Lío en el Louvre de Abu Dabi

El museo, filial de la pinacoteca francesa, se ha visto en el centro de uno de los mayores escándalos de tráfico de obras de arte expoliadas en años.

El sarcófago de la princesa egipcia Henuttawy, en el Louvre de Abu Dabi.
El sarcófago de la princesa egipcia Henuttawy, en el Louvre de Abu Dabi.STEPHANE FRANCES (Only France via AFP)

Algo tan grave ocurre solo en las horas oscuras e incalculables. ¿Cómo el Louvre de Abu Dabi se ha visto atrapado en uno de los mayores escándalos de tráfico de obras expoliadas en décadas? La investigación implica al que fuera responsable del Louvre de 2013 a 2021, Jean-Luc Martinez, quien además era (hasta que fue suspendido) presidente del comité científico de la Agencia Francesa de Museos (AFM, por sus siglas galas), que se ocupaba de autentificar el origen de las piezas. Está acusado de presunta “complicidad en fraude organizado y blanqueo de capitales”. Martinez negaba en mayo estas acusaciones en Art News.

Todo empieza en Francia, pero termina en el Louvre de Abu Dabi. La AFM es responsable de seleccionar las obras en el mercado y comprobar su procedencia antes de ofrecerlas a la rica franquicia de las arenas. Aunque en 2020 —según el periódico Liberation— investigadores franceses encontraron en la AFM “auténtica negligencia profesional” y “transgresión de las reglas deontológicas”. Quizá pesó la urgencia por “completar” las salas.

En 2014 adquirió por 4,5 millones de euros el conjunto funerario de la princesa egipcia Henuttawy. Algunos expertos alertaron de que el sarcófago había sido conservado de una “manera indecente”. El egiptólogo Raphaële Meffre advirtió de que procedía de una zona expoliada en la década de los años diez de este siglo. Luces rojas. Oscuridad. Todavía pertenece a la colección de Abu Dabi. Sin embargo, la Oficina Central Francesa contra el Tráfico Ilegal de Bienes Culturales (OCBC) averiguó que los marchantes que vendieron el conjunto, Christophe Kunicki y su marido, Richard Semper, falsificaron, presuntamente, los documentos de exportación. En junio de 2020 ambos fueron arrestados por tráfico ilegal de cientos de obras procedentes de Oriente Próximo y Medio. El proveedor original —detenido en marzo— era Roben Dib, un comerciante germano-libanés. Los tres defienden su inocencia. Pero las autoridades neoyorquinas confiscaron en junio cuatro antigüedades egipcias del Museo Metropolitano relacionadas con Roben.

El pasado egipcio es como mover grandes sarcófagos de memoria. Durante 2013, Dib y Kunicki vendieron por 355.000 euros, a la galería Phoenix Ancient Art, un retrato funerario de un hombre en un fragmento de momia. La obra la compró un año después el coleccionista suizo Jean-Claude Gandur por un millón. Gandur —que declina hablar con El País Semanal— ha presentado una querella. “Todo es falso, todo ha sido robado; es aterrador”, declaraba en Artnet. El Louvre tampoco participa. En una nota parece recordar, entre líneas, que el arte es gas y petróleo. “Estos recientes sucesos no cuestionan la fuerte relación de confianza entre el Louvre y el Louvre Abu Dabi”. La National Gallery de Londres no acude al debate y el californiano Getty envía 11 páginas con las políticas del museo. “La institución investigará a fondo el historial de propiedad de cualquier propuesta de adquisición de antigüedades”, se lee.

Pero no todo está empapado en esta oscuridad. Italia ha recuperado desde 1969 tres millones de piezas saqueadas. Aunque el Getty aún debería devolverles una estatua en bronce (Juventud victoriosa) de un hombre desnudo. El museo angelino se niega porque sostiene que fue hallada en aguas internacionales. Sobre las buenas intenciones navegan los compromisos mejor que sobre la realidad. Harto de que su patrimonio sean los muros de casas ajenas. El país endurece su frontera. Intentar sacar una obra —resume Laura Gaona, abogada experta en arte— aportando una declaración falsa a la Oficina de Exportación conlleva desde 2022 de dos a ocho años de prisión y una multa de hasta 80.000 euros. Tras medio siglo de esfuerzo, Italia ha abierto en las Termas de Diocleciano (Roma) un Museo de Arte Recuperado. Piezas etruscas, griegas, romanas. El origen del mundo. Courbet estaba equivocado.

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Sobre la firma

Miguel Ángel García Vega

Lleva unos 25 años escribiendo en EL PAÍS, actualmente para Cultura, Negocios, El País Semanal, Retina, Suplementos Especiales e Ideas. Sus textos han sido republicados por La Nación (Argentina), La Tercera (Chile) o Le Monde (Francia). Ha recibido, entre otros, los premios AECOC, Accenture, Antonio Moreno Espejo (CNMV) y Ciudad de Badajoz.

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