El colmado sobre ruedas que triunfa en Soria

La Exclusiva cubre 300 kilómetros a diario para llevar alimentos, ropa o bombillas a pequeñas poblaciones de la España vacía

Sobre estas líneas, Victoria Tortosa, fundadora de la compañía en 2013.
Sobre estas líneas, Victoria Tortosa, fundadora de la compañía en 2013.FRANCIS TSANG

La furgoneta de Victoria es un oasis a domicilio en el desierto demográfico soriano. El vehículo blanco surca un mar de vastos terrenos con pequeños islotes con casas de adobe y los últimos residentes de pueblos condenados al olvido y cuyos habitantes se cuentan con los dedos de las manos. El negocio de logística de Victoria Tortosa se llama La Exclusiva, en homenaje a una línea de autobús que conectaba Soria con Logroño y atravesaba decenas de pueblitos, y su función es repartir productos y cubrir necesidades de aquellos que viven allá donde la tienda bajó la persiana.

El equipo de Tortosa, que tiene entre tres y cinco empleados según el momento, cubre unos 300 kilómetros diarios para llevar alimentos, electrodomésticos, ropa o bombillas y, de paso, brindar conversación a quienes carecen de más compañía que la de sí mismos. La despoblación ha reducido tanto los servicios en Soria y otras provincias demográficamente desangradas que las personas del medio rural, en su mayoría ancianos, no tienen otra forma de llenar sus despensas o sus armarios. Su mapa incluye 518 núcleos en Soria, con 1.500 clientes fijos y hasta 15.000 potenciales.

El procedimiento es sencillo, explica su responsable, que impulsó el proyecto en 2013. La clientela encarga un pedido, ya sea de alimentos o de electrodomésticos o ropa, y la empresa contacta con sus proveedores para comprar los artículos. La Exclusiva vende al año por valor de 400.000 euros y les cobra a los proveedores entre el 6% y el 20% del volumen de ventas. Después, sin coste añadido, deja los encargos casa por casa. Una consigna esencial es que si ya bastantes problemas tienen los residentes en estos pequeños núcleos, no serán ellos quienes les eleven el precio de aquello que podrían adquirir en cualquier gran superficie si eligiesen vivir en la ciudad.

Con una furgoneta se realiza el reparto.
Con una furgoneta se realiza el reparto.FRANCIS TSANG

El éxito de esta idea se nota tanto en la sonrisa de los sorianos como en el reconocimiento de esta labor. La Exclusiva obtuvo el premio Obra Social La Caixa en 2015 por su programa de Emprendimiento Social; un año después, el Ministerio de Agricultura les otorgó el galardón “Excelencia a la innovación para mujeres rurales 2016″. Tortosa muestra un objetivo rotundo: “Que la gente no se tenga que marchar, somos una empresa social que nace para resolver un problema social y ofrecer una oportunidad de que se queden en su pueblo con calidad de vida”.

Crece el valor

La pandemia, que se ha cebado en la población mayor y con Soria, multiplicó el valor de La Exclusiva. Tortosa aplaude que “la sociedad civil” se implicó tremendamente “para que a nadie le faltara de nada” en lugares sin establecimientos cercanos. Mientras la ciudadanía urbana podía permitirse el lujo de atrincherarse entre papel higiénico, en el ámbito rural el problema era directamente acceder a carne, pescado o básicos cotidianos. Incluso la gente les ofreció sus vehículos para llegar a cualquier rincón de esa España vacía de supermercados y con residentes sin facilidades para desplazarse.

Esta mujer soriana, morena y con agenda de ministra, aprecia el cariño de su público y hasta de los gatos que se relamen cuando de la furgoneta aparece una caja verde, de plástico, que con suerte incluirá viandas para ellos. Aquí se produce un trueque: la cesta a cambio de la lista de necesidades para las próximas semanas. La escasez de cobertura e internet implica que tengan que apuntar futuras comandas, pues muchos usuarios tampoco se manejan bien con las tecnologías, que no siempre funcionan.

Tortosa comenta que un sucinto estudio de mercado arroja que el envejecimiento social, la falta de jóvenes con coche —­el 52% de los sorianos vive fuera de la provincia, según el Instituto Nacional de Estadística— y el cierre de las tiendas rurales evidencian la necesidad de un colmado sobre ruedas. Así incluso se garantiza una alimentación variada, pues sin ella no habría forma de que los ancianos comieran pescado.

Los repartidores circulan sobre estrechas lenguas de asfalto entre tierras que para algunos son la nada y para otros lo son todo, aunque año a año pierdan población. Las sinuosas carreteras sorianas y sus angostos puentes dificultan la distribución y exigen máxima atención mientras se repasan las horas convenidas con los compradores y sus encargos. Como los de Adela, en Espejo de Tera (40 habitantes), que recibe la compra en zapatillas de andar por casa. El pelo blanco de la anciana combina con su mascarilla mientras mira cómo, tras un rato de cháchara, llega el “hasta la próxima” de los verdaderamente responsables de que ella y otros tantos puedan seguir viviendo dignamente en sus pueblos.


Sobre la firma

Juan Navarro

Colaborador de EL PAÍS en Castilla y León, Asturias y Cantabria desde 2019. Aprendió en esRadio, La Moncloa, en comunicación corporativa, buscándose la vida y pisando calle. Graduado en Periodismo en la Universidad de Valladolid, máster en Periodismo Multimedia de la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo EL PAÍS.

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