El democrático colegio de Cabezón de Pisuerga

Una escuela pública de un pueblo pequeño de Valladolid gana un concurso internacional gracias a los valores de sus programas educativos

El colegio público Melquiades Hidalgo, en Cabezón de Pisuerga, Valladolid, este curso.
El colegio público Melquiades Hidalgo, en Cabezón de Pisuerga, Valladolid, este curso.EMILIO FRAILE

Una visita a la escuela pública Melquíades Hidalgo, en Cabezón de Pisuerga, un pueblo vallisoletano de algo más de 3.700 habitantes, confirma lo que rezan algunos carteles de sus paredes: “Mi cole mola”. El centro lo decoran proyectos realizados por los alumnos, uno de sus pasillos se llama “calle de la Solidaridad”, los baños se hallan en la “plaza de las Alianzas” y el programa educativo ha recibido un reconocimiento del que presumen nada más cruzar las puertas. El proyecto Déjame que te cuente, que lleva a todos los cursos enseñanzas en tolerancia y valores con actividades inmersivas, ha logrado el premio de Derechos Humanos de la Fundación SM junto a la Organización de Estados Iberoamericanos (OIE) para la Educación. Cabezón ha competido con colegios de 22 países iberoamericanos.

La mejor forma de comprobarlo consiste en juntar a varios de los 320 chavales que tiene ese centro, de sexto de Primaria y en un examen improvisado en las escaleras del centro. Hugo Parra, Olivia Gil, Samuel Martín y Adrián Burón, de entre 10 y 12 años, están encantados y explican la iniciativa ante la mirada de la directora del Melquíades Hidalgo, Elena Román, y de la coordinadora del proyecto, Arancha Vilar. Gil toma la palabra y describe un ejemplo de Derechos Humanos violentados: “Los talibanes no dejan que las mujeres vayan al colegio y no tienen el derecho a la igualdad de género”. Su compañero Burón hace reír a las adultas alabando ese “colegio tan genial” al que ellos tienen la suerte de poder asistir, no como los menores de muchos países del mundo sin acceso a la educación. Martín resume que “todos somos iguales y tenemos los mismos derechos”, mientras que Parra expone el “orgullo” de sus padres a quienes “les da mucha alegría” que se les impartan estos conocimientos.

Una pared del colegio.
Una pared del colegio.EMILIO FRAILE

El centro triunfa, según Mayte Ortiz, directora de la Fundación SM, porque “promueve el aprendizaje mediante la participación y el protagonismo activo que asumen las niñas y niños del centro en un aprendizaje vivencial”. Ortiz ensalza que el proyecto Déjame que te cuente se ejecuta en todos los cursos y se adapta a la edad del alumnado para transmitir valores gracias a un “catálogo seleccionado de literatura infantil”. También ha gustado que las prácticas se hayan implantado hondamente y que los docentes dispongan de metodologías y espacios adaptados con un “profundo trabajo de planificación”. El reconocimiento, coordinado entre la Fundación SM y la OIE para la Educación, la Ciencia y la Cultura, se falló en Chile el pasado 14 de septiembre y supuso un alegrón en el Melquíades Hidalgo, a miles de kilómetros.

Vilar precisa que el modelo educativo instalado en el centro se aplica en cualquier instancia, desde la filosofía del recreo hasta los ejercicios escolares: “En Matemáticas los problemas se hacen con datos de estadísticas de pobreza o de personas que viven en los continentes en lugar de con ejemplos de peras, manzanas o chocolatinas”. El cuarteto de alumnos exclama que en el libro de inglés cazaron “un micromachismo” que los hizo enfadar: “Los niños tenían que elegir aficiones entre ajedrez, andar y sudokus y las chicas entre bailar, música o lectura”. El premio recibido supone 5.000 euros que se reinvertirán en más recursos, como los fondos recabados de más galardones obtenidos por su compromiso educativo. El galardón ha reconocido el empeño por un “aprendizaje vivencial y la formación en valores”, pues “se han promovido y adaptado actividades adecuadas a las edades de los alumnos, que se desarrollan además a lo largo de todo el año escolar, y de forma interdisciplinaria”. Asimismo, logra la involucración de las familias, así que “impacta e incide de forma sistémica e integral en toda la comunidad educativa”.

“Es una propuesta que involucra a todo el claustro, lo que hace evidente el profundo trabajo de planificación, la adaptación de espacios de formación específicos para las actividades, y la implementación de metodologías como el aprendizaje-servicio y aprendizaje basado en competencias”, señala la Fundación SM, algo que se aprecia solo con transitar por los pasillos y hablar con las docentes, que aplauden las ganas de un claustro estable y motivado con esta metodología, que se activa con bloques. Primero, se incluyen actividades comunes que atañen a toda la comunidad educativa. Segundo, que cada curso tenga actividades específicas. Tercero, la formación para darle competencias al profesorado.

Recreos más diversos

La alumna Olivia Gil agradece que en el colegio se estén fomentando en el recreo actividades alternativas a los clásicos partidos de fútbol que, según la directora, se convierten en una especie de guerrilla “a muerte” en la que un balonazo una vez le hizo perder el sentido. La joven vallisoletana señala que a ella y sus amigas les gusta el balonmano y que poco a poco consiguieron un reparto más equitativo de los espacios. Para ello las clases disponen de un “consejo educativo” en el que los delegados representan a sus colegas y hacen llegar a dirección las quejas o sugerencias de los escolares, lo cual les permite descubrir los “valores democráticos” y el “diálogo”. Una de estas reclamaciones iba contra el abuso del fútbol, de ahí que se impulsaran alternativas con gran aceptación.

El colegio Melquiades Hidalgo.
El colegio Melquiades Hidalgo.EMILIO FRAILE

Román ensalza que esos consejos escolares sirven para “cultivar el espíritu crítico, es la única manera de crear agentes de cambio”. Este entusiasmo general hacia la filosofía del Melquíades contrasta con un rostro que esconde un berrinche en el patio. Un niño que luce el chándal del Fútbol Club Barcelona refunfuña, dramático: “No nos dejan jugar al fútbol”.

—¿Y qué te parece?

“Mal”, responde, aunque al segundo se le olvida la pataleta, recobra la ilusión y sale escopetado hacia la zona de los bolos. Le toca a él.

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Sobre la firma

Juan Navarro

Colaborador de EL PAÍS en Castilla y León, Asturias y Cantabria desde 2019. Aprendió en esRadio, La Moncloa, en comunicación corporativa, buscándose la vida y pisando calle. Graduado en Periodismo en la Universidad de Valladolid, máster en Periodismo Multimedia de la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo EL PAÍS.

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