Fábricas con mucha cintura

Sectores económicos cruciales, como la alimentación y el textil, desarrollan estrategias para sobrevivir a la máxima incertidumbre

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Medio año después de que se declarase la pandemia mundial y con una segunda ola de contagios sembrando incertidumbre, la industria española busca nuevas estrategias que permitan mantener su tejido económico, pese a los estragos vividos en los últimos meses. Según la última encuesta de población activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística, el número de personas ocupadas en el sector industrial se sitúa en 2,64 millones en el segundo trimestre de 2020, lo que supone 100.000 menos que en los tres meses anteriores.

Uno de los sectores que más ha sufrido esta caída es la industria alimentaria, que ha visto cómo la crisis sanitaria trastocaba sus previsiones de crecimiento. Esto desvela el informe económico anual de 2019 de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), publicado este verano. La principal rama de la industria española, que aporta al conjunto del sector secundario un 15% de su facturación total y supone el 2% del producto interior bruto (PIB), tardará dos años en salir de este "socavón", según las estimaciones de la propia federación.

"La pandemia ha propiciado la caída de la hostelería y del turismo afectando tanto al consumo interno como a las exportaciones", explica Mauricio García de Quevedo, director general de FIAB. Para este 2020, se espera un descenso de entre el 4% y el 8% de su producción y que las ventas al extranjero retrocedan entre un 6% y un 11%.

En materia de empleo, se estima el cierre de 800 empresas, lo que supondrá la destrucción de entre 4.000 y 11.000 puestos de trabajo. La cifra podría llegar hasta los 23.000 empleos si se suman aquellos indirectos e inducidos. "Para aguantar esta situación que esperemos sea momentánea, el Gobierno debe hacer todo lo que esté en su mano para mantener esos puestos de trabajo. Solo así se podrá volver a recuperar los niveles de actividad anteriores rápidamente cuando la situación sanitaria mejore", dice el director general de la patronal, quien también le pide al Ejecutivo que evite aprobar nuevos impuestos al consumo de algunos productos o cualquier otra tasa que perjudique la renta de los hogares.

La producción alimentaria tiene la capacidad de fijar empleo en zonas rurales, por lo que no se prevé una deslocalización de la industria, tal y como aseguran desde su patronal. Otro comportamiento distinto es la de la industria manufacturera de textil y calzado —la que más aporta al PIB nacional, solo por detrás de la alimentación, motor y metal— que ve en la crisis sanitaria la oportunidad de "multilocalizar" su producción, apostando por la proximidad en lugar de la dependencia de suministros o productos de Asia. "En la multilocalización, que no es lo mismo que la relocalización, solo se trasladan aquellas actividades, productos o líneas de negocio que generan unos ahorros en costes operativos", explica Fernando Bretón, profesor del Máster en Dirección Logística de UNIR.

"Esto ya se venía dando en los últimos años con el cambio de producción a países más cercanos a España como Turquía, Marruecos y Portugal porque los costes de producir en China ya no eran tan competitivos", dice José Estrada, director general del Centro Español de Logística (CEL). "A esto se suma la llamada fast fashion, que, desde hace un tiempo, determina las ventas y la rápida rotación de las colecciones en tienda, lo que exige una mayor producción y más cercana. Así, puede que veamos esta tendencia crecer en un corto y medio plazo", añade el directivo de CEL.

Las grandes se adaptaron

El confinamiento propició un crecimiento inesperado del comercio electrónico en el sector alimentario, que llegó a superar a otros tan potentes como el textil o la electrónica. El fuerte incremento de esa demanda —que en algunos picos de la cuarentena domiciliaria llegó a septuplicarse— pilló desprevenidas a muchas empresas que no estaban preparadas. Solo las grandes superficies o aquellas que venían apostando por el canal de venta online consiguieron adaptarse rápidamente. "Pero aquel cambio también ha supuesto un despertar de muchas otras empresas que ya ven claramente que el futuro de sus negocios ha de ser a través del omnicanal", apunta Estrada.

Atrás quedan aquellos meses de confinamiento en los que hubo que aprender sobre la marcha. Desde entonces, se han incrementado los esfuerzos para digitalizar la economía en todos sus sectores, aunque para Bretón, "debemos acostumbrarnos a tomar decisiones con falta de históricos y tendencias no consolidadas, lo que provoca incorporar una visión cualitativa y no solo cuantitativa; los conceptos de corto, medio y largo plazo han variado para el diseño de cualquier tipo de planificación estratégica de proyectos".

De esta manera, los centros logísticos sí pueden experimentar un cambio de localización en diversos sectores industriales como el alimentario o el textil. "Siempre se busca la proximidad a los enclaves de consumo, es decir, las ciudades", explica Estrada. Para el director general de CEL, esta relocalización logística también conlleva unos retos. "Normalmente, las infraestructuras dentro de los núcleos urbanos o en sus proximidades suelen ser más caras en cuanto a su alquiler; también nos encontramos otras dificultades como las flotas de reparto y su contaminación; o la heterogénea legislación que dificulta la distribución entre municipios de una misma comunidad autónoma", concluye.

'Microhubs' en las ciudades

La aparición de nuevos modelos de negocio y de consumo —también online— ha puesto sobre la mesa la necesidad de crear una red de distribución de mercancías más efectiva y respetuosa con el medio ambiente y la salud de las personas, especialmente en entornos urbanos. Como recoge un estudio elaborado por el Centro Innovación para la Logística y Transporte de Mercancías (CITET), dependiente de CEL, y el proyecto municipal MARES Madrid, una posible solución para el incremento del consumo es la creación de microhubs (centros logísticos especializados en entrega de última milla), los cuales deberían tener una ubicación óptima (no más de dos kilómetros del centro), operar coordinadamente y contar con un apoyo claro de la administración por su perfil sostenible.

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