Columna
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Entender lo ininteligible

¿Por qué Trump no responde a la intromisión de Rusia en las elecciones de EE UU?

El presidente de EE UU, Donald Trump, durante un discurso en la Casa Blanca (Washington), el pasado 15 de febrero.AP/EL PAÍSundefined

Hace unos días Elon Musk enviaba el coche eléctrico que construye, su propio Tesla de color cereza y valorado en 250.000 dólares, a la órbita de Marte con el objetivo de ser propulsado al espacio más profundo. Lleva el mensaje “No tengas miedo”, dirigido, se supone, a los extraterrestres. También una cinta continua de Space Oddity, un tema de David Bowie, y una novela. Lástima que al inventor empresario no se le haya ocurrido aprovechar la ocasión de mandar un vídeo con la declaración de Donald Trump en la campaña electoral que le llevó a la presidencia con su declaración: “Podría aparecer en el centro de la Quinta Avenida de Nueva York, asesinar a cualquiera con un disparo y no perdería votantes”. Si hubiera vida humana en el más allá, quizás esos seres inteligentes a los que llevamos décadas llamando en vano, entenderían lo que a nosotros nos parece ininteligible. Cómo más del 30% de los estadounidenses eligió como presidente a un desestabilizador, desquiciante, que acumula desaguisados que le rebotan. Y los marcianos entrarían en pánico.

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Trump está destruyendo el orden internacional que Estados Unidos construyó tras la Segunda Guerra Mundial. Puede que el 45º presidente no sea una amenaza existencial, aunque ha ordenado reconstruir y modernizar la panoplia nuclear y considera la utilización del arma atómica para responder a “ataques estratégicos significativos no nucleares”. Pero tampoco representa una distracción inocua. Con su presencia en la Casa Blanca la democracia liberal pierde legitimidad, China puede construir su sistema iliberal y Putin consolidar la democracia autoritaria en Rusia. ¿Por qué la democracia es una buena idea si nos lleva a elegir a Trump?, se pregunta el historiador de Yale, Tom Snyder.

Esta semana, en una audiencia del Comité de Inteligencia del Senado, el director nacional de inteligencia, Dan Coats, afirmó, sin asomo de duda, que Rusia, satisfecha del resultado de su injerencia en la elección presidencial de 2016, considera las elecciones del próximo noviembre para renovar el Congreso objetivo para repetir una campaña de desinformación para erosionar la democracia de EE UU. Gracias a Trump, vivimos en un entorno en el que cada vez resulta más difícil distinguir la verdad de la mentira. Laurence H. Tribe, prestigioso profesor de Derecho Constitucional en Harvard, acierta al valorar la gravedad de la intromisión procedente de Rusia: “El director del FBI acaba de testificar en el Senado que, a pesar de las continuas intrusiones de Rusia en nuestros sistemas electorales, Trump nunca ha encargado al FBI que proteja las elecciones de la injerencia de Rusia. Que quede claro. Esto sería como si Roosevelt no hubiera hecho nada para responder al ataque japonés contra Pearl Harbor”.

¿Por qué Trump se niega a reconocer la intromisión de Rusia que le confirman los directores de las agencias de inteligencia y del FBI, todos nombrados por él? ¿Qué tiene Rusia para comprometer al presidente? No podemos enviar a Trump al espacio para entender lo ininteligible y conocer las respuestas. Pero tampoco podemos aplicar a sus políticas el comentario que recibía la música de Wagner: No es tan mala como suena.

fgbasterra@gmail.com

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