23-F

23-F: Una crónica en tres actos. Así lo contó EL PAÍS

El fracaso del golpe de Estado agilizó la culminación de la Transición y la consolidación de la democracia

El presidente del Gobierno Adolfo Suárez increpa a los guardias civiles que zarandean al vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado durante el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.
El presidente del Gobierno Adolfo Suárez increpa a los guardias civiles que zarandean al vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado durante el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.MANUEL P. BARRIOPEDRO

En 1981 la joven democracia española se enfrentó a su mayor desafío hasta la fecha: el golpe de Estado del 23 de febrero. El país pasó 18 horas en vilo mientras los 350 diputados del Congreso y el Gobierno en pleno permanecían secuestrados en el hemiciclo por un grupo de guardias civiles que, comandados por el coronel Antonio Tejero, pusieron en jaque a un sistema de libertades aún en construcción. El fracaso del golpe agilizó la culminación de una Transición que aún avanzaba a trompicones y la consolidación de la democracia.

Preludio: Una Transición a trompicones

El país que contempló a 150 agentes de la Guardia Civil a las órdenes del teniente coronel Antonio Tejero asaltar el Congreso de los Diputados era muy diferente a como sería solo un año después. Habían pasado poco más de cinco años desde la muerte del dictador Francisco Franco, en noviembre de 1975, y dos desde la aprobación de la Constitución de 1978, y España vivía una situación política y socioeconómica inestable que impedía que se consolidara el profundo cambio que necesitaba el país.

La situación económica era muy complicada. La segunda crisis del petróleo, iniciada en 1979 por la revolución iraní y el inicio de la guerra entre Irán e Irak, provocó que España cerrara el año 1980 con un 14% de paro. Casi dos millones de desempleados en un país de 37,6 millones de habitantes, y con una tasa de desempleo juvenil que superaba el 30%. Entre julio de 1980 y el mismo mes de 1981 el paro aumentó un 46% y la inflación, que a finales de 1980 era ya del 15%, se incrementó en un 5,8%.

La violencia política había alcanzado en 1980 sus máximas cotas, con 132 asesinatos. Las tres ramas de ETA (la militar, la político-militar y los comandos autónomos) asesinaron a 95 personas, el mayor número de víctimas en un solo año de su historia, y provocaron más de 200 atentados. Los objetivos principales de ETA eran policías, guardias civiles y militares, y esto aumentó la desafección de unas fuerzas de seguridad que veían como cada 60 horas moría una persona en España. Además, el terrorismo de ultraderecha campaba a sus anchas. Grupos como el Batallón Vasco Español o la Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista) acabaron con la vida de 28 personas. Para completar estas macabras cifras, el grupo de ultraizquierda GRAPO asesinó a seis personas en 1980.

El Gobierno de Adolfo Suárez, presidente desde julio de 1976 e impulsor de las principales reformas que facilitaron la llegada de la democracia, vivía una honda crisis que obligó a una fuerte remodelación del Ejecutivo en mayo de 1980. Ese mismo mes sufrió la moción de censura fallida del PSOE de Felipe González y en septiembre se vio obligado a una segunda reestructuración aun más profunda. Suárez, cada vez más discutido en el seno de su partido, la Unión de Centro Democrático (UCD), dimitió el 29 de enero de 1981. Dos días después, el periodista Emilio Romero publicaba en Abc un duro artículo contra el ya expresidente y proponía al general Alfonso Armada, futuro golpista, como sucesor. Al mismo tiempo, el diario ultraderechista El Alcázar publicaba artículos que reclamaban una “solución salvadora” para España.

Esta situación, unida a la nostalgia franquista que existía en amplias capas del Ejército, avivó el ruido de sables. En noviembre de 1978, un mes antes de aprobarse la Constitución, se había desarticulado la Operación Galaxia, un plan que consistía en que un grupo de agentes de la Guardia Civil tomase el palacio de la Moncloa y en el que estaba involucrado el teniente coronel Tejero, que fue condenado a siete meses de prisión. Cumplida la pena y repuesto en su destino y cargo en el instituto armado, Tejero comenzó a participar en la conspiración que desembocaría en el 23-F.

El 23 de febrero de 1981, a las seis de la tarde, comenzaba en el Congreso de los Diputados la votación para la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo, de UCD, como nuevo presidente del Gobierno, en sustitución del dimitido Adolfo Suárez. A las 18.23, un grupo de 150 guardias civiles comandados por Tejero irrumpieron en el Congreso y secuestraron a los parlamentarios y al Gobierno. Durante las 18 dramáticas horas que siguieron, EL PAÍS publicó siete ediciones que sirven como guía para ilustrar el desarrollo de la intentona golpista.

