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Coordinado por Fernando Casado

Ciudades que luchan contra los rumores y la discriminación

La Red de Ciudades Interculturales (RECI) cumple diez años impulsando un modelo urbano desde la diversidad

Las ciudades son espacios de encuentro con un rasgo definitorio obvio: la diversidad. El espacio público es un lienzo donde se construye lo colectivo más allá de las narrativas hegemónicas de lo urbano. Diversidad sexual, política, étnica, religiosa, económica, formativa... son aspectos que se encuentran, a veces colisionando de frente, en calles, avenidas y plazas, o incluso en comunidades de vecinos, escaleras o centros educativos.

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Para impulsar líneas de trabajo que promuevan el diseño de políticas innovadoras en el ámbito local basadas en el enfoque intercultural o fomentar estrategias antirrumores para prevenir la discriminación o mejorar la convivencia y la cohesión social, una veintena de ciudades españolas integran la Red de Ciudades Interculturales (RECI), un proyecto que opera en España desde enero de 2011. Dani de Torres Barderi, director de la Red y experto del programa Intercultural Cities del Consejo de Europa, explica vía correo electrónico de qué se trata la RECI y cómo opera en ciudades tan diferentes entre sí como Barcelona, Bilbao o Tenerife.

P. ¿De qué forma las Ciudades Interculturales fomentan el trabajo en equipo desde las instituciones públicas, las empresas y la sociedad civil?
R. Promover las ciudades interculturales, es decir la igualdad, el reconocimiento de la diversidad y la interacción positiva, no es una responsabilidad única de la administración, sino que implica y depende del conjunto de actores de la sociedad civil (entidades, escuelas, centros culturales, empresas). Generar redes de colaboración entre diferentes actores no solo es necesario, sino que es imprescindible para conseguir resultados y que estos sean sostenibles. Respecto a la implicación de las empresas, en los años 2014-15 el Consejo de Europa impulsó el proyecto DELI (Diversidad en la Economía Local e Integración) un proyecto europeo innovador en el que participaron ciudades de la RECI como Cartagena o Getxo, centrado en apoyar políticas locales más efectivas que tengan presente la realidad de las personas empresarias y emprendedoras de diferentes orígenes y perfiles, en el marco de las políticas de promoción económica y desarrollo local. Se definieron espacios de colaboración entre empresas, entidades locales, de inmigrantes etc. que permitieron realizar diagnósticos e impulsar diversas actuaciones para promover el desarrollo económico local y al mismo tiempo favorecer la inclusión.
P. Los niveles de violencia interétnica o el aumento del racismo y la xenofobia en Europa desde la crisis del 2008 han sido ampliamente documentados. ¿De qué manera, este proyecto contribuye a frenar la percepción negativa de la diversidad cultural, religiosa o nacional en las ciudades?
R. La estrategia antirrumores que se impulsó por primera vez en Barcelona en 2010 fue reconocida por el Consejo de Europa como una buena práctica que se ha extendido en muchos países. Hemos ayudado a impulsar este enfoque en ciudades de diferentes países europeos, pero también en países como Marruecos, Canadá o Japón, entre otros. Pero en general diría que el conjunto de políticas interculturales persiguen este objetivo de prevenir los discursos que estigmatizan a diferentes colectivos a los que se utiliza como chivos expiatorios de muchos de los problemas sociales y económicos que plantean las sociedades contemporáneas. Las realidades complejas requieres de respuestas complejas desde un enfoque transversal que incida en los elementos estructurales y de fondo que se esconden detrás del aumento de estos discursos.
P. ¿Cómo funciona la Estrategia Antirrumores?
R. Es una estrategia a largo plazo que combina el impulso de una política local con un proceso de participación e implicación de un amplio conjunto de actores sociales. El objetivo es promover el pensamiento crítico y la empatía y cuestionar los estereotipos, prejuicios y rumores que dificultan la convivencia y pueden derivar en procesos de discriminación, racismo y xenofobia.
Un agente antirumor puede ser una profesora de escuela que decide abordar esta cuestión entre sus alumnos, puede ser una compañía de teatro, un monitor de deporte, un periodista, una profesional sanitaria, de una empresa o de una ONG

La estrategia consiste en incorporar el enfoque antirrumores en muchas políticas e impulsar actuaciones de formación y sensibilización que impliquen a perfiles y colectivos muy diversos, por ejemplo, a los jóvenes.

P: ¿Quiénes son los agentes antirrumores?

