Editorial
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Reformas saudíes

Las reformas quedan aún muy lejos de alcanzar el deseable estatus de libertades individuales para las saudíes y en especial para las mujeres

Protesta ante la embajada saudí de París exigiendo la liberación de las feministas saudíes detenidas en su país.
Protesta ante la embajada saudí de París exigiendo la liberación de las feministas saudíes detenidas en su país.BENOIT TESSIER (REUTERS)

Las reformas sociales iniciadas en Arabia Saudí bajo el impulso del príncipe heredero y hombre fuerte del país, Mohamed bin Salman, aunque suponen un cierto avance respecto a la represiva situación anterior quedan aún muy lejos de alcanzar el deseable estatus de libertades individuales para las saudíes y en especial para las mujeres.

Es cierto que con dos tercios de la población por debajo de los 30 años, los planes de modernización del príncipe Mohamed han encontrado una acogida muy positiva sobre todo entre la población femenina. El levantamiento de la prohibición de conducir que pesaba sobre las mujeres o la práctica desaparición en público de los efectivos de la Comisión para la Prevención del Vicio y la Promoción de la Virtud —una especie de policía religiosa que se ha dedicado a imponer sus estrechos códigos morales sobre el conjunto de la sociedad— son sin duda importantes avances en una monarquía autoritaria tradicionalmente caracterizada por un conservadurismo extremo.

Pero la gran asignatura pendiente del príncipe Mohamed sigue siendo los derechos humanos. La continuación del proceso judicial contra varias destacadas activistas por los derechos de la mujer —Loujain al Hathloul, Eman al Nafyan, la veterana Aziza al Yusef, Samar Badawi y Nasima al Sada— o el asesinato y posterior descuartizamiento del periodista crítico Jamal Khashoggi hacen que incluso quienes observan positivamente y apoyan las reformas del heredero se planteen si el precio a ese apoyo no es demasiado alto. En el caso de las activistas además pesan las acusaciones de organizaciones de derechos humanos que aseguran que las mujeres han sido torturadas, algo que el régimen niega.

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Los cambios son importantes si estos demuestran ser el resultado de una estrategia sincera de apertura en términos de libertades. De lo contrario se revelan como una coartada cosmética para que las cosas sigan como antes. El príncipe Mohamed todavía tiene que demostrar a cuál de las dos estrategias responden sus reformas.

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