Alterconsumismo
Coordinado por Anna Argemí

De la calle al huerto

Las personas sin hogar pueden acceden a una formación en jardinería gracias a un acuerdo entre la Universidad de Barcelona y un centro de acogida

En seis años de funcionamiento han pasado por el curso 100 personas sin techo.
En seis años de funcionamiento han pasado por el curso 100 personas sin techo.Pilar Sampietro

Cuando el último recurso es la calle, cuando el último colchón es el recoveco de la entrada de un parking, cuando nuestra habitación son cuatro cartones que nos preservan de la humedad y favorecen algo de intimidad, sí, es cierto, lo hemos perdido todo. Recomenzar es una quimera y conseguir mantener la condición de “persona” es un derecho que no debe ser discutido. Hay un lugar que no sabe de clases sociales, situaciones, momentos personales… Solo reconoce manos humanas dispuestas a cuidarlo: es el huerto.

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Quizás por eso y por su carisma sanador, el huerto ha sido elegido para la recuperación de dignidad de esas personas que lo han perdido todo y siguen en la ciudad. Ha ocurrido en el jardín de un Monasterio en Barcelona, el de Sant Pere de les Puel·les, donde la comunidad benedictina todavía cultiva. Es una iniciativa de Assís Centre d’Acollida y cuenta con la complicidad de la Universidad de Barcelona, porque el curso que ofrecen para las personas sin techo finaliza con un diploma de extensión universitaria. De la calle al huerto, de la nada y la oscuridad al placer y la riqueza de plantar unas semillas y ver crecer las hojas que mantendrán poco después los frutos.

Hemos quedado al pie del huerto con Josep, Guillem y Kike, alumno, formador y gestor del Curso de Mantenimiento de Huertos Urbanos para Personas Sin Techo. En este curso el huerto es una herramienta de motivación y capacitación para la inserción sociolaboral, incluye horas de formación teórico-práctica y aquí, hora tras hora, la vida de los alumnos que participan se recompone. Poco a poco adquieren el conocimiento para el cuidado de zonas ajardinadas comestibles, pero también comienzan a dibujar proyectos de autoabastecimiento, porque la tierra alimenta y es la primera fuente para personas como ellos, con necesidades alimentarias.

Usan caléndulas para atraer a los insectos polinizadores y calabazas luffa para esponjas de baño y cocina

Del huerto-escuela en el Monasterio salen cada día frutas y verduras para los desayunos y lotes de alimentos para los pisos sociales que gestiona el centro Assís. En seis años de funcionamiento han pasado por el curso 100 personas que han salido de la calle. Algunas han sido contratadas por empresas especialistas en jardines verticales o en tecnología de bioconstrucción.

La vida en ese jardín benedictino tiene algo de contemplación, porque hasta la luz que ilumina las acelgas y las líneas de cebollas invita a tomar otro ritmo que para nada es el que se lleva tras los muros. La gestión del agua sigue el curso ancestral del proceso de inundación y las acequias te llevan de un lado a otro, siguiendo los bordes parcelados de un vergel que parece tener río propio.

Mientras hablamos, un montón de pájaros hacen coro en las ramas de los limoneros.
Mientras hablamos, un montón de pájaros hacen coro en las ramas de los limoneros.Pilar Sampietro

Usan caléndulas para atraer a los insectos polinizadores y calabazas luffa para esponjas de baño y cocina. Mientras hablamos, un montón de pájaros diversos visitan el lugar, sus conversaciones se mezclan con las nuestras. Ellos hacen coro en las ramas de los limoneros, nosotras aprovechamos el sol que ilumina la mañana y conversamos sobre métodos hortícolas ecológicos, que son los que se desarrollan en el proyecto.

Cada vez que converso con alguien sobre los beneficios terapéuticos del cuidado de un huerto o de un jardín en ciudad, vuelvo al libro de Vanessa Prades y Albert Vidal Elogi de l’Hort Urbà en el que las autoras distinguen siete tipos de huertos urbanos, según la función a la que están llamados.

La vida en ese huerto benedictino tiene algo de contemplación.
La vida en ese huerto benedictino tiene algo de contemplación.Pilar Sampietro

Hay huertos identitarios, migratorios, espirituales, éticos, generativos, lentos, autoproductivos. A todos ellos se les concede la capacidad terapéutica y sanadora que llevan implícita, la conexión directa con los procesos naturales, el conocimiento de la biodiversidad en un pequeño espacio, como son las cuatro paredes de un monasterio en una gran ciudad.

Vanessa y Albert siguen preguntando ahora en el blog que tienen abierto: ¿y tú por qué cultivas?. Visitar su página es descubrir por qué es tan necesaria una labor como la que están desarrollando desde Assís Centre d’Acollida junto a la Fundació Solidaritat de la Universidad de Barcelona. Porque aseguran formación a personas que necesitan otra oportunidad para seguir viviendo, porque la reciben al aire libre, entre naturaleza que crece y porque cuando ya tengan el título serán ellas mismas las que nos faciliten el alimento justo, para que también sigamos viviendo el resto de la humanidad. ¿Hay mejor educación que esta?

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