Incertidumbre británica en la Costa del Sol

La amplia colonia malagueña procedente de Reino Unido reniega del Brexit, se siente abandonada por su Gobierno y teme futuros problemas

Residentes británicos en una terraza de la cala de Mijas, en Málaga, el 31 de diciembre.
Residentes británicos en una terraza de la cala de Mijas, en Málaga, el 31 de diciembre.Álvaro Cabrera

Cuando a Sharon Hitchcock, de 53 años, le preguntan por las ventajas del Brexit se echa a reír. “¿Ventajas?”, repite entre carcajadas que resuenan con un eco de tristeza e ironía. Nacida en el pueblo de Flint (Gales), lleva 32 años viviendo en España. Concretamente en Mijas, municipio malagueño de unos 80.000 habitantes donde residen casi 8.000 británicos oficialmente, aunque la población flotante casi duplica el número. Cuenta que hasta ahora nunca se había sentido extranjera, pero que a partir del 1 de enero sí lo hará. Trabaja en una inmobiliaria y tiene la residencia permanente, pero el año nuevo solo le trae incertidumbres. Habla de sanidad, cuentas bancarias, el carné de conducir, documentación personal, aduanas, convalidación de títulos académicos, compra de viviendas. “El acuerdo entre Reino Unido y la Unión Europea tiene mucha letra pequeña y me temo que nos traerá muchas sorpresas en forma de problemas”, asegura con, ahora sí, clara desolación.

En España residían 365.000 británicos en 2019. Málaga posee una de las mayores colonias de británicos de todo el país. Los datos del Instituto Nacional de Estadística reflejan que entre los más de 250.000 extranjeros que viven en tierras malagueñas, casi 50.000 son británicos. La mayoría lo hacen en municipios de la Costa del Sol como Fuengirola, Estepona, Marbella, Benalmádena y la propia Mijas. El imaginario colectivo dibuja un perfil de personas que disfrutan al sol de su jubilación, pero más de la mitad tienen edad de trabajar. Ahora se enfrentan con incertidumbre al Brexit mientras se sienten abandonados por el Gobierno de Boris Johnson. Creen que en su país nadie pensó en los expatriados. Eso sí, agradecieron el gesto del embajador británico en España, Hugh Elliott, que envío un mensaje de tranquilidad hace unos días junto a Hana Jalloul, secretaria de Estado de Migraciones. “Sois parte de la familia española”, les tranquilizaba Jalloul.

Giles Brown nació hace 52 años en Stoke-on-Trent, ciudad industrial a mitad de camino entre Birmingham y Manchester, de padre galés y madre escocesa. “Siempre me he sentido europeo y he tenido la suerte de vivir muchos años el sueño de una Europa sin fronteras. Ahora se ha convertido en una pesadilla”, subraya desde su preciosa casa a las afueras de Istán, un municipio con apenas 1.458 habitantes censados. Allí tiene vistas al embalse de la Concepción, a apenas unos minutos de Marbella, con una luz que aún le sorprende y que compara con el gris de sus orígenes. Cree que el Brexit tendrá un importante impacto social en su país y lo define como “un paso atrás” que afectará, especialmente, a las nuevas generaciones. El adiós de las becas Erasmus, cree, es solo el principio.

La calle peatonal de San Miguel, en Torremolinos, una de las localidades malagueñas con más residentes británicos.
La calle peatonal de San Miguel, en Torremolinos, una de las localidades malagueñas con más residentes británicos. Álvaro Cabrera

Muchas de las dudas de la población británica en la Costa del Sol las ha resuelto Bill Anderson a través de su web. La multitud de preguntas que recibía le hicieron poner en marcha el proyecto donde incluye información sobre impuestos, compraventa de viviendas, requisitos o lugares para realizar trámites. Hoy sigue resolviendo dudas desde su puesto como concejal del Partido Popular en Mijas, donde se atrevió a ir con falda escocesa, vestimenta tradicional de su país de origen, el primer día de trabajo. “Ahora muchos estudiarán cuánto tiempo van a pasar aquí, si comprarán la casa que querían o no, si venderán la que tienen… esto va a afectar mucho a Málaga”, opina Anderson. “Yo quiero ser optimista”, apunta su compañera de partido Margarita del Cid, consejera delegada de Turismo Costa del Sol, empresa pública que depende de la Diputación de Málaga, quien espera que el Brexit no acabe con los lazos históricos entre la costa malagueña y Reino Unido. “La relación empezó antes incluso de que naciera la Unión Europea, esperamos que se mantenga ahora”, subraya.

A partir del 1 de enero, los británicos solo pueden pasar 90 días cada 180 en España de manera legal. Si necesitan más tiempo, deberán sacar un visado que solo se obtiene para casos concretos, como los estudiantes. Es un reto para quienes solo viajan a la Costa del Sol a saborear sus inviernos, entre octubre y marzo, sin superar los seis meses que les obligarían a tributar en España. Es por lo que se les conoce como swallows (golondrinas). “Nos ayudan mucho en esos meses de menor presencia turística”, añade del Cid. Para fijar población, la Diputación de Málaga impulsó a principios de 2020 Level Up, campaña para fomentar el empadronamiento de los residentes británicos.

Anne Hernández es la presidenta de la asociación Brexpats in Spain, entidad nacida por la inquietud que generó en los expatriados el resultado del referéndum de verano de 2016. Cuenta con más de 20.000 socios en todo el país que se unieron para defender sus derechos. “El proceso ha generado mucho estrés y ansiedad”, señala Hernández, apuntando a la importancia de la obtención de la tarjeta de identificación de extranjeros (TIE) nueva para ellos o la necesidad de cambiar el carné de conducir por uno español porque, temen, a partir de enero no será solo un canje: deberán hacer un examen en español para obtenerlo. Agradece los esfuerzos de España en estos años mientras se queja de las “falsas y horribles promesas” del Gobierno de Johnson. Cree que la solución a todos los problemas es que existiera un acuerdo entre los países para que sus compatriotas puedan obtener la doble nacionalidad española y británica, que les permitiría ganar derechos. Pretende conseguir representación parlamentaria y que su lucha sea la de todos los expatriados británicos en Europa. Mientras, piensa que 2021 llegará cargado de problemas. “Sigo sin entender por qué alguien votó para perder derechos”, concluye.

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