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Niñas indigenas Mexico

“No quiero que me vendas”: el drama del comercio de niñas indígenas en México

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En una comunidad sureña del estado mexicano de Guerrero, las chiquillas se dan en matrimonio bajo un acuerdo ancestral de compra y venta. Algunas familias intentan erradicar esta práctica que persiste en 66 localidades

  • Vista aérea de la comunidad de Juvinani, una aldea situada en el municipio de Metlatónoc, entre los más pobres de México. En esta comunidad sureña, las niñas se dan en matrimonio bajo un acuerdo ancestral de compra y venta. Algunas familias están tratando de erradicar esta práctica, que aún persiste en 66 localidades y es el origen de un ciclo de abuso contra las mujeres y de pobreza para los hombres. “La mayoría sigue vendiendo a sus hijas”, lamenta Eloína Feliciano, indígena mixteca de 23 años vendida por 1.500 euros. “No quiero que me vendas”, recuerda que le pidió a su madre. Pese a sus súplicas, fue otra de las niñas entregadas en matrimonio.
    1Vista aérea de la comunidad de Juvinani, una aldea situada en el municipio de Metlatónoc, entre los más pobres de México. En esta comunidad sureña, las niñas se dan en matrimonio bajo un acuerdo ancestral de compra y venta. Algunas familias están tratando de erradicar esta práctica, que aún persiste en 66 localidades y es el origen de un ciclo de abuso contra las mujeres y de pobreza para los hombres. “La mayoría sigue vendiendo a sus hijas”, lamenta Eloína Feliciano, indígena mixteca de 23 años vendida por 1.500 euros. “No quiero que me vendas”, recuerda que le pidió a su madre. Pese a sus súplicas, fue otra de las niñas entregadas en matrimonio. AFP
  • Virginio Moreno, de 72 años, fotografiado en su casa de la aldea Juvinani, en el municipio de Metlatonoc del estado de Guerrero, México, el 16 de mayo de 2021. Asegura que apenas 300 personas aceptaron dejar la práctica y reclama atención de las autoridades federales.
    2Virginio Moreno, de 72 años, fotografiado en su casa de la aldea Juvinani, en el municipio de Metlatonoc del estado de Guerrero, México, el 16 de mayo de 2021. Asegura que apenas 300 personas aceptaron dejar la práctica y reclama atención de las autoridades federales. AFP
  • Junto a un río de agua grisácea y maloliente, una mujer expresa anónimamente su rechazo a la tradición pues teme represalias de sus vecinos. ”Las mujeres vendidas a fuerza tienen que atender al suegro. ‘Yo te pagué y te puedo hacer lo que yo quiera’, es lo que dicen”, según esta madre de dos jovencitas, angustiada porque su esposo podría repetir la historia con ellas.
    3Junto a un río de agua grisácea y maloliente, una mujer expresa anónimamente su rechazo a la tradición pues teme represalias de sus vecinos. ”Las mujeres vendidas a fuerza tienen que atender al suegro. ‘Yo te pagué y te puedo hacer lo que yo quiera’, es lo que dicen”, según esta madre de dos jovencitas, angustiada porque su esposo podría repetir la historia con ellas. AFP
  • Una mujer pone a secar tripas de ternera al sol frente a su casa en Juvinani. De los casi 2.500 municipios mexicanos, unos 620 son indígenas y 420 de ellos se rigen por usos y costumbres tradicionales reconocidos por la Constitución. En Metlatónoc, de 19.000 habitantes, un 94,3% carece de servicios básicos en sus viviendas, y el 58,7% tiene dificultades para alimentarse, según el Instituto Nacional de Estadística (INEGI).
    4Una mujer pone a secar tripas de ternera al sol frente a su casa en Juvinani. De los casi 2.500 municipios mexicanos, unos 620 son indígenas y 420 de ellos se rigen por usos y costumbres tradicionales reconocidos por la Constitución. En Metlatónoc, de 19.000 habitantes, un 94,3% carece de servicios básicos en sus viviendas, y el 58,7% tiene dificultades para alimentarse, según el Instituto Nacional de Estadística (INEGI). AFP
  • Maurilia Julio Solano, partera de 61 años, amasa unas tortillas en su casa de Juvinani. "Te hacen sufrir por el simple hecho de haberte comprado", dice en mixteco. Ella también fue vendida de niña y asegura que rechazó hacerlo con sus hijas.
    5Maurilia Julio Solano, partera de 61 años, amasa unas tortillas en su casa de Juvinani. "Te hacen sufrir por el simple hecho de haberte comprado", dice en mixteco. Ella también fue vendida de niña y asegura que rechazó hacerlo con sus hijas. AFP
  • Cristina Moreno, de 18 años e hija de Maurilia, también participa en la preparación de tortillas de maíz, el principal alimento de la familia. Todas viven en una choza de piso de tierra. Los indígenas representan un 10,1% de los 126 millones de mexicanos y casi el 70% vive en pobreza, añaden otros estudios oficiales.
    6Cristina Moreno, de 18 años e hija de Maurilia, también participa en la preparación de tortillas de maíz, el principal alimento de la familia. Todas viven en una choza de piso de tierra. Los indígenas representan un 10,1% de los 126 millones de mexicanos y casi el 70% vive en pobreza, añaden otros estudios oficiales. AFP
  • Cristina Moreno, de 18 años, con su bebé en su casa de Juvinani. La vivienda está parcialmente edificada con ladrillos de lodo y estiércol de bestias de carga, como la mayoría en esta área. Los niños merodean junto a perros famélicos rodeados de moscas.
