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Un pequeño gesto replicado por toda una comunidad podría colaborar con la preservación de ecosistemas o transformar el modelo de alimentación a uno sostenible. Aquí algunos ejemplos prácticos

Consumir alimentos ecológicos no solo pueda cambiar nuestras vidas, sino también la de agricultores como Miguel y León del proyecto Huerto Vega del Tajuña
Consumir alimentos ecológicos no solo pueda cambiar nuestras vidas, sino también la de agricultores como Miguel y León del proyecto Huerto Vega del TajuñaNando Rivero

Apostar por un cambio en nuestra alimentación puede empezar con algo pequeño pero que tendrá un alcance gigantesco. Por ejemplo, si comemos una fruta cultivada de forma ecológica en un huerto de la zona en la que vivimos puede no solo generar riqueza para el comercio y la agricultura local, sino también ayudar a regenerar ecosistemas y construir un entorno más saludable para todos.

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Pero ¿qué pasa si lo convertimos en un hábito? Esto tendría efectos directos en el impulso del sector y para entenderlo solo hace falta ver cómo las grandes superficies de la alimentación están incluyendo cada vez más ofertas ecológicas. Esta práctica es clave para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Cambiando nuestra alimentación, tenemos al alcance de la mano cooperar con retos tan ambiciosos como garantizar un consumo y producción sostenible, que a su vez contribuye a otros desafíos como combatir el cambio climático o preservar los ecosistemas terrestres.

Pero es cierto que conseguir estos objetivos no solo depende de nuestros actos sino también de gobiernos, empresas privadas y de la sociedad civil organizada. Aun así, existen multitud de ejemplos en los que nuestras decisiones individuales tienen el poder de cambiar el futuro que vendrá.

¿Cómo pasarnos a una alimentación sostenible?

Cosas pequeñas como fijarnos en la procedencia de lo que compramos y optar por productos de cercanía, puede ser un primer paso. La procedencia puede verse en el etiquetado o en el código numérico del producto, que en el caso de España se indica con las letras ES.

También podemos hacer nuestra lista de la compra consultando cuáles son los productos de temporada en nuestra zona a través de páginas como Soy de Temporada. Además de priorizar en nuestro consumo los productos frescos a los procesados y productos a granel, reduciendo así el impacto de los envases.

Conocer alternativas de consumo, como los mercados agroecológicos o tiendas especializadas, o participar en un grupo de consumo, son las maneras más fáciles que tenemos de acceder a productos locales, ecológicos y de temporada en ciudades grandes como Madrid.

Pero si lo que buscas son alternativas donde puedas encontrar un amplio surtido de productos sostenibles también puedes animarte a hacerte cooperativista de supermercados como La OSA, Supercoop y Biolíbere en Madrid, Som Alimentació en Valencia, Labore en Bilbao o TerraNostra en Mallorca. Aquí las personas socias escogen los productos bajo criterios de consumo responsable y hacen sus compras a cambio de su participación en las tareas del supermercado. Un modelo basado en referentes como el Park Slope Food en Nueva York o La Louve en París.

Lucía y Padre de la quesería Jaramera son unos de los tantos productores y productoras ecológicas de la biorregión Madrid
Lucía y Padre de la quesería Jaramera son unos de los tantos productores y productoras ecológicas de la biorregión MadridNando Rivero

Alimentar entornos más ricos y saludables

Todos estos cambios en el modelo de alimentación no serían posibles sin las personas que están al inicio de la cadena: los y las productoras ecológicas. Un modelo de producción en alza en comunidades como Madrid, donde encontramos cada vez más proyectos agroalimentarios que por su forma de producir generan efectos muy positivos y alineados con los ODS.

Este es el caso de Quesería Jaramera en Torremocha del Jarama, o la Huerta Vega del Tajuña, en Chinchón. Dos proyectos locales que ayudan a proteger especies autóctonas como el tomate de la Vega o la cabra colmenareña, raza autóctona de Madrid, con cuya leche se hacen los quesos de Jaramera. Esto frena la pérdida de biodiversidad y reduce el impacto ambiental a través del ahorro en agua o abonos asociado al uso de especies adaptadas a la zona.

Otra cuestión, no menos importante, es que proyectos como estos priorizan el trabajo digno y la conciliación laboral, alimentando un trabajo decente (ODS 8). Y esto tiene grandes efectos en la lucha contra la despoblación rural, que sin ser un ODS específico, es una temática de enorme importancia en nuestro país.

Quesería Jaramera y Huertos Vega del Tajuña, son solo dos ejemplos de los muchos proyectos locales de este tipo a los que podemos acceder dentro de la Comunidad de Madrid y que podemos localizar a través del mapa de productores elaborado por Madrid Agroecológico y en la página del Mercado Social de Madrid en el apartado de alimentación ecológica.

Ciudades y comunidades más sostenibles

Uno de los ejemplos más paradigmáticos de los efectos que generan estos pequeños cambios en la alimentación y en la producción es que territorios tan urbanitas como la Comunidad de Madrid hayan duplicado su producción ecológica, una consecuencia directa del aumento de la demanda entre la población residente.

Ahora mismo, tenemos constancia de que existen cerca de 800 productores ecológicos certificados en la biorregión de Madrid. Una cifra suficientemente grande como para abastecer de alimentos locales y a comedores y cafeterías de centros educativos públicos de la Comunidad. Un ejemplo de compra pública que serviría de modelo para que otras administraciones dieran un paso adelante que hiciese posible la creación de un sistema público de alimentación sostenible.

Conseguir que el sector público de la Comunidad de Madrid, con casi 7 millones de habitantes, apueste por una alimentación sostenible, aumentando a través de la compra pública la oferta de estos productos en otros espacios sería un gran avance en el acceso de la población a estos productos. Si se concreta este cambio, significaría un impulso para el sector agroecológico local y un fuerte empuje hacia objetivos mundiales como el fomento de una producción y consumo responsable. Y para lograr que las ciudades sean más sostenibles.

Adriana Samper es técnica en Alimentación Sostenible del Observatorio para una Cultura del Territorio.

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