Diana Céspedes: Una agenda con más actividades que la reina Letizia

Para escapar de la espiral de pobreza, a veces basta con un ligero empujón económico. El especial El poder de las microfinanzas cuenta la historia de seis familias rurales de América Latina, excluidas del sistema financiero y en situación de vulnerabilidad, a las que un préstamo diminuto les abrió una puerta gigantesca. En esta entrega viajamos a la República Dominicana, donde Diana Céspedes ya no hace milagros para subsistir: ahora exporta bananos orgánicos a Europa.

A PESAR DE que la casa de Diana Céspedes es igual de modesta y acogedora que las otras del pueblo, hay un detalle que la diferencia. Se trata de un retrato suyo junto a la reina Letizia de España que está sobre la mesita de la sala. La foto fue tomada a principio de año cuando Diana fue invitada a Madrid para participar en un foro organizado por la Fundación Microfinanzas del BBVA. Diana es una de las tantas beneficiadas por los préstamos que esta institución ofrece en Latinoamérica y que en la República Dominicana coordina el Banco Adopem. Dichos créditos los invirtió en su conuco (parcela cultivable) para cumplir con las normas de calidad y poder exportar el banano orgánico a Europa. En ese sentido, no hay nada más elocuente que las cifras: de generar 43 dólares al mes, Diana ha pasado a hacer 453 dólares. Pero si uno conoce la ética de trabajo de nuestra emprendedora y está al tanto de su labor social, ni el incremento en sus ganancias ni su encuentro con la Reina le parecería extraordinario.

Nacida hace 45 años en Los Tramojos (Azua), una de las regiones más pobres y secas de la República Dominicana, Diana Céspedes Ovando es una de las tantas madres que han tenido que hacer milagros para subsistir. A diferencia de algunas que optaron por emigrar, Diana decidió quedarse. “Esta es la tierra que me toca cosechar”, dice, y sus palabras suenan a proverbio bíblico. Aunque si pensáramos en un proverbio que realmente se relacione con ella, deberíamos escoger aquel de corintios que propone que hagamos todo con amor.

La emprendedora Diana Céspedes junto a su marido, Diego, en su barca de pesca.
La emprendedora Diana Céspedes junto a su marido, Diego, en su barca de pesca.manuel vázquez

Sin embargo, como dice el refrán, del dicho al hecho hay mucho trecho. Ni ella ni su esposo encontraban empleos, por lo que su familia quedó sumida en la pobreza extrema. Para quebrar este ciclo, Diana tuvo que valerse de ingenio, esfuerzo y perseverancia.

“Si hubiera tenido el chance sería profesional”, dice con tal convicción que es imposible no asentir. “Pero nací pobre”, añade, y pese a que suena triste pronuncia las palabras con una sonrisa que en ningún momento deja sus labios. Resalta que ha hecho lo que ha podido y que todos sus logros se los debe a su padre, Librado Céspedes, quien desde niña la trató de un modo en que acá se acostumbra a tratar a los varones. “Decían que mi papá me trataba como un macho”, comenta y enfatiza que este le dio la libertad y la confianza para que ella creyera en sí misma. Recuerda las mañanas en que iban a pescar. Puesto que los demás pescadores solían ir con sus hijos varones, que el padre de Diana apareciera con ella les generaba extrañeza, hasta que vieron lo resuelta que era y terminaron aceptándola.

Nada más elocuente que las cifras: Céspedes ha pasado de ganar más de 40 dólares al mes a generar cerca de 450

Actualmente, tiene tres nietos y sus hijos estudian en la universidad. Su sueño inmediato es seguir invirtiendo en la pesca, faena que practica a diario. Además puede que hasta se presente como alcaldesa para las elecciones que se celebrarán en el año 2020. Sin embargo, los lugareños se han adelantado y la tratan como si lo fuera y se refieren a ella como “la síndica”. Su viaje a España y sus apariciones mediáticas puede que hayan influido en esto. Ahora bien, la razón principal, según me dice su esposo, Pedro Julio Ovando, es que es una mujer preocupada por el prójimo. No solo le da trabajo a jornaleros haitianos pobres y le brinda ayuda a madres solteras, sino que también se ha involucrado en las diferentes cooperativas de la comunidad: pertenece a más de 10 asociaciones y actualmente es presidenta de la Asociación de Mujeres Campesinas de La Esperanza.

Cuando dice que no tiene tiempo para dormir, su hija le responde en tono de broma que ella tiene más actividades que la Reina, lo que me lleva a preguntarle a Diana sobre su experiencia en Madrid. Responde que le pareció magnífica, pero que le hizo falta el arroz. Aunque rectifica que llegó a probar un arroz mojado (el risotto) y una paella, plato este último que cuando se lo ofrecieron por vez primera, ella se negó y dijo que prefería un patodos.

Aprovecho entonces para preguntarle a Librado si le sorprende que su hija haya estado con una reina, a lo que contesta que quien debió sorprenderse fue la Reina, y mira a los ojos a Diana con todo el amor que puede caber en los ojos.

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  • El Nobel de Economía Amartya Sen le dio a finales del siglo XX un giro al concepto de pobreza: no se trata de alguien que tiene o produce poco, sino de aquel que, por falta de recursos, no ha logrado desarrollar sus capacidades. Sus teorías inspiraron las microfinanzas, ese pequeño empujón económico capaz de revertir la espiral de miseria y generar desarrollo. Las historias que se narran a continuación comparten ese instante: el día en que todo cambió, un antes y un después que les permitió ampliar su quiosquito, comenzar a exportar plátanos al otro lado del Atlántico o establecer un próspero negocio ganadero. El pequeño gran cambio. El País Semanal ha viajado a América Latina para contar seis historias de éxito. Entre ellas, hay una abrumadora mayoría de mujeres. Pero el objetivo es siempre el mismo: abandonar la exclusión financiera para salir de la pobreza.
  • Durante la 70ª Asamblea General de la ONU, en 2015, los líderes mundiales se comprometieron a luchar por un mundo más justo e igualitario. En su agenda figuraban 17 objetivos y, al menos 5 de ellos, destacan la necesidad de un acceso ampliado o universal a los servicios financieros. Un ambicioso plan de acción que define prioridades de desarrollo para el año 2030, con el fin de erradicar la pobreza, terminar con la brecha de género y promover una vida digna con oportunidades para todos.
  • Según cálculos del Banco Mundial, 2.000 millones de adultos "no están bancarizados", lo que supone cerca del 40% de la población del planeta. En América Latina, la región del globo en la que posan su mirada los seis reportajes que recorren estas páginas, la cifra asciende a 210 millones de personas.
  • Un pequeño préstamo tiene un poder de transformación enorme y la figura del asesor dentro de las llamadas instituciones microfinancieras (IMF), que es quien llega hasta el emprendedor allá donde esté, por remoto que sea el lugar, es clave. Sin él, personas como Quintín Quispe o Adelaida Morán jamás se habrían atrevido a entrar en un banco y solicitar un préstamo. La tecnología también juega un papel fundamental: acercan la oficina hasta los hogares de los emprendedores evitando que pierdan tiempo y dinero en desplazamientos.

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