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Coordinado por Fernando Casado

Cómo el temporal Filomena puede acabar beneficiando a Madrid

El catedrático emérito Julián Briz explica cómo aprovechar fenómenos climáticos como Filomena para volver a poner la naturaleza en el centro de las ciudades

Ville Saalo (Wikimedia Commons)
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Nos reunimos en un apacible día madrileño, dentro de un ambiente cargado de ansiedad. Acababa de pasar Filomena y el coronavirus no da tregua. Con la ciudad aturdida, pero con ímpetu de superación, nos planteamos entrevistar al catedrático emérito Julián Briz, presidente y fundador de Pronatur, miembro de las juntas directivas de la Red Mundial de Infraestructuras Verdes (WGIN) y de la Federación Europea de Asociaciones de Tejados Verdes (EFB), y un estudioso de la naturación urbana, el movimiento que promueve el enverdecimiento de las ciudades.

El confinamiento, los árboles caídos y el ambiente invernal impregnaron nuestro diálogo. Las previsiones meteorológicas de 20 centímetros de nieve se vieron desbordadas llegando a los 60, con unas pérdidas estimadas de unos 1.400 millones de euros según las primeras informaciones que se ofrecieron en aquel momento.

Madrid, una de las ciudades más verdes del mundo, había sufrido una tragedia, con más de 150.000 árboles dañados, el 70% de la Casa de Campo y El Retiro. Sería necesaria una reposición de 70.000 unidades y la retirada de ramas iba a suponer un coste superior a los 27 millones de euros.

P. ¿Qué opina del Madrid post-Filomena?
R. Después de la tempestad, viene la calma. Nos encontramos con el botón decisorio en pausa, lo que obliga a una serie de reflexiones sobre nuestro itinerario: de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos. Toda catástrofe natural nos lleva a una reconstrucción y ello supone un sacrificio importante, pero también una oportunidad para innovar y corregir problemas existentes. Hay numerosos ejemplos en ciudades, como en el caso de Valencia, donde las sucesivas inundaciones llevaron a la desviación del Turia y a la creación de nuevos espacios en el centro urbano. Desde sus inicios como capitalidad, Madrid ha tenido el atractivo de su ubicación geográfica y el medio que la rodea. No obstante, la urbanización desbordante ha ido expulsando a la naturaleza, aunque mantiene grandes áreas verdes periféricas como La Casa de Campo, el Monte del Pardo, así como parques interiores como El Retiro, el del Oeste y otros.
Nuestra sociedad necesita una cultura medioambiental que se involucre y aprecie los valores que ambos aportan

Una buena opción ha sido el enverdecimiento de las calles a través de árboles que en los años setenta y ochenta fueron de crecimiento rápido, ornamentales (olmos, arces) que aportaban sombra, además de los clásicos: pino piñonero y encinas. No cabe duda de que sus efectos, en general, han sido beneficiosos para el paisaje, la salud y el medioambiente.

Un estudio realizado en 2018 por el Ayuntamiento de Madrid muestra el impacto en la oxigenación y captación de dióxido de carbono y partículas en suspensión por una cuantía de 673 toneladas métricas de contaminantes, lo que ha incidido en la salud, disminuyendo anualmente en 3.600 los casos de asma y en 4.000 los de problemas respiratorios. Ahora, con el impacto de Filomena y una posible pérdida superior al 5% de la masa foliar, se podrían incrementar dichas enfermedades. Se estima que medio millón de los árboles madrileños están enfermos, son viejos o pertenecen a especies inadaptadas, lo que obliga a una reflexión sobre unas perspectivas poco halagüeñas si no se toman las oportunas medidas.

P. ¿Qué puede hacerse en estas circunstancias?
Julián Briz, sentado en pleno paso del Filomena.
Julián Briz, sentado en pleno paso del Filomena.Isabel de Felipe
R. El enfoque general es buscar soluciones basadas en la naturaleza con una visión holística que incorpore todos los elementos posibles, tanto los tradicionales como los potenciales. Hasta ahora se viene operando con parques, jardines y arbolado en las calles y plazas, pero quedan estructuras urbanas infrautilizadas en los edificios en uso (cubiertas, fachadas, interiores), así como los nuevos planes urbanísticos. El planteamiento del Bosque Metropolitano, complementado con pasillos verdes en la almendra central, viene a atender algunas de estas necesidades. Hay que elegir las especies arbóreas correctas, colocadas en las calles a distancias y alcorques más adecuados (10 metros), que no provoquen un efecto túnel en las calles estrechas y no dificulten la renovación de las masas de aire contaminadoras y con análisis climatológicos locales, buscando las especies adecuadas que promuevan la biodiversidad.

