Tribuna
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Estados Unidos independiente

Lo más preocupante es el riesgo creciente de conflicto entre Washington y Pekín

Xi Jinping, presidente de China, durante un acto en Santiago de Chile, en noviembre de 2016.
Xi Jinping, presidente de China, durante un acto en Santiago de Chile, en noviembre de 2016. Luis Hidalgo (AP)

La independencia es el principio fundamental de Estados Unidos. George Washington aconsejó a los futuros dirigentes de su país que no se involucraran en problemas extranjeros, Wilson y Roosevelt evitaron todo lo posible entrar en las guerras mundiales, y otros presidentes posteriores han respondido a las agresiones del exterior “en el momento y el lugar que decidamos”. El presidente electo Donald Trump acaba de proclamar una nueva forma de independencia. que seguramente transformará la política exterior estadounidense. Cada enero, en Eurasia Group publicamos nuestra lista de los mayores riesgos mundiales en el año que empieza. Para 2017, hemos considerado que el máximo riesgo es, por muchas razones, “Estados Unidos independiente”.

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Trump hizo campaña con la promesa de “hacer América grande otra vez”, pero también de pensar ante todo en Estados Unidos, lo cual equivale a rechazar la idea central de su política exterior desde 1945: ser el líder mundial indispensable. Muchos, que no confían en Washington, se alegrarán de ello, pero el cambio significa tener relaciones puramente transaccionales. “¿Queréis la ayuda de Estados Unidos? Dad algo a cambio. ¿Queréis su protección? Dad algo más”. Trump subraya que la única superpotencia del mundo dedicará sus recursos exclusivamente a defender sus intereses, sin tener en cuenta las consecuencias para todos los demás. Pretende revisar todos los tratados y alianzas sobre seguridad, comercio y clima.

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No se trata de aislacionismo. Trump utilizará el poder de Estados Unidos con mucha menos cautela que Obama. Se trata de un unilateralismo extremo, derivado de su convicción de que otros Gobiernos invocan los lazos tradicionales y los valores comunes para aprovecharse de los contribuyentes estadounidenses. Por desgracia para todos, tendrá que aprender a base de cometer errores. Es el primer presidente de Estados Unidos que nunca ha estado en el ejército ni en un cargo público. Sabe poco del mundo.

El país más poderoso está a punto de ser mucho más imprevisible. En Europa, el apoyo condicional de Trump a la OTAN, su preferencia por la Rusia de Putin y su afinidad política con los populistas eurófobos dejará la alianza transatlántica más débil desde los años treinta. En Oriente Próximo, la revolución energética de Estados Unidos ha disminuido su interés por las rivalidades en la región. La desconfianza de Trump hacia Naciones Unidas y el Banco Mundial perjudicará su labor.

El país más poderoso está a punto de ser mucho más imprevisible

Lo más preocupante es el riesgo creciente de conflicto entre Estados Unidos y China. El presidente Xi Jinping utilizará la declaración de independencia de Trump para promover sus intereses de seguridad en toda Asia y sus intereses económicos en todo el mundo. En sus últimos discursos ha dejado claro que es China, y no unos Estados Unidos reacios al comercio, la que va a encabezar el nuevo empuje de la globalización. Su presencia, antes de que termine enero, en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, la primera aparición de un presidente chino, y su apoyo al nuevo secretario general de la ONU —también sin precedentes—, refuerzan ese mensaje. China ha dejado de ser un adolescente que no está listo para liderar. La potencia emergente ha aflorado del todo.

Trump notará las consecuencias. Verá que los aliados tradicionales en el sureste asiático, ante la duda de que Estados Unidos cumpla sus promesas, se aproximan cada vez más a Pekín. Que China es cada vez más activa en las reuniones internacionales. Que Xi, que se prepara para una transición política crucial este año, responde con dureza a las críticas de Trump sobre su actuación en el mar del Sur de China y sus políticas monetarias y comerciales. Y que va a denunciar cualquier cosa que considere una provocación de Estados Unidos.

Si Trump estrecha las relaciones con Taiwán para presionar a Pekín, si Xi cree que los activistas pro democracia de Hong Kong ponen en evidencia a su Gobierno, si la relación entre China y Japón se deteriora o si una emergencia en Corea del Norte enfrenta a Washington y Pekín, las relaciones se tensarán todavía más. Con Bush y Obama, la comunicación entre las dos capitales mejoró enormemente. Ahora, en un año en que los dos presidentes, Xi y Trump, tienen algo que demostrar, el peligro de retroceso es mayor que nunca.

Ian Bremmer es presidente de Eurasia Group y autor de Superpower: Three Choices for America's Role in the World. Para más información, visitar: http://www.eurasiagroup.net/issues/Top-Risks-2017.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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