La madre que diseñó los zapatos de su hijo y hoy factura seis millones de euros

Zapato Feroz, fundada por Laura García, diseña y produce calzado que acompaña el desarrollo del pie de los bebés

Laura García, fundadora de la empresa Zapato Feroz.
Laura García, fundadora de la empresa Zapato Feroz.

Llegaron los primeros pasos de su hijo y Laura García, con vasta experiencia como diseñadora en la industria, no encontraba calzado para él que le convenciese. “Supongo que como a un piloto de avión le da miedo no estar a los mandos, a mí me daba miedo ponerle esos zapatos”, recuerda. Así que decidió crearlos ella misma. Hoy, su pequeño ya va a primaria y Zapato Feroz, la empresa que surgió de aquel primer diseño, ha facturado seis millones en lo que va de año.

En 2016, García, que llevaba casi dos décadas trabajando en el sector para marcas reconocidas, hizo los primeros diseños como alternativa a lo que encontraba en el mercado: “Veía que no eran buenos para esto, no venían buenos para lo otro… Y no encontraba de verdad lo que yo quería”. Comenzó a producir a través de sus contactos y a compartirlos con otras madres que, a su vez, hacían lo propio con otras madres, y así sucesivamente. “Empezó a crecer de manera exponencial, de manera orgánica”, cuenta la fundadora y diseñadora de producto.

Los dos primeros años de Zapato Feroz transcurrieron como un proyecto que García, de 43 años, y su marido, Héctor Nebot, cofundador y director de tecnología, compaginaban con sus respectivos empleos. “Yo al principio no quería dejar mi trabajo, decía: ‘¿Cómo voy a dejar esto, poner todos los huevos en la misma cesta?”, rememora. En 2019, sin embargo, ante el crecimiento de la compañía, apostaron por dedicarse en exclusiva a ella.

“A lo mejor nuestro éxito ha sido que esta empresa ha nacido poco a poco y sin prisas”, relata García sobre aquella etapa. “Al principio era un producto de cercanía, los fabricaba aquí cerca de mi casa, yo compraba las materias primas… Al dedicarnos al 100%, decidimos invertir y profesionalizarlo, hacer el mejor zapato que yo tenía en la cabeza”, rememora esta canaria asentada en Valencia desde hace más de 20 años.

Ese zapato, cuenta, simula la experiencia de andar descalzo, tiene suelas finas y ligeras, su construcción es muy flexible, no limita ningún tipo de movimiento y fomenta la autonomía. “Unimos lo que yo sabía de calzado, de producción, de materiales, para llegar a obtener un zapato que acompañara, que no alterara el pie ni en forma ni en sensación”.

Todas estas características y la necesidad de conocer bien el producto requerían para García trabajar con un único proveedor, por lo que uno de los principales retos fue dar con el compañero ideal. “En 2020 encontramos la fábrica perfecta e hicimos un contrato de colaboración. Y ahí empezó nuestro crecimiento exponencial”, relata.

La factoría, que está en Portugal, quedó en manos de los trabajadores, que viendo el potencial de la propuesta de García decidieron comprarla cuando la multinacional a la que pertenecía quiso venderla. “La gran ventaja del mercado actual es que cada vez es más complicado trabajar en Asia, y ahora mismo las fábricas de calzado, tanto de Portugal como España, están llenas de grandes marcas que han tenido que regresar. Y nosotros nos hemos asegurado la producción y hemos conseguido un socio para poder crecer”.

El 90% de sus ventas corresponde al canal online y el 10% a zapaterías y tiendas de crianza. La compañía siempre ha buscado crecer de manera orgánica y, dice García, es rentable desde el primer día. En los últimos meses, tras su incorporación a la aceleradora Lanzadera, cuenta, han reforzado la parte empresarial de su proyecto. “Nosotros sabíamos mucho de zapatos, de valores que queríamos inculcar a la marca, pero sabíamos poco de empresa”, dice. El equipo de Zapato Feroz está formado por siete personas y en lo que va de año ya han superado la facturación total del ejercicio anterior.

Sobre lo que vendrá, García habla de la construcción de una tienda física conceptual en la que están trabajando y que albergará las oficinas de la compañía en una parcela de 1.600 cuadrados en el bosque. “Es un proyecto muy chulo, diseñado como un pueblo para los niños”, cuenta. “Al final todo nuestro producto, como nuestra atención al cliente, como nuestros valores, van enfocados a la infancia y a crear una infancia saludable”.

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