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Malo para la línea

Carmen Thyssen y su hijo Borja en una inauguración en el museo en 2018.
Carmen Thyssen y su hijo Borja en una inauguración en el museo en 2018.Óscar González / NurPhoto (Getty Images)

Para Carmen Cervera, que aquí aparece con su hijo en una inauguración hace dos años, el Thyssen es como el frigorífico para usted o para mí. ¿Que tenemos hambre a media tarde? Vamos a la cocina, abrimos la nevera y sacamos algo de picar: unas aceitunas, una fruta, una zanahoria. Ella se acerca al museo y saca un gauguin. El gauguin no se come, pero proporciona liquidez. Los ricos, con frecuencia, tienen problemas de liquidez. Liquidez significa pasta gansa, metálico, cash, dinero contante y sonante. Pero el efectivo se desgasta solo, incluso en periodos de baja inflación, de ahí que prefieran conservarlo en acciones, inmuebles, tierras, lingotes de oro… O, como en el caso que nos ocupa, en pinturas. Tita lo tiene en obras de arte de almacenamiento complicado. Un gauguin necesita una temperatura, una humedad, unos mimos constantes… Todo eso cuesta una fortuna. Pero ella ha encontrado en España un almacén que se ocupa de todo eso y que le paga encima por el alquiler de los cuadros. El almacén lo sostenemos usted y yo con mucho gusto. Hay miércoles en los que nos acercamos a la pinacoteca para echar un par de horas de nuestra existencia con las que no sabemos qué hacer porque carecemos de liquidez y ya hemos vaciado la nevera. A lo mejor, si no fuera por el Thyssen y por el Prado y por el Reina Sofía, que forman un triángulo magnífico, nos colgaríamos de una viga. Quiere decirse que estamos muy agradecidos a la baronesa, lo que no impide que le solicitemos un poco de prudencia. No puede echarse al coleto el Mata Mua como el que se come unas patatas fritas. Picar entre horas es malísimo para la línea. —eps

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