Juicio del procés
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

El cantante dio la espalda

Los detalles minimalistas denotan la prieta justa que mantienen defensas y acusaciones. Aquellas buscan demostrar que los manifestantes fueron pacíficos. Estas, que violentos

Lluís Llach durante su declaración en el juicio del 'procés'.

En la tarde del 20-S los Jordis pidieron a Lluís Llach que les ayudara a organizar la salida de la comitiva judicial del Departamento de Economía, rodeado por 40.000 manifestantes.

El cantautor/diputado se prestó. Reclutó a varias parlamentarias para que la secretaria judicial Montserrat del Toro pudiera evaporarse por el pasillo de los voluntarios de la ANC, mezclada entre ellas.

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— “¿Y cómo se situaron, mirando a la conselleria o dándole la espalda?”, le preguntó el abogado Jordi Pina.

— “De espaldas”, respondió el músico.

Este detalle minimalista denota la prieta justa que mantienen defensas y acusaciones. Aquellas buscan demostrar que los manifestantes fueron pacíficos. Estas, que violentos.

El pulso no va de bondad o maldad, sino que tiene efectos jurídico-judiciales clave, como veremos. Volvamos un momento al detalle de la espalda. Si los Jordis, junto a los cinco diputados, se colocaron con vistas a los concentrados, se trata de un dato significativo.

Porque cabría inferir que no estaban azuzando al personal para que se abalanzase al edificio, sino al revés, disuadiéndolo de malas tentaciones agresivas.

Así que no habrían ido a provocar rebeliones, sino a controlar que nadie se desbordase de la protesta. La ausencia de vídeos con gentes violentas, ese día, apuntalaría esa versión.

Es justo la contraria de la que han martilleado las acusaciones, con apoyo de guardias civiles y policías nacionales: pero referida al 1-O. Reiteraron la pregunta sobre la “actitud” y el “comportamiento” de los manifestantes.

Y se multiplicaron las respuestas de los guardias describiendo los insultos de los defensores de las urnas o denunciando patadas envueltas en cánticos de “som gent pacífica”. Incluso hubo quienes “esclafaron” la urna en la cabeza de un agente. Hubo para estos contusiones y lesiones, pero más bien menores.

La prueba documental —los vídeos de ambos lados— iluminará los rincones de esos sucesos: cómo y quién empezó los episodios; qué alcance tuvieron; dónde menudearon.

Este duelo es decisivo, porque las conclusiones provisionales de la Fiscalía sostienen que hubo tres patas de la presunta rebelión que imputa a nueve acusados.

Primera, la cúpula del Parlament; segunda, el Govern de la Generalitat; tercera, el “pilar social”. Que incluiría “la violencia necesaria para asegurar el resultado criminal pretendido, valiéndose para ello de la fuerza intimidatoria” de “la actuación tumultuaria desplegada con las grandes movilizaciones ciudadanas instigadas y promovidas por ellos”.

El reto es doble: demostrar (o descartar) que hubiera esa violencia. Y que de haberla habido, fuese la “necesaria” para lograr el “resultado criminal pretendido”. De eso va.

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