A Podemos le sienta bien el veto

Vetar. Qué tentación... verla en los otros y no verla en nosotros mismos

El líder de Podemos, Pablo Iglesias (d) e Íñigo Errejón en el Congreso de los Diputados, en 2016.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias (d) e Íñigo Errejón en el Congreso de los Diputados, en 2016.BALLESTEROS (EFE)

Podemos abre el diccionario por la palabra veto y la declina en todas las formas, menos en la de la primera persona del plural. Podemos veta también, cómo no. ¿Cómo no va a vetar un partido que tiene preferencias, legítimas, y que quiere o no quiere a gente a su lado? Vetó a Ciudadanos, sin ir más lejos, cuando le tocó la tarea de decidir si Rajoy seguía o no en el Gobierno. No le gustaba Ciudadanos a Iglesias, era la marca blanca del PP..., hay historia larga de este episodio. Y vetó, consecuentemente, al PSOE de Pedro Sánchez. Luego lo pintaron de otra forma, pero hicieron tanto por hacer imposible aquella alianza que el propio Sánchez sintió que aquella gente no quería acordar, dijeran lo que dijeran antes, durante y luego.

¿Todas las personas que Iglesias o Monedero no invitan o no vuelven a invitar a sus tertulias son vetados por Podemos? Seguro que no

Las hemerotecas, las videotecas, la memoria, en general, están llenas de vetos de Podemos. Ahora que han sacado Pablo Iglesias y sus adalides habituales la palabra veto de paseo a alguien se le ocurrió colgar en las redes sociales un bonito vídeo del líder del partido morado, y enamorado, diciendo cómo veta a los de izquierdas que van a sus tertulias: ¿me gustan?, entran; ¿no me gustan?, ni hablar.

El veto es parte de la vida... si a cualquier cosa la llamas veto. Podemos no acepta a una serie de personas en su compañía, ni en sus tertulias ni en sus alianzas; cuando le caía mal Izquierda Unida, Podemos se burlaba de Alberto Garzón, y de ahí para abajo. Si un periodista les gusta, lo usan hasta decir basta; pero cuando un periodista les disgusta hacen todo lo posible por hacerle caricaturas o ponerlo en la piqueta de las redes sociales. Podemos es capaz de interrumpir la publicación de un libro porque al líder no le gusta la firma del prólogo. Así es la vida. La palabra veto es muy peligrosa, porque de pronto te salta a la cara como un espejo cóncavo. A mí me invitó Monedero a La Tuerka una vez y no más. Iglesias nunca me invitó. ¿Todas las personas que Iglesias o Monedero no invitan o no vuelven a invitar a sus tertulias son vetados por Podemos? Seguro que no.

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Ahora han usado Iglesias y los suyos la palabra veto para resumir, a su modo, la situación creada por la decisión del partido de retirar a Íñigo Errejón de la tertulia política de los lunes de Hora 25. A cambio, imponen para esa misma emisión a Irene Montero. La empresa, privada y libre de invitar a su casa a quien estime oportuno, faltaría más, es acusada de vetar... a Irene Montero. Una tertulia la organiza la dirección del programa, la dirección de la emisora, e incluye a aquellas personas que le parecen oportunas para el ritmo del programa. Esa es una libre elección periodística; forzar a un medio de comunicación a tener este u otros colaboradores es algo propio de otros países, seguramente, donde habrán aprendido estos modos los diseñadores a conveniencia de la palabra veto. Forzar, además, a la hora de la emisión del programa, con la presencia de la persona que se quiere imponer, es una manera muy poco natural de concebir la libertad de los medios para llevar a cabo sus propósitos profesionales.

Se piensa que ese tipo de cosas no pasan, y que no iban a pasar con la sección juvenil, más fresca, de la política. Qué pena, pasa, y pasa ahora, está ocurriendo. También ocurrió en España, durante cuarenta años, que el Gobierno dictaba qué editoriales debían publicarse, quién tenía que comentar la política nacional y quién tenía qué dilucidar quién debía dirimir lo que pasaba en el mundo.

Vetar. Qué tentación... verla en los otros y no verla en nosotros mismos.

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