Podemos: teoría y práctica de la comparación

La aventura de escribir sobre lo que no está tolerado

Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias.
Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias.ULY MARTÍN

Cuando publiqué el artículo Intimida que algo queda el líder de Podemos, Pablo Iglesias, me escribió esto en Twitter y luego le respondí.

He aquí la conversación:

El intercambio siguió. Está en la red.

A continuación, numerosos seguidores del popularísimo secretario general se lanzaron a retuitearle. Algunos añadían comentarios de su propia cosecha. Otros se limitaban a repetir lo que escribía Pablo Iglesias con respecto a la columna arriba mencionada. 

Este último lunes, la Asociación de la Prensa de Madrid dio a conocer este comunicado:

Me permití comentar ese comunicado adelantando algunas opiniones que se deducen de otros artículos que he escrito acerca de la actitud de Podemos con respecto a este medio, EL PAÍS, y a otros medios. Esa actitud del partido fue precedida por lo que el propio Iglesias ha dicho en televisión y en declaraciones acerca de este periódico.

Ese artículo mío, El señor se está deprimiendo, recogía un episodio habido en el programa de Jordi Évole Salvados (La Sexta). Ese momento se refiere a Juan Carlos Monedero; como explico en ese artículo, Iglesias le reprochó a Évole que no tuviera entre los contertulios del debate ante el líder de Podemos a alguien que defendiera a Monedero. Como quiera que lo cité, Monedero salió a la palestra, también de Twitter, para informarme de su estado de ánimo al respecto. Dijo primero esto:

Y luego añadió, en un tuit separado:

Me permití responderle de estas dos maneras:

A partir de entonces, seguidores de Juan Carlos Monedero en Twitter ejercieron su derecho al retuiteo de manera abrumadora. En alguna ocasión intervine para advertir a los intervinientes que sería interesante que añadieran algo de su cosecha, que no se contentaran sólo con reiterar lo que ya había dicho esta figura carismática del partido con el que simpatizan. Tanto en las respuestas retuiteadas de los seguidores de Iglesias como en las que siguieron a las intervenciones de Monedero hay un hecho común: rara vez se debaten los argumentos expuestos en mis intervenciones o (en este caso) en el comunicado de la Asociación de la Prensa.En ambos casos, los intervinientes prefieren aludir a las fallas del grupo para el que trabajo o a las supuestas indignidades civiles de periodistas de este o de otros periódicos, así como del, también supuesto, comportamiento poco activo de la APM en otros hechos para los que los seguidores de Monedero exigen atención.

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Me ha resultado muy interesante comprobar que no les basta saber que su partido, a través de su líder más significativo, ha considerado adecuado sumar burlas o chanzas sobre periodistas que no considera afectos; tampoco les ha parecido importante considerar como presiones las que han recibido periodistas relacionadas con el grupo en el que trabajo, Mariela Rubio, de la Ser, Elsa García de Blas, de EL PAÍS, que han sido objeto de vilipendio en la práctica de su oficio. El retuiteo tiene otra característica que también me ha llamado la atención; un gran número de los que han considerado falaz mi escrito, y también el de la APM en este último episodio, no superan el centenar de seguidores. Seguro que no es así, pero este hecho ofrece la impresión de que utilizan las cuentas instrumentalmente, cuando hay un incendio, como parece que ha ocurrido esta vez.

He intentado ser muy amable en mis respuestas, cuando las he hecho; y sin duda he sido extremadamente cariñoso con Juan Carlos Monedero, al que tengo un verdadero afecto. Me parece una persona con grandes valores literarios, aunque considero que no es demasiado consciente de cuál es la esencia del oficio de periodista. Pero este no es un defecto. Es, simplemente, un signo de los tiempos.

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