El acento
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La prepotencia de Aguirre

El ataque extemporáneo de la expresidenta a los agentes de tráfico es un mal negocio para su partido

SOLEDAD CALÉS

Lo mínimo que cabe pedir a un servidor político es que acate  la ley con templanza y ejemplaridad. El pasado jueves, la conducta de Esperanza Aguirre, expresidenta de la Comunidad de Madrid y presidenta del PP madrileño, fue todo lo contrario: exaltada e incívica. Y no tanto por aparcar mal en el carril del bus de la plaza de Callao para sacar dinero de un cajero; es una infracción en la que incurre cualquier urbanita. Una (mala) costumbre local, por decirlo así. Luego vino lo peor: la actitud despectiva de la expresidenta hacia los agentes de Movilidad que le impusieron los 200 euros de multa (“¿Qué, multita y bronquita, no?”), la huida del lugar de los hechos, en contra de la orden de los agentes, durante cuyas primeras maniobras derribó una moto policial, y la persecución de los agentes al vehículo de la infractora durante varias calles hasta que se ocultó en su garaje y utilizó a guardias civiles de su escolta para negociar “un parte amistoso”. La versión de los agentes burlados tiene, como explicó ayer la alcaldesa de Madrid, “presunción de veracidad”.

Y después llegó lo pésimo. La expresidenta madrileña se ha prodigado en justificaciones que agravan el incidente. Asegura que “querían mi foto con siete agentes en Callao para Al Jazeera o el New York Times”, sin caer en la cuenta de que con su huida ha inflado más titulares que la aceptación humilde de la multa y ha provocado un tsunami hostil en las redes sociales. Mal negocio para su partido. Según la versión de Aguirre, el coche “le ha dado” a la moto, como si tuviese voluntad propia; y ha calificado las declaraciones de los agentes (quienes, por cierto, la han denunciado por desobediencia a la autoridad) como “mentira, prepotencia y machismo”. El subterfugio de envolverse en una bandera (en este caso, el feminismo) está demasiado gastado para que sea creíble en un episodio de infracción de tráfico.

Frente a este ataque extemporáneo a la autoridad, las disculpas formales ofrecidas carecen de credibilidad. Los afiliados madrileños al PP sabrán si quieren estar representados por Esperanza Aguirre. De lo que no hay duda es de que comportamientos como el suyo son impropios de un responsable político consciente de su papel.

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