Los expertos recomiendan impulsar las especies autóctonas que permitan una mayor sostenibilidad del ecosistema, integrando la fauna en el ciclo vital, al encontrar alojamiento y alimentación en la flora existente. Capítulo de especial interés es el aprovechamiento de espacios infrautilizados en el centro urbano, donde no hay otras posibilidades de naturación. El efecto Filomena ha dañado arbustos y fachadas que tienen que reconstruirse y, es una oportunidad única poder convertirlos en áreas verdes.

Muchas de las cubiertas pueden albergar invernaderos que reciclen gases de las calefacciones, absorbiendo el calor, el CO2, partículas en suspensión y el dióxido de nitrógeno. Precisamente, el NO2 de las calefacciones ha sido el causante de los elevados niveles de contaminación en Madrid, recientemente. Su reciclado mediante urea cristalina ya se utiliza en vehículos pesados. Existe un modelo de edificio, utilizado parcialmente en varios países, donde se reciclan gases, calor y aguas grises y de lluvia, de forma eficiente.

P. ¿Quién, cómo y cuándo hay que actuar para aprovechar esta oportunidad de Filomena y otros fenómenos climáticos?
R. Respecto a quién debe involucrarse, considero debe ser el conjunto de la sociedad urbana a través de varios colectivos. De una parte, los beneficiarios directos, como es el vecindario, mostrando sus preferencias, necesidades y participando en el mantenimiento de infraestructuras verdes. Los gestores administrativos, como Ayuntamientos y otras instituciones locales, regionales y nacionales, a través de la toma de decisiones y del desarrollo de proyectos. Las empresas, por medio de nuevos negocios y dentro de la Responsabilidad Social Corporativa, tienen un papel a considerar. Finalmente están los grupos de estudio e investigación como asesores e impulsores.

En el caso de Madrid tenemos la Mesa del Árbol, el grupo de Interprofesionales de los distintos Colegios y cursos sobre Ciudades verdes del Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano (itdUPM) y de Arboricultura y Gestión del Bosque Urbano de la Universidad Complutense de Madrid. Las actuaciones deben seguir una secuencia, a corto, medio y largo plazo. Obviamente, después del paso de Filomena, las primeras acciones han sido la retirada de ramas y árboles dañados, transformándolos en residuos orgánicos y abonos. El paso siguiente es restaurar los daños ocasionados con soluciones basadas en la naturaleza de forma viable y sostenible.

Las nuevas infraestructuras verdes incluyen especies de árboles, arbustos y plantas en general adecuadas, en lugares oportunos, tanto en parques y jardines como en calles, cubiertas y fachadas, buscando un equilibrio en el ecosistema urbano saludable y atractivo. Los retos son múltiples y la sociedad urbana debe tener la capacidad de prevenir y evitar los problemas, resolviéndoles de forma eficiente, en caso de producirse, dentro del marco de soluciones basadas en la naturaleza mencionado.

P. Retos medioambientales en el horizonte urbanístico madrileño...
R. Como en toda gran ciudad, hay unos desafíos multidimensionales de tipo sanitario, demográfico, de habitabilidad y socioeconómicos. El siglo XXI nos está llevando a una nueva era con innovaciones tecnológicas, pandemias, movimientos migratorios, cambio climático... El teletrabajo impone un modelo mixto de vivienda y oficina con espacios de recreo y habitabilidad multifuncional. La revolución silenciosa de la naturación urbana se acompaña de una salud unitaria global de personas, plantas y animales, donde la interdependencia se manifiesta con los riesgos correspondientes.

La sociedad madrileña se está sensibilizando a través de proyectos urbanísticos con unas infraestructuras verdes y azules, como Madrid Río en el cauce del Manzanares o Madrid Norte, o reconvirtiendo la estación de Chamartín, entre otras actuaciones. Como los efectos de la mejora de cambio climático y la naturación no se reflejan directamente en el sistema de precios del mercado, al considerarse bienes públicos de libre acceso, para impulsarlos y mantenerlos nuestra sociedad necesita una cultura medioambiental que se involucre y aprecie los valores que ambos aportan.


Isabel de Felipe ha sido profesora titular de la Universidad Politécnica de Madrid y es miembro del Consejo de Dirección del Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano (itdUPM).

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