Matthew Benham, el banquero que golea en la Premier League

El exvicepresidente de Bank of America hizo fortuna con las apuestas y gracias a las estadísticas ha llevado al Brentford inglés a lo más alto

Matthew Benham, tras en un partido entre el FC Midtjylland, de su propiedad, y el Copenhaguen, el pasado septiembre.
Matthew Benham, tras en un partido entre el FC Midtjylland, de su propiedad, y el Copenhaguen, el pasado septiembre.Lars Ronbog (FrontzoneSport /Getty Images)

El personaje más enigmático y peculiar de la liga inglesa de fútbol, la mundialmente famosa Premier League, es Matthew Benham, un hombre poco amigo de salir en los medios y que ha triunfado en el fútbol aplicando las mismas técnicas de análisis matemático que le hicieron rico con las apuestas. Benham se graduó en Física en Oxford en 1989, pero no se dedicó a la ciencia, sino a las finanzas. En los años noventa se movió en el mundo de los fondos de inversión y trabajó en el Bank of America, donde llegó a alcanzar el nivel de vicepresidente.

Con el cambio de siglo, dejó las finanzas para trabajar en la compañía de apuestas Premier Bet junto a Tony Bloom, un carismático jugador profesional de póquer. Acabaron mal, y Benham decidió que su futuro estaba en las apuestas, sí, pero como jugador y como patrón, no como empleado. En 2004 fundó su propia compañía, Smartodds, dedicada a la investigación de análisis estadístico para proveer de datos a sus clientes, apostantes. Con el tiempo se haría también con el control de Matchbook, proveedor de intercambios de apuestas por internet.

Pero la vida de Matthew Benham empezó a tener interés para el gran público cuando en el año 2007 decidió otorgar un préstamo de 700.000 libras (825.000 euros al cambio actual) al Brent­ford FC, su equipo de toda la vida y el único en Londres que era propiedad de los socios. Acababa de descender a la cuarta división y estaba en ese momento amenazado con la bancarrota. En 2012, los socios, entusiasmados con el dinero de Benham, decidieron que lo mejor era que, en lugar de devolver el préstamo, él se quedara con el club.

Su proyecto no era meramente salvarlo, sino transformarlo de arriba abajo aplicando técnicas de análisis de datos similares a las que utiliza en sus dos compañías de apuestas. El verano pasado, el Brentford FC consiguió volver a la división de oro del fútbol inglés por primera vez desde 1947. En su debut en la Premier tumbó (2-0) al famoso Arsenal, en septiembre arrancó un fabuloso empate (3-3) al temible Liverpool y hace dos semanas asfixió durante la segunda parte a los actuales campeones de Europa, el Chelsea, aunque acabaron perdiendo (0-1).

La aventura de Matthew Benham en el Brentford evoca una palabra mágica: Moneyball, el título del libro y la película homónima (protagonizada por Brad Pitt en 2011) que relata cómo Billy Beane echó mano de la estadística para transformar el modesto Oaklands Athletics en uno de los mejores equipos de béisbol de la época en Estados Unidos. Es un paralelo que a Benham no le gusta porque “Moneyball es un término que se malinterpreta”. “El béisbol lleva 100 años obsesionado con las estadísticas. La idea de Moneyball no buscaba utilizar cualquier estadística del pasado, sino utilizar las estadísticas como un ejercicio académico y científico para ver cómo estas en realidad pueden ayudar a predecir cosas”, declaró una vez en una conferencia comercial de su empresa Match­book. Y precisó que no basta con las estadísticas y que hay que tener en cuenta también el contexto y que a un jugador hay que verle jugar antes de ficharlo, no solo leer sus datos.

En 2014 compró un modesto equipo danés, el FC Midtjylland, para utilizarlo como laboratorio de pruebas del Brentford, y ya ha ganado tres veces la Superliga de Dinamarca. Ha cerrado la cantera del Brentford y la ha sustituido por un equipo B con jóvenes jugadores a los que garantiza 35 partidos amistosos al año durante dos temporadas porque cree que eso es lo necesario para calibrar estadísticamente el futuro de un futbolista. Los que valen van al primer equipo.

Es un sistema que no solo beneficia al club deportivamente, sino financieramente. El Brent­ford adquirió a tres jugadores desconocidos (Said Benrahma, Ollie Watkins y Neal Maupay) por un total de 7,1 millones de euros y acabó vendiéndolos por casi 90 millones.

Cambios drásticos

Su tesis es que el análisis estadístico de los indicadores clave de rendimiento es la mejor garantía para predecir el éxito a largo plazo de un jugador, de un equipo y hasta de un entrenador. El que ascendió al Brentford de tercera a segunda, Mark Warburton, fue despedido por no acatar ese principio. Y así lo dejó claro el club, que explicó en un comunicado que a partir de ese momento, en lugar de un manager al cargo de todo, habría un director deportivo y un entrenador jefe (head coach), y también “una nueva estructura en los fichajes que utilizará una combinación de ojeadores tradicionales y otras herramientas, incluidos modelos matemáticos”.

Uno de los factores clave en esos modelos matemáticos son los llamados “goles esperados”, o xG. Se trata de predecir las posibilidades de marcar goles que tiene un futbolista analizando una serie de variables: la distancia a la que está la portería en el momento del remate; el ángulo de tiro; si la oportunidad se produce en juego abierto, a balón parado, en contraataque…; qué tipo de asistencia ha generado el remate; con qué parte del cuerpo se ha rematado, etcétera.

El Brentford no gana dinero por su actividad ordinaria. El ejercicio de 2018-2019 se cerró con unas ganancias de 20 millones de libras gracias a la venta de jugadores. En el de 2019-2020, marcado por la covid, perdió más de 10 millones. Benham, que al cierre de 2020 había invertido en el club 103 millones de libras de su bolsillo, no tiene prisa. Sabe que, como en sus empresas de apuestas, los beneficios llegan al cabo de unos años. El ascenso a la Premier es un primer paso: el club recibirá unos ingresos de 300 millones de libras en cuatro años. Un buen pellizco para un club que apenas recauda 14 millones por su actividad ordinaria. Pero nada es ordinario en el mundo de Matthew Benham, el exbanquero que apostó por las apuestas.

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