    7Cristina Moreno, de 18 años, con su bebé en su casa de Juvinani. La vivienda está parcialmente edificada con ladrillos de lodo y estiércol de bestias de carga, como la mayoría en esta área. Los niños merodean junto a perros famélicos rodeados de moscas. AFP
  • Cristina Moreno sostiene a su bebé en brazos. El embarazo temprano es una realidad aquí. Más de 3.000 niñas y adolescentes guerrerenses de entre 9 y 17 años parieron el año pasado, algunas de ellas dentro de estos matrimonios arreglados, según cifras oficiales.
    8Cristina Moreno sostiene a su bebé en brazos. El embarazo temprano es una realidad aquí. Más de 3.000 niñas y adolescentes guerrerenses de entre 9 y 17 años parieron el año pasado, algunas de ellas dentro de estos matrimonios arreglados, según cifras oficiales. AFP
  • “Muchas mujeres dicen ‘yo sí voy a vender a mi hija en 110, 120 mil pesos (unos cuatro o cinco mil euros) porque quiero dinero’, pero a mí me da mucha tristeza escuchar esas cosas porque son sus hijas”, añade Maurilia. En la imagen, Yuyu Ortiz, adolescente, trabaja en el restaurante de su familia, en el municipio de Metlatonoc.
    9“Muchas mujeres dicen ‘yo sí voy a vender a mi hija en 110, 120 mil pesos (unos cuatro o cinco mil euros) porque quiero dinero’, pero a mí me da mucha tristeza escuchar esas cosas porque son sus hijas”, añade Maurilia. En la imagen, Yuyu Ortiz, adolescente, trabaja en el restaurante de su familia, en el municipio de Metlatonoc. AFP
  • Unos niños espían a través de una valla en Juvinani. “Queremos que cambie, pero como la gente dice ‘yo hago lo que quiero porque tengo a mi hija y nadie me va a mandar’ (...) quisiéramos que hubiera alguien que nos ayudara, que dieran una ley” para impedirlo, comenta Víctor Moreno, de 29 años.
    10Unos niños espían a través de una valla en Juvinani. “Queremos que cambie, pero como la gente dice ‘yo hago lo que quiero porque tengo a mi hija y nadie me va a mandar’ (...) quisiéramos que hubiera alguien que nos ayudara, que dieran una ley” para impedirlo, comenta Víctor Moreno, de 29 años. AFP
  • Unos niños, en su casa en la aldea de Juvinani.
    11Unos niños, en su casa en la aldea de Juvinani. AFP
  • Un niño con un burro camina por una carretera neblinosa en el municipio de Metlatonoc. Casado bajo la misma tradición, Moreno se opone a perpetuarla pues se vio forzado a emigrar como jornalero al norte de México para pagar la dote. Otros optan por Estados Unidos. ”Somos gente pobre, no tenemos para comprar una nuera que se case con nuestros hijos y batallamos mucho para pagar”, añade este padre de dos niños.
    12Un niño con un burro camina por una carretera neblinosa en el municipio de Metlatonoc. Casado bajo la misma tradición, Moreno se opone a perpetuarla pues se vio forzado a emigrar como jornalero al norte de México para pagar la dote. Otros optan por Estados Unidos. ”Somos gente pobre, no tenemos para comprar una nuera que se case con nuestros hijos y batallamos mucho para pagar”, añade este padre de dos niños. AFP
  • Un hombre camina con un pavo por el municipio de Metlatonoc. Las dotes que cobran los padres de las novias, que solo aceptan esposos de esta misma región, oscilan entre los 1.500 y 15.000 euros, según los habitantes de la zona.
    13Un hombre camina con un pavo por el municipio de Metlatonoc. Las dotes que cobran los padres de las novias, que solo aceptan esposos de esta misma región, oscilan entre los 1.500 y 15.000 euros, según los habitantes de la zona. AFP
  • Unos niños ayudan a su madre cerca de su casa en Juvinani. Benito Mendoza, integrante de la organización ‘Yo quiero, Yo puedo’, impartía talleres de sensibilización en mixteco hasta que se quedó sin fondos en febrero pasado. Los padres “cobran porque creen que deben recuperar lo gastado en las mujeres durante su crianza”, explica.
    14Unos niños ayudan a su madre cerca de su casa en Juvinani. Benito Mendoza, integrante de la organización ‘Yo quiero, Yo puedo’, impartía talleres de sensibilización en mixteco hasta que se quedó sin fondos en febrero pasado. Los padres “cobran porque creen que deben recuperar lo gastado en las mujeres durante su crianza”, explica. AFP
  • "Las niñas quedan en absoluta vulnerabilidad. Su nueva familia las esclaviza con tareas domésticas y agrícolas". Y, a veces, "los suegros abusan sexualmente de ellas", expone Abel Barrera, antropólogo y dirigente de la ONG Tlachinollan.
    15"Las niñas quedan en absoluta vulnerabilidad. Su nueva familia las esclaviza con tareas domésticas y agrícolas". Y, a veces, "los suegros abusan sexualmente de ellas", expone Abel Barrera, antropólogo y dirigente de la ONG Tlachinollan. AFP
  • Una niña carga leña para utilizarla en su casa en Juvinani. Por la “creciente precariedad” de estos pueblos, añade Barrera, “la ritualidad ancestral indígena de entrega de las doncellas por dote desde su primera menstruación se ha ido perdiendo y ahora se mercantiliza a las niñas”.
    16Una niña carga leña para utilizarla en su casa en Juvinani. Por la “creciente precariedad” de estos pueblos, añade Barrera, “la ritualidad ancestral indígena de entrega de las doncellas por dote desde su primera menstruación se ha ido perdiendo y ahora se mercantiliza a las niñas”. AFP