El poder terapéutico de las flores

El sector de la floricultura, de gran peso en la economía de Países Bajos, se recupera rápido del impacto de la covid-19

El mercado de flores más grande del mundo se encuentra en la localidad de Aalsmeer (Países Bajos).
El mercado de flores más grande del mundo se encuentra en la localidad de Aalsmeer (Países Bajos).EMMANUEL DUNAND (AFP via Getty Images)

El cierre de fronteras y el confinamiento de la población decretado por la pandemia dejaron sin aliento durante unos meses en 2020 al sector de la floricultura en Países Bajos, el más importante de la producción agrícola. La mayor subasta mundial de flores cortadas, plantas de interior y de jardín tiene lugar de lunes a viernes en Aalsmeer, cerca del aeropuerto de Ámsterdam-Schiphol, y en 2019 sus exportaciones sumaron 6.200 millones de euros, según Royal FloraHolland, la cooperativa de cultivadores. Al detenerse hace un año el turismo, la hostelería y todo tipo de reuniones y ceremonias públicas, hubo que vender a bajo precio o destruir cargamentos enteros que languidecían en neveras. Sin embargo, el balance final de 2020 fue bueno, con unas exportaciones de 6.000 millones de euros, una cifra llamativa que demuestra que el colectivo ha resistido bien. En gran parte, debido a que el consumidor ha llenado sus casas de “verde”. Al final, la venta al exterior de flores y plantas, además de bulbos y árboles, supuso unos ingresos de 9.500 millones de euros en 2020. El 10% del total de las ventas agrícolas del país.

Esta última cifra ha sido calculada por la Oficina Central de Estadística y la Universidad de Wageningen, y constata que la recuperación se está superando con nota. Más de 25.000 personas trabajan en Países Bajos en la floricultura, y los especialistas del banco Rabobank estiman que las exportaciones pueden llegar hasta 8.000 millones de euros para 2027.

En el caso de flores y plantas, la evolución durante el coronavirus ha podido seguirse también a través de las encuestas efectuadas por el Flower Council of Holland. Es el organismo encargado de su promoción entre los consumidores de Países Bajos, Alemania, Francia y el Reino Unido, y efectuó sendas consultas entre 2020 y 2021. En una primera fase, del 5 de octubre al 12 de noviembre de 2020, recabaron la opinión de un total de 1.662 ciudadanos entre 18 y 70 años de los cuatro países. Una segunda llamada se llevó a cabo entre el 15 de febrero y el 23 de marzo de 2021, sobre un total de 1.683 personas de las mismas nacionalidades y edades. Una vez comparados los resultados, los analistas llegaron a la conclusión de que, en ambas olas de la pandemia, un 60% de la población sondeada consideraba que “tener flores o plantas en el hogar es más gratificante durante el confinamiento”. Los franceses eran los más proclives a atribuir a la flora adquirida poderes terapéuticos en tiempos de coronavirus. Por otra parte, 4 de cada 10 personas —en especial en el Reino Unido y de nuevo en Francia— “cuidaban mejor de plantas y flores en estos tiempos difíciles”, señala el estudio. En junio del año en curso, una nueva medición confirmó la importancia de ambas en combinación con el teletrabajo, así como el aumento de su envío a domicilio.

Las floristerías son famosas en Países Bajos y suelen exponer sus productos en la calle ocupando parte de la acera, que rebosa así de colores. Sin embargo, los centros de jardinería tienen un gancho especial para el consumidor nacional. Son viveros, a veces de gran tamaño, donde se puede ver y tocar el producto, tomar medidas de lo que encaja en casa y llevárselo luego. Es un ejercicio truncado durante meses por la crisis que ha propiciado el refuerzo de la venta digital. Del total de los consumidores consultados en la misma encuesta, “un 23% encargaron por primera vez flores online, y un 24%, plantas, tanto en floristerías como en viveros”.

Según Monique Kemperman, gerente de campañas en el Flower Council of Holland, al principio de la pandemia la gente tenía mucho cuidado por la incertidumbre asociada al trabajo y el salario. “Compraban menos, pero luego vimos que gastaban de otra manera al estar metidos en casa, y ello benefició a la industria. Aunque ya se hacían encargos digitales antes, durante un tiempo no se podía exportar tanto y los envíos a domicilio mantuvieron las ventas. Afortunadamente, la exportación remontó enseguida y ha continuado creciendo”, explica al teléfono.

En abril de 2020, el Gobierno holandés destinó un fondo de ayuda de 600 millones de euros para sostener a la industria de la floricultura. No solo era preciso compensar las pérdidas, sino evitar nuevos desembolsos de transporte y embalaje, ante la evidencia de que algunas empresas habían perdido hasta el 90% de sus ventas. “Ha sido una ayuda muy importante porque ha permitido que los cultivadores siguieran adelante durante el periodo de encierro. Había gran incertidumbre, y en los meses malos han podido contener los gastos y ahora disponemos de esas flores y plantas”, indica Michel van Schie, portavoz de Royal Flora Holland, en conversación telefónica.

El valor de las rosas

El apoyo fue esencial, pero la prueba de que la recuperación ha sido más rápida de lo esperado “es que solo se han utilizado cerca de 200 de los 600 millones presupuestados por el Ejecutivo”. Sus datos señalan que este septiembre ya puede hablarse “de un mercado normal, no como el de la primera parte del año”. Van Schie recuerda que en el peor momento, a mediados de marzo de 2020, “hubo que destruir millones de flores. Pasada una semana, dijimos a los cultivadores que representamos [unos 5.500] que solo podían aportar a la subasta de Aalsmeer el 30% de su producción. No había demanda”. Los problemas se agudizaron por la reducción del transporte aéreo. Hay rosas —la flor más vendida— que llegan de África en la bodega de aviones comerciales y no había vuelos. “Y en el mercado ruso, por ejemplo, las rosas son muy importantes”, explica.

La subasta de Aalsmeer es ya digital para los profesionales, que pujan por el precio más bajo desde sus ordenadores allí mismo. También lo hacen a distancia desde sus respectivos países. “El comprador puede escoger el mejor producto y, si hay algún problema de calidad, podemos penalizar”. ¿Cómo? “Si es preciso, poniendo al vendedor a la cola al día siguiente”, apunta Van Schie. Las flores, llegadas también de América Latina o Israel, sí se llevan a la subasta para que salgan desde allí hacia sus respectivos destinos. En 2020, Alemania fue el primer cliente, con 1.600 millones de euros de gasto en flores y plantas. Luego aparecen el Reino Unido, Francia, Polonia y Bélgica. España fue el importador número 13, con 97 millones de euros.

Las flores cortadas tienen también su cuadro de honor, y las rosas son el objeto de deseo por excelencia. Le siguen crisantemos, tulipanes, lirios y gerberas. Las orquídeas de diversos colores dominan las plantas de interior. Y para el jardín, lavanda, eléboro negro (también llamado rosa de Navidad) y hortensias. Pero lo importante sigue siendo la rosa. Sobre todo si es roja, su tallo mide por lo menos 70 centímetros y se acerca San Valentín.

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