Niños, ¿para qué sirve un periódico?

Un taller de periodismo con una clase de cinco años en un colegio rural arranca con una lección de humildad y acaba con Spiderman firmando desde un pueblo de Guadalajara

Un niño participante en el taller de periodismo enseña su portada de EL PAÍS.
Un niño participante en el taller de periodismo enseña su portada de EL PAÍS.

“Niños, ¿para qué sirve un periódico?”, pregunto con el arrojo peliculero de quien siempre quiso ser maestra mientras esparzo las copias de EL PAÍS y de la competencia sobre la típica mesa baja verde. De ese verde chicle menta debería ser la bandera de la infancia. Preparas un taller pensando que vas a enseñar algo y la primera lección te la llevas en la frente. El público: cinco niños de tercero de infantil (cinco y seis años) y una niña (la mía). El auditorio, el patio del colegio rural del pueblo alcarreño al que nos hemos mudado. Para evitar los aerosoles hemos arrastrado seis sillas y la mesa sobre lo que en mi época se llamaba la arena fina. La lección es de humildad.

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¿Para qué sirve un periódico? “En mi casa lo ponemos en el suelo del gallinero”, “mi madre lo usa para envolver la comida”, “sirve para encender la chimenea”. Uno enseñó al perro a hacer pipí sobre la enésima crisis de Gobierno, otro lo conoce de ver a su abuela haciendo el crucigrama los domingos. Quien diga que el papel ha muerto, que se venga al campo.

Improvisando sobre la marcha a raíz de las pragmáticas respuestas explico que un periódico sirve para todo eso gracias a que en realidad solo sirve para explicar lo que ha pasado en el mundo en un solo día. Luego hay que hacer otro, por eso no tiene tapas duras como los cuentos hechos para durar. Ya tendrán tiempo de dilucidar las diferencias de fondo.

Nos centramos en las de forma: la portada se llama "la primera", los títulos son titulares, en las páginas hay columnas... Todo es tan especial, me tiro el pisto, que hasta la oficina tiene otro nombre, la redacción, y noto que les hace gracia porque todo el mundo sabe que eso es lo que se escribe a la vuelta de las vacaciones de verano. En cuanto explico los distintos oficios, tienen clarísimo que lo que más mola es ser corresponsal. Qué sorpresa.

He llevado unas portadas en blanco bajo la cabecera para que fabriquen su primera, la foto dibujada. Son tan pequeños que les dejo que se inventen lo que quieran, la noticia, la firma y el lugar del mundo desde el que se supone que la escriben. Uno pone todo en mayúsculas "FUEGO EN EL COLE", pero todos los niños se salvaron, apunta; otro, que una montaña ha cobrado vida. En la realidad de un tercero Peter Pan se ha convertido en Spiderman, que es por cierto quien firma, desde Albalate de Zorita, al menos un par de las piezas.

Hay también una guerra de confeti en el universo Among Us (un videojuego que les tiene locos) y un ataque de globos con motosierras. La más costumbrista es mi propia hija, no sé si por serlo de periodistas o por ser la única niña: “Un cole se ha ido a un cine” titula a cinco columnas (no replico las faltas, qué necesidad). Eso sí, lo firma desde Australia. Lo mejor es la agorera pieza de apoyo: “Menos mal que estaba abierto”. Por ahora dice que quiere ser maestra, pero yo le veo madera.

Sobre la firma

Patricia Gosálvez

Escribe en EL PAÍS desde 2003, donde también ha ejercido como subjefa del Lab de nuevas narrativas y la sección de Sociedad. Actualmente forma parte del equipo de Fin de semana. Es máster de EL PAÍS, estudió Periodismo en la Complutense y cine en la universidad de Glasgow. Ha pasado por medios como Efe o la Cadena Ser.

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