R: Son personas que deciden adoptar una actitud proactiva en este objetivo de cuestionar los prejuicios y promover el pensamiento crítico. Un agente antirrumor puede ser una profesora de escuela que decide abordar esta cuestión entre sus alumnos, puede ser una compañía de teatro, un monitor de deporte, un periodista, una profesional sanitaria, de una empresa o de una ONG. Lo que quiero decir es que no existe un perfil único que debe realizar un tipo de acciones. Lo importante es formarse e incorporar este enfoque en su ámbito de actuación. Pero también hay muchos agentes antirrumores que se articulan alrededor de redes antirrumores que deciden colaborar de manera activa para diseñar acciones conjuntamente y colaborar con otras redes antirrumores de otras ciudades. Por ejemplo, en España se organiza anualmente un encuentro juvenil antirrumores en el que jóvenes de diferentes ciudades se juntan tres días para intercambiar experiencias, desarrollar nuevos proyectos o instrumentos y profundizar en su formación.

P. ¿Cómo se articulan las políticas urbanas interculturales con los marcos estatales, e incluso normativas europeas, tan criticadas por los grupos de derechos humanos en materia de migración?
R. Es en las ciudades donde se concretan el impacto de factores más estructurales determinados por marcos jurídicos y de las políticas que se impulsan a nivel europeo y estatal. Las ciudades tienen que lidiar con estas realidades desde dos ámbitos de actuación. Por un lado, utilizando sus posibilidades reales de actuación marcadas por sus competencias, como el urbanismo y la vivienda, la cultura, los servicios y equipamientos de proximidad o las políticas de sensibilización y contra la discriminación. Pero las ciudades interculturales deben cooperar con otros niveles de la administración, como el autonómico, que tienen competencia en ámbitos clave como la educación y otros. Y sin duda las ciudades deben colaborar, a través de redes como la RECI para tener mayor capacidad de influencia en otros niveles de gobierno y de toma de decisiones. Las ciudades son laboratorios de innovación y pueden tener un impacto muy grande como se puede observar también en retos globales como el cambio climático o la apuesta por la innovación entre otros.
P. El mapa interactivo muestra la adhesión de múltiples ciudades europeas, pero también de Estados Unidos, Australia, Japón o Corea del Sur. ¿Por qué solo encontramos ciudades occidentales en este proyecto cuando muchas ciudades del Sur Global servirían como ejemplo de interculturalidad?
R. La RECI es la red estatal vinculada a la red internacional promovida por el Consejo de Europa. En principio, el Consejo únicamente podía trabajar con ciudades de los países miembros que son muchas más que las que forman la UE. Pero empezaron a interesarse ciudades de otros continentes, y una de las primeras en sumarse fue la Ciudad de México, donde estuvimos varias veces y pudimos intercambiar muchas experiencias. Gracias a unos fondos específicos del Consejo para trabajar con países del Sur, se ha impulsado el marco de las ciudades interculturales en Marruecos y también se trabajó un tiempo en Jordania. En cualquier caso, el programa parte de la realidad europea y digamos que ha ampliado su campo de influencia en contextos que entienden que comparten elementos con el europeo y se han interesado por este enfoque. Pero las ciudades interculturales en el contexto europeo deben fomentar también el intercambio y conocimiento de las experiencias de otros contextos, como el africano, en los que existe una gran diversidad cultural o religiosa y establecer espacios de intercambio de conocimiento y colaboración.
P. En España, 20 ciudades que forman parte de este proyecto. Bilbao, Barcelona o Valencia son algunas de ellas, sin embargo, Madrid no. ¿Por qué?
R. La ciudad de Madrid mostró interés hace unos años para adherirse a la RECI e incluso participaron activamente en algunos encuentros. Pero la firma de los convenios de adhesión se fue demorando por las complejidades burocráticas y luego hubo elecciones y se produjo un cambio de Gobierno y finalmente no se materializó la adhesión. Es una realidad común en redes de ciudades como la nuestra. Los nuevos equipos de gobierno deben valorar si retoman estas cuestiones. Un elemento de fortaleza de la RECI es que hay ciudades que están gobernadas por equipos de gobierno de diferentes colores políticos. Lo importante es que exista un compromiso político real y también una coherencia entre los discursos y narrativas y las políticas concretas que se implementan. La gestión de las percepciones es una dimensión muy importante de las políticas relacionadas con la diversidad. Una frase determinada puede echar por tierra el trabajo de mucha gente a favor de la convivencia.
P. También encontramos ciudades no tan grandes, pero con unos niveles de migración elevados (como Salt, que tiene más de un 40% de población de origen extranjero). ¿De qué forma se trabaja con estos municipios más pequeños?
R. La verdad es que la forma de trabajar no cambia tanto. Lo que de verdad es relevante es el nivel de compromiso político que exista en la ciudad y del nivel de implicación y perfil de los equipos técnicos. En los municipios más grandes puedes encontrar más complejidades a la hora de trabajar la transversalidad porque la estructura es mucho más grande y en otro más pequeño puedes realizar una vista de expertos y puedes implicar fácilmente a responsables de áreas como urbanismo, economía, educación, cultura, policía local... Pero insisto, que lo más relevante es el compromiso político y si existe una apuesta por la transversalidad real. Todos los municipios tienen que rellenar el cuestionario del Índice de ciudades interculturales del Consejo de Europa, que permite identificar debilidades y fortalezas de cada ciudad. Esto ayuda a priorizar las actuaciones y a decidir qué tipos de formaciones, instrumentos o metodologías nuevas es necesario desarrollar.
P. ¿Cómo define la integración cultural el proyecto RECI y de qué forma las ciudades que lo integran contribuyen a la cohesión social desde la diversidad?
R. El enfoque intercultural parte de la constatación de una realidad social y cultural diversa, y que no se vincula únicamente a los flujos migratorios, ya que incluye muchas diversidades que están interrelacionadas entre sí. A las diferencias de orígenes y contextos culturales, hay que sumarle aspectos como la etnia, la fisonomía de las personas y el pluralismo religioso que deben mirarse también desde la perspectiva de las diferencias de sexo, edades, clase social, nivel de formación, orientación sexual, capacidades etc. Es esta mirada global y transversal la que nos ayuda a determinar las causas de desigualdades, vulnerabilidades y discriminaciones. La perspectiva intercultural intenta dar respuesta a las debilidades identificadas de otros modelos como el asimilacionista o el multiculturalista, y lo que pretende evitar serían los procesos tanto de segregación, exclusión y discriminación, como los de homogeneización cultural provocados por la falta del reconocimiento de la diversidad. El objetivo es construir una sociedad más cohesionada e inclusiva que dé respuesta a las complejidades de la diversidad sociocultural y que también aproveche las oportunidades que plantea, que son muchas.

