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Ahora que ya nadie escribe cartas

El blog 'Letters of Note' acumula unas 1.200 cartas escritas por personajes históricos. Un nuevo libro recoge 125 de ellas

El actor Matthew Macfadyen, en una escena de Orgullo y prejuicio (Joe Wright, 2005).
El actor Matthew Macfadyen, en una escena de Orgullo y prejuicio (Joe Wright, 2005).Age fotostock

El inglés Shaun Usher tiene 36 años, y de pequeño nunca escribió cartas. Las enviadas a sus abuelos para felicitarles la Navidad no cuentan: eran una imposición paterna. Ni siquiera al amigo por correspondencia que tuvo en el colegio le escribió una. Pero hace 12 años conoció a su actual mujer. “Y dos semanas después de empezar a salir ella se fue a Salamanca a estudiar. Íbamos a estar separados 10 meses y tomamos la decisión de seguir en contacto solo por carta. Nos enamoramos a través de ellas”, relata en una visita reciente a Madrid. “Fue el mejor de los comienzos. Compartimos cosas que no creo que hubiéramos puesto por escrito en un correo electrónico”. Después se enamoró de las cartas. Hace cinco años trabajaba de redactor publicitario y tenía que resolver un encargo para una empresa de papelería. Usher pasó tres días en la biblioteca, documentándose: buscó inspiración en cartas escritas por “maestros epistolares” como Mark Twain o Jane Austen. Y la encontró, pero no para su cliente, sino para fundar el repositorio online Letters of Note, donde se acumulan en torno a 1.200 cartas escritas por Iggy Pop, Virginia Woolf, Albert Einstein, Fidel Castro o Dorothy Parker. Ciento veinticinco de ellas ahora forman parte del libro Cartas memorables (Salamandra).

Al principio, recuerda, su método de búsqueda se limitaba a escribir en Google “Woody Allen + cartas”. “Ahora, en cambio, tengo una red de archiveros y comisarios en museos y editoriales de todo el mundo”. Cuenta entusiasmado que, justo antes de enviar a imprenta el libro, había dado, por fin, con una carta de Stephen King. “Solo sabía que la había escrito antes de ser famoso y que era sobre una tormenta de nieve”. La búsqueda duró un año. “Hubo una gran tormenta donde él vivía, en esa época él era periodista, y escribió una carta en la que la describía. Es increíble, muy intensa”, asegura.

La favorita de los lectores de Letters of Note –que recibe en torno a dos millones de visitas al mes– es la enviada por un esclavo a su antiguo amo. Jourdon Anderson tuvo que dictar la respuesta a Patrick Henry Anderson, que le pedía, desesperado, que regresara a la plantación en la que había servido durante 32 años: tenía que ayudarle a salvar un negocio en apuros. “A las 24 horas de colgarla la habían leído tres millones de personas”. La de Usher, en cambio, es la que remitió Robert Pirosh a los estudios de Hollywood para conseguir trabajo de guionista. Me gustan las palabras solemnes, angulosas, chirriantes, como mojigato, cascarrabias, pecuniario, perfunctorio. “Es una lectura deliciosa”.

Ahora que ya nadie escribe cartas, Usher espera trasladar a sus hijos –los únicos destinatarios de las suyas– su valor. “Cuando escribes un correo electrónico tu estado mental es distinto que cuando te sientas a escribir una carta: eres más sincero. Después de leer todas esas misivas he aprendido que todos somos iguales. En los momentos privados manifestamos las mismas preocupaciones”.

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