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Columna
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Los valores de Putin

Puede que estemos ante un nuevo choque de civilizaciones, esta vez interno a Occidente, entre lo que promulga el populismo y los principios de la tradición ilustrada

Vladimir Putin durante un discurso el pasado 28 de diciembre en el Kremlin.
Vladimir Putin durante un discurso el pasado 28 de diciembre en el Kremlin.Mikhail Klimentyev/Sputnik (Kremlin Pool Photo via AP)

En una conferencia de prensa reciente, Putin afirmó que una de las cosas que compartía con Trump era la defensa de los “valores tradicionales”. El mandatario ruso señaló que la victoria de su homólogo norteamericano simbolizaba el triunfo de una forma particular de ver las cosas y se pavoneaba: “Un gran número de americanos comparte nuestras ideas de lo que debería ser el mundo”. La camaradería entre los hombres fuertes de las dos grandes superpotencias procede, por tanto, de esa compresión medular de los “valores tradicionales”. Pero, ¿qué hay detrás de eso?

En realidad se trata de un paraguas que engloba las conocidas actitudes de Putin hacia las mujeres, la virulencia de sus campañas antigay y el vínculo caudillista que mantiene con el pueblo desde las intervenciones coreográficas de su púlpito. Pero también de su desprecio hacia los límites y controles al poder y las libertades individuales; esto es, el núcleo liberal de las democracias occidentales heredado de los principios ilustrados. Lo interesante es que Putin lo presente como “valores tradicionales” y hable de líderes que conectan con la verdadera esencia valorativa de aquellos a los que representan desde su cesarismo plebiscitario.

El rechazo a la cultura común ilustrada permite legitimar así el recurso a lo supuestamente “auténtico” de cada nación. Mediante la reivindicación de dichos “valores tradicionales”, Putin señala al enemigo, los valores universalistas que cuestionan su autoritarismo, y se blinda parapetado por lo que en cada momento define como propio de su cultura nacional.

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Si esto es lo que le une a Trump, lo que estamos presenciando es un nuevo choque de civilizaciones, esta vez interno a Occidente, entre aquello que promulga el populismo y los principios de la tradición ilustrada. Se juega, peligrosamente, a la defensa de un pueblo con una particular visión del mundo, un proyecto, un sentido y unos ideales cimentados en la tradición (a juicio de cada líder, claro está), frente a la perspectiva cosmopolita liberal, que proclama su lealtad a lo que debería ser común a la humanidad. Ay, si Huntington levantara la cabeza. @MariamMartinezB

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