadas para los países de mayor renta muestran dos realidades bien definidas: la desigualdad es mayor en las grandes ciudades que en otras áreas y, además, su nivel es también mayor ahora que a comienzos de siglo. Esos resultados se confirman, aunque con matices, en el caso de España. Los salarios medios en Madrid y, en menor medida, Barcelona, son más de un 30% mayores que los de las dos siguientes ciudades más pobladas, Valencia y Sevilla. Sin embargo, en vísperas de la pandemia, según los datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares, la desigualdad era significativamente mayor en la ciudad de Madrid que en el conjunto del país, mientras lo contrario sucedía en el caso de Barcelona.

Es posible que la pandemia haya alterado este retrato, debido a algunas transformaciones importantes. No sabemos todavía, por ejemplo, si el teletrabajo se consolidará como la opción preferente para un segmento no desdeñable de trabajadores, lo que supondría un cambio importante en la necesidad de trabajar en grandes ciudades para obtener salarios mayores, con una posible contención de las citadas economías de aglomeración. Más gente trabajando en casa también supondría una menor demanda de muchos de los servicios que ofrecen las ciudades. Alternativamente, podría darse el proceso contrario, y que una vez terminada la pandemia se retomara la tendencia de crecimiento de las grandes áreas urbanas.

El shock que hemos vivido es, en cualquier caso, una oportunidad para repensar las grandes ciudades y algunos de sus servicios básicos, como el transporte, la educación y la sanidad. La pandemia también ha abierto otras perspectivas sobre las distintas posibilidades para mejorar la calidad medioambiental de estos núcleos mediante nuevas inversiones verdes. Se aunarían así los dos grandes retos de lucha contra el cambio climático y lucha contra la desigualdad. Para afrontarlos debería hacerse un uso eficiente de los nuevos fondos europeos para promover dinámicas más inclusivas y sostenibles en las grandes áreas urbanas.

Luis Ayala es catedrático de Economía en la UNED.

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