MigradosMigrados
Coordinado por Lola Hierro

Construyendo una nueva familia en mi colegio mayor

Un universitario sirio llega a Barcelona a estudiar y, apenas 40 días después, se declara el estado de alarma por la covid-19. Este es testimonio de su travesía por el confinamiento

Daan Stevens (Unsplash)

Ser estudiante internacional en tiempos de una pandemia es una experiencia bastante dura, especialmente si uno visita el país por primera vez y acaba de empezar a aprender su lengua. Soy Abd, nací en Siria y llegué al colegio mayor Ramón Llull, en Barcelona, a través de un programa de la Fundación Solidaritat UB, que ofrece becas a estudiantes procedentes de países en conflicto. Aterricé en la capital catalana en febrero para cursar un máster en Análisis de Datos y, apenas 40 días después de mi llegada, el Gobierno español declaró el estado de alarma, lo que implicaba confinamiento, mínima actividad fuera del colegio mayor y mucha incertidumbre.

Más información
Nicaragüenses en medio de una pandemia en Costa Rica
Las mejores ideas por y para refugiados
Somos migrantes de la vida

Desde el comienzo del cierre supe que mi principal prioridad debía ser mantenerme sano física y mentalmente, pero también enfocarme en los estudios. Paralelamente, intenté encontrar formas de ayudar, tanto a mi nueva comunidad en Barcelona como a la de mi lugar de origen, en Oriente Medio, así que traté de conectar aquellas iniciativas locales de aquí con otras de mi región que buscaban crear aparatos de respiración asistida baratos para paliar la escasez que sufrían los hospitales.

En este tiempo de incertidumbre, necesité más que nunca a mi red de apoyo, a mis tres familias, por las que estoy muy agradecido. La primera, mi propia familia (mi hermano vive en Turquía y el resto se quedó en Siria). A pesar de la distancia, intentaba comunicarme frecuentemente con ellos para comprobar que todo iba bien y para hacerles saber que yo estaba a salvo. Mi segunda familia, los amigos que tengo por todo el mundo, especialmente aquellos que están en Líbano, a donde me trasladé tras estallar el conflicto y donde estuve trabajando dos años en una ONG asistiendo a personas refugiadas. Ellos fueron clave a la hora de mantenerme ocupado y motivado: jugábamos a juegos en internet y manteníamos reuniones a través de distintas plataformas de vez en cuando.

Mi tercera familia, sin la que creo que no podría haberlo conseguido, es la que me ha acogido en el colegio mayor: mis compañeros, los trabajadores, el equipo de administración y todos los que estuvieron aquí durante los momentos más difíciles. A pesar de que cada uno tenía un bagaje muy distinto, con sus respectivas tradiciones culturales y las limitaciones idiomáticas, esta comunidad nos proporcionó apoyo, cuidado y amor a todos. Efectivamente, si tuviera la oportunidad de volver atrás en el tiempo y de elegir un sitio en el que pasar el confinamiento, sería sin dudarlo, este lugar (excepto, claro, mi propio hogar).

El estudiante Abd AlHamed Alfajr.
El estudiante Abd AlHamed Alfajr.Cortesía del autor

Desde el primer día, el equipo del colegio mayor trató de tenernos al tanto de todas las noticias y novedades relacionadas con la covid-19, y siempre nos incluían en el proceso de decisión: desde establecer una nueva regla restrictiva dentro del colegio a elegir el menú semanal. Se esforzaron al máximo para hacer del centro un lugar seguro y acogedor para todos los colegiales que se quedaron, especialmente, teniendo en cuenta que muchos regresaron a sus casas mientras otros tantos nos quedamos en el colegio.

Nada fue normal durante ese periodo, aunque toda la familia del colegio mayor intentó buscar alternativas. Algunos fueron pequeños gestos, como el de utilizar el aparcamiento como un lugar en el que podíamos hacer ejercicio y disfrutar un poco del sol sin quebrantar el confinamiento; otros nos marcaron más, como la iniciativa que hicimos por el día de Sant Jordi. Al no ser posible salir a comprar libros y flores para intercambiarnos ese día, a personal de administración se le ocurrió que podríamos hacer nuestro propio libro, una edición multilingüe con nuestros propios relatos, e imprimirlo y repartirlo para celebrar esta fecha tan significativa, que completamos con una comida especial. Solo el Ramón Llull recordará a aquellos estudiantes que se quedaron durante el confinamiento y que se autoproclamaron la résistance.

Abd AlHamed Alfajr es estudiante y colegial del colegio mayor Ramón Llull de Barcelona.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS