DÚOS

Electrónica ancestral en wólof

La cantante senegalesa Fakeba se alía con el productor y ‘dj’ español David Kano para conseguir una potente mezcla de sonidos ancestrales

El productor español David Kano y la cantante senegalesa Fakeba posan en el estudio El Silencio, en Madrid.
El productor español David Kano y la cantante senegalesa Fakeba posan en el estudio El Silencio, en Madrid.Alfredo Arias / EPS

La niña revolotea por el estudio de grabación mientras su madre busca un asiento donde acomodarse. Hace apenas unas horas que Fakeba ha aterrizado proveniente de Senegal y se encuentra cansada, al contrario que su hija, que se mueve entre instrumentos. La cantante está embarazada de un segundo niño y se excusa en francés al sentarse en un amplio sofá. Toda la energía que desprende esta artista en sus poderosas canciones de electrónica parece ahora aparcada, aunque en sus ojos brilla el orgullo de su origen senegalés y el pundonor de una música sensual y adictiva, una particularísima mezcla de sonidos ancestrales, con bases de electropop, que la han convertido en una de las voces africanas con más proyección de la última década.

Fakeba, de 32 años, está en Madrid para promocionar su nueva colaboración con el productor madrileño David Kano, de 48. Ambos han trabajado juntos en el remix de Dakar, una canción que, con su bombo rock y sus sintetizadores agitadísimos, es una llamada a la pista de baile. “Vi clarísimo que quería trabajar con un productor como David. Era una pieza clave”, dice ella. Kano sonríe y apunta por su parte: “Ha sido un orgullo trabajar con alguien que sale de mi estándar. La canción tiene algo místico. Está cantada con mogollón de fuerza. Tira muy bien sola. Incluso a capela tiraría bien”.

Productor y DJ, Kano es uno de los exponentes más activos a la hora de mezclar electrónica y rock. También se le conoce por su pertenencia a bandas como Cycle o Kracovia, que tanto rompen el molde del rock con sus sonidos bastardos, y estar al frente del club de electrónica, Le Garage, en el centro de Madrid. Los dos charlan en el estudio El Silencio, después de meses de trabajo a distancia en los que él se ha encerrado entre las cuatro paredes de este lugar con un método que consiste en abstraerse de todo: “Generalmente no escucho el tema original. Me pasan todas las pistas y hago un escaneo rápido de la canción”.

El productor españolVDavid Kano y la cantante senegalesa Fakeba posan en el estudio El Silencio, en Madrid.
El productor españolVDavid Kano y la cantante senegalesa Fakeba posan en el estudio El Silencio, en Madrid.Alfredo Arias / EPS

A principios de 2020, la artista senegalesa lanzó Jotna (Iberlive), un álbum con el reputado productor británico John Fryer, conocido por trabajar con Nine Inch Nails y Depeche Mode. Quedó prendado de ella. Jotna la colocó en el punto de mira de la electrónica mundial, pero saltó el coronavirus y todo se detuvo, por lo que ha decidido remezclar algunas composiciones de aquel trabajo. “La gente sigue escuchando música. Es una forma de desestresarse”, señala ella. Este trabajo de remezclas cuenta con la colaboración de David Kano y otros productores españoles, como Helena Gallardo, Paula Cazenave, The Dirty Playerz y Big Toxic, y franceses, como Christian Wünsch. “En mi tierra no hay música electrónica. Por eso es muy importante para mí centrarme en este proyecto. Son sonidos occidentalizados. Al principio, puede parecer que choca, pero, al final, la gente de mi país agradece este tipo de música”, explica la cantante.

Fakeba es fundadora y directora del Electrika Festival en Dakar, en el que reúne a grandes nombres de la música electrónica occidental y los lleva por primera vez al África subsahariana. Su interés por dar a conocer la electrónica no se enfrenta con sus raíces. Canta en wólof, aunque el idioma oficial de Senegal sea el francés. El wólof es la lengua popular de un grupo étnico, que se distribuye entre Senegal, Gambia y Mauritania, y que busca reconocimiento de sus costumbres. La cantante suele destinar parte de sus beneficios para ayudar a los menores de esta región. “La música es universal y puede servir para colaborar”, sentencia Fakeba.

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