Desde la perspectiva de las políticas públicas de las ciudades el enfoque intercultural implica que el conjunto de áreas municipales incorpore los principios interculturales en el diseño de todas las políticas desde una mirada transversal y como un proceso de transformación dinámico y en permanente aprendizaje.

Los principios son:

1. Avanzar hacia la igualdad real y efectiva de derechos, deberes y oportunidades de todas las personas a partir del compromiso con la no discriminación y la equidad. Esto requiere identificar los espacios de desigualdades y discriminaciones que por ejemplo dificulten el acceso a servicios básicos. Ejemplos de actuaciones:

  • Compromiso con una política de empadronamiento activo de todas las personas que viven en la ciudad y que es la principal vía de acceso a unos servicios mínimos.
  • Disponer de indicadores e información rigurosa sobre los espacios de discriminación y vulnerabilidad y la creación de recursos e instrumentos específicos como por ejemplo la Oficina para la No Discriminación del Ayuntamiento de Barcelona.
  • Compensar el impacto de desigualdades de carácter más estructural vinculadas al contexto económico, el mercado laboral, el sistema de salud o el acceso a la vivienda con políticas activas de formación, apoyo, asesoramiento etc. que de adapten a la diversidad de perfiles socioculturales.

2. El reconocimiento y respeto de la diversidad cultural como un aspecto estructural de la sociedad que es necesario reconocer y poner en valor desde el respeto a derechos fundamentales y la democracia.

Afirmar que no hay culturas mejores que otras no significa que no se pueda debatir críticamente sobre diferentes elementos culturales de todas las culturas, desde la perspectiva de la defensa de los derechos humanos y derechos fundamentales como por ejemplo la igualdad entre hombres y mujeres, entre otros. Esto implica una cultura del diálogo intercultural que tenga muy presente las relaciones de poder y las situaciones de vulnerabilidad.

Ejemplos:

  • Que el personal de la propia administración represente, a todos los niveles, la diversidad sociocultural de la ciudad.
  • Que la narrativa que se hace de la ciudad y su forma de comunicarla refleje la diversidad real (desde las campañas de comunicación, al nomenclátor).
  • Que los programas y equipamientos como bibliotecas, centros cívicos, casales etc. se adapten a la diversidad de su entorno.
  • Que se promueva el pensamiento crítico y se abran debates complejos sobre los conceptos de diversidad cultural, los derechos, el etnocentrismo y las realidades históricas que han condicionado muchas desigualdades.

3. Facilitar entornos que promuevan la interacción positiva y la generación de vínculos y sentidos de pertenencia compartidos a partir de los elementos comunes y compartidos que favorezcan la cohesión social, la convivencia. Ejemplos:

  • Políticas activas contra los procesos de segregación urbana y educativa.
  • Diseño del espacio público desde un punto de vista inclusivo, que ponga a las personas en el centro y tenga en cuenta la diversidad de usos y necesidades y se gestionen de manera proactiva las complejidades de convivencia desde los servicios de mediación.
  • Impulso de iniciativas culturales, sociales, deportivas a nivel comunitario que faciliten los espacios de interacción positiva en condiciones de igualdad a partir de la dinamización cultural, social y deportiva.
  • Impulso de estrategias para promover el pensamiento crítico y la empatía y cuestionar los estereotipos y los prejuicios, como la estrategia antirrumores.
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