Laurent Simons, un graduado en Física de 11 años

El niño superdotado se ha graduado en la universidad belga de Amberes y, pensando en sus abuelos, quiere crear órganos para sustituir a los que fallan

Laurent Simons en una clase de su universidad, en una imagen cedida por la familia.
Laurent Simons en una clase de su universidad, en una imagen cedida por la familia.

Laurent Simons se asoma a la pantalla del ordenador y contesta la videollamada con un alegre “hola”, para luego aclarar, entre risas, que es lo único que sabe decir en español. Tiene 11 años, es superdotado y acaba de graduarse en Física en la Universidad Belga de Amberes. Es una carrera que requiere tres años de estudio, pero él la ha terminado en uno, desde su casa por las restricciones impuestas por el virus y summa cum laude, con una nota media de 9.

En el futuro, se propone producir órganos artificiales en laboratorio, para cuando fallen los naturales, por una razón bien sencilla: sus abuelos tienen problemas de corazón y le parece que así ayudará a otros niños a conservar a sus mayores durante mucho tiempo. Lo llama “inmortalidad” y no le parece un proyecto imaginario sino una cualidad tangible, aunque no sabe todavía cómo lo conseguirá. Sí está seguro de que nada es imposible. Que todo se puede lograr y que hay que intentarlo, y para ello necesita reunir muchos conocimientos. Por ejemplo, sobre física cuántica, que es el tema en el que piensa profundizar durante el máster (otros dos años) y en una futura tesis doctoral.

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Aficionado a los superhéroes de los cómics estadounidenses publicados por Marvel, a Laurent le gusta también el supervillano Loki: el hermano adoptado de Thor, su enemigo a veces, y antihéroe otras, interpretado en el cine y la televisión por el actor británico Tom Hiddelston. “He visto Loki, la serie televisiva, durante la pandemia y es muy buena”, asegura entre risas, en el curso de la videoconferencia efectuada desde Amberes, donde reside con sus padres, Lydia y Alexander. Ambos son dentistas. Están en la misma habitación durante la charla, pero el niño habla por su cuenta y ellos no aparecen en pantalla.

Cuando se refiere a sus estudios —diseñados a su medida para que siga los cursos por su cuenta presentándose luego a los exámenes— Laurent afirma con aplomo que con su bachelor en Física (nombre que reciben sus estudios en Bélgica) “tienes unos conocimientos básicos”. “Pero yo quiero profundizar en la física cuántica [rama de la ciencia que estudia el mundo de lo más pequeño, las moléculas, los átomos y sus componentes]”, explica. Añade que con muchos saberes “puedes descubrir nuevas cosas e ideas y también puedes combinarlos”. “Eso es lo que quiero”, resume.

Cuando se refiere a sus amigos, la cosa cambia. Tienen su edad y con ellos no habla de ciencia. “Nos dedicamos a jugar en el ordenador, a ver películas todos conectados a la vez, algo que hemos hecho más a menudo debido al coronavirus, porque no podíamos vernos en persona”, explica.

Prefiere los libros científicos a las novelas, y también le gusta hacer cosas al aire libre, entre otras, “montar a caballo con una amiga y conducir un kart”. La universidad y su círculo personal son mundos que circulan paralelos en su vida cotidiana. Sus amigos son de su misma edad y actúan como tales. En la facultad de Física ha tenido contacto con los profesores y, cuando ha sido posible, ha acudido al laboratorio para algunos experimentos. Le falta relacionarse con sus compañeros de clase, algo que la pandemia ha coartado y es también un tipo de trato que prefiere no impulsar. “Yo soy un niño de 11 años, y ellos tienen 18 o más. No sé cómo me relacionaría, así que prefiero trabajar por mi cuenta”, explica. Lo que no le molesta es la atención mediática que recibe. Dice que le halaga, sin más.

Ingeniería Eléctrica hasta 2019

La primera parte de la carrera académica de Laurent se desarrolló en los Países Bajos, en la Universidad Técnica de Eindhoven. Allí estudió Ingeniería Eléctrica hasta 2019, cuando una disputa entre sus progenitores y el rectorado le llevó a abandonar el centro. Estaba a punto de graduarse como el primero del mundo de su edad —a los nueve años—, pero sus profesores preferían que esperase a mediados de 2020, porque, según dijeron, “ir tan deprisa no es bueno para su desarrollo intelectual”. Sus padres persistieron, y la universidad dio así su opinión en un comunicado publicado en su página de web: “Nosotros pensamos que [Laurent] se beneficiaría de la continuidad para que su talento especial pueda desarrollarse bien en el futuro, pero el padre ha decidido no aceptar ese calendario y le ha dado de baja. Lo sentimos”.

En un correo electrónico remitido después de esta entrevista con su hijo, Alexander y Lydia Simons afirman que dejaron Eindhoven “por falta de confianza”. “Sentimos que el comportamiento del centro cambió cuando anunciamos que nos marcharíamos para que Laurent siguiera adelante en otro lugar”. Añaden que es un capítulo cerrado, aunque saben “que circulan versiones incorrectas de lo sucedido”. A los retos de criar a un hijo con altas capacidades se había sumado un conflicto de intereses, y la situación se resolvió en la Universidad Belga de Amberes. Allí, el decano de la Facultad de Física, Nick Schryvers, reconoce al teléfono que es un caso muy especial. Lo han solventado a base de “seleccionar los cursos que necesitaba, porque venía de la ingeniería electrónica, para ver cómo se le proporcionaba la información necesaria. Cuando él está listo, hace el examen”.

La covid-19 ha confinado en sus hogares a la población estudiantil belga y Laurent tampoco ha acudido a las aulas. Él dice que le ha venido bien recibir la grabación de las clases que llegaba al resto de los alumnos, y Schryvers admite que tienen que pensar cómo será el máster que ya prepara. “Es la primera vez que tenemos un alumno tan joven. Tal vez nos lleguen con 17 años, incluso 16, pero no más jóvenes, y creemos que el contacto con otros estudiantes puede ser relevante para Laurent. Es muy maduro en su forma de razonar y la diferencia de edad es evidente, pero se pueden relacionar desde el punto de vista de lo que aprenden, no tanto a escala vital”, apunta.

De momento, Laurent espera que sus padres reciban la vacuna contra el coronavirus. “A ver si podemos viajar a Marbella, donde tenemos una casa”, dice. Luego quiere seguir con “el gran rompecabezas con muchas piezas” que debe completar para llegar a “la inmortalidad” que busca, pensando en sus abuelos.

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