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Del tirador a la ciudad
Coordinado por Anatxu Zabalbeascoa

Un barrio vertical en México

Un edificio en Toluca combina oficinas, aparcamientos, galerías de exposición, comercios y una azotea pública mezclando tipologías para construir densidad urbana

El edificio del estudio FRPO en relación con Toluca (México).
El edificio del estudio FRPO en relación con Toluca (México).LGM Studio

Todo es disperso en la Avenida Juárez de Toluca de Lerdo, al este de la capital mexicana. En la arteria que une el casco antiguo de la ciudad y su zona universitaria, los arquitectos Fernando Rodríguez y Pablo Oriol —del estudio FRPO— trataron de ordenar diversos servicios y tipologías en un único edificio, La Estación San José, un equipamiento que quieren que actúe como un “condensador de la vida social” para revitalizar el centro con lo que los arquitectos consideran que precisa la ciudad: densidad.

Fachada principal del inmueble.
Fachada principal del inmueble.LGM Studio

La convivencia de usos, patrimonio circundante y épocas diversas la resolvieron los proyectistas con una estructura que permite la repetición y la superposición de planos multiplicando así el espacio para actividades: zonas de exposición y aparcamiento, salas de co-working (trabajo colaborativo) y áreas comerciales, oficinas y tiendas: un inmueble de uso mixto que aspira a ser un pequeño barrio vertical coronado con una azotea pública con vistas al centro histórico y al volcán Nevado de Toluca.

Interior del edificio multiuso.
Interior del edificio multiuso.LGM Studio

A pesar de que la estructura es de hormigón visto, el edificio aparece ligero, casi permeable, gracias a un campo de pilares que soporta vigas muy delgadas. Sobre las vigas, losas plegadas crean una zona de aparcamiento a un lado, y al otro, aparecen perforadas para aligerar la presencia del inmueble y crear relaciones visuales entre los espacios verticales.

Vista de la azotea que corona el inmueble.
Vista de la azotea que corona el inmueble.LGM Studio

Pero es la carcasa metálica, tejida sobre el edificio, lo que da a la vez unidad y coherencia al conjunto. Como una celosía, ese acabado ligero protege los interiores como un traje a medida, se adapta a la geometría que resulta de la suma de los servicios y confiere unidad al conjunto. Con todo, los arquitectos Fernando Rodríguez y Pablo Oriol —ambos profesores de la Universidad Politécnica de Madrid— no son puristas: más allá de esa piel, son los huecos —sobre las mejores vistas al jardín botánico o a las montañas del suroeste— los que consiguen dotar de identidad y flexibilidad al edificio, a este barrio vertical de Toluca.

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