Acto principal: El Día D de la Transición

23 de febrero de 1981, 21.00: Poco más de dos horas después de la irrupción de los golpistas en el Congreso, EL PAÍS publicó la histórica portada que remarcaba el compromiso del periódico con la reciente Constitución y su rechazo al golpe de Estado. En esta edición, se hace referencia a la irrupción de los golpistas en el Congreso, al secuestro de los parlamentarios y al hecho de que solo Adolfo Suárez y su vicepresidente, Manuel Gutiérrez Mellado, habían permanecido sentados en sus asientos. Además, destaca que el capitán general Jaime Milans del Bosch ha decretado el toque de queda en la Región Militar de Valencia y que asume todo el poder hasta que el Rey se pronuncie sobre el golpe. También apunta a la toma del edificio de RTVE por parte de efectivos del Ejército.

24 de febrero de 1981, 1.00: En esta segunda edición se remarca ya que el intento de golpe se encuentra “en vías de fracaso”. En las horas que transcurrieron entre la primera y la segunda portada, el general Milans del Bosch había desplegado los tanques por Valencia e incluso una columna blindada se dirigió a la base aérea de Manises para convencer a su comandante de que se sumase al golpe, aunque este se negó. Además, se había creado un Gobierno provisional, presidido por Francisco Laína, el director de Seguridad del Estado, por decisión del Rey, mientras el Ejecutivo estaba secuestrado en el Congreso. Los generales golpistas Armada y Topete llegan al Parlamento para entrevistarse con Tejero, aunque solo el primero permanecerá en su interior. A esta hora ya se había anunciado que Juan Carlos I se dirigiría en un mensaje televisado a la nación, lo cual se produciría solo unos minutos después de que esta edición se publicase.

24 de febrero de 1981, 2.00: El mensaje del Rey se emitió a la 1.14 y en él Juan Carlos I ordenó el mantenimiento del orden constitucional. “La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum”, señaló el Rey, en un histórico discurso que supuso el freno definitivo para la intentona golpista. Esta tercera edición hace referencia también a que, tras el mensaje de Juan Carlos I, Milans del Bosch ha retirado a las tropas de las calles de Valencia y a que fuerzas “leales a la autoridad constitucional” de la Policía Nacional y la Guardia Civil han rodeado el Congreso para pedir a los golpistas “que depusieran su actitud”.

24 de febrero de 1981, 4.00: Esta cuarta edición incide en que el intento de golpe se encuentra en vías de fracaso y que la situación “es normal en todo el país”, pese a que los parlamentarios siguen siendo rehenes de Tejero. El general Armada abandonó el Congreso tras el discurso del Rey y Don Juan Carlos envió un télex a Milans del Bosch a las 2.30 en la que se reafirma en su decisión de mantener el orden constitucional vigente. “Juro que ni abdicaré la Corona ni abandonaré España. Quien se subleve estará dispuesto a provocar una guerra civil y será responsable de ello”, dijo el Rey al militar golpista.

24 de febrero de 1981, 7.00: En esta quinta edición se hace referencia a la detención del líder ultraderechista, Juan García Carrés, líder de la Confederación Nacional de Excombatientes y responsable de la trama civil del golpe. Fue la persona encargada de adquirir los autobuses que transportaron a los guardias civiles golpistas al Congreso y facilitó las conversaciones entre Tejero y Milans del Bosch. Además, una hora antes de que esta edición se publicara, Milans emitió un bando en el que dejaba sin efecto el estado de excepción en Valencia.

24 de febrero de 1981, 12.00: Es la primera edición publicada tras la salida de los diputados del Congreso, que se produjo entre las 10.00 y las 12.00, y en la portada se menciona el “fracaso definitivo del golpe de Estado”. También se hace referencia a la rendición de varios grupos de guardias civiles, que se entregaron a las autoridades. En esta edición se relata también el enfrentamiento, minutos antes del inicio de la liberación de los diputados, de Manuel Fraga, líder de Alianza Popular, el diputado de UCD Joaquín Satrústegui y el ministro de Cultura, Íñigo Cavero, con el coronel Tejero.

24 de febrero de 1981, 13.00: La séptima y última edición de EL PAÍS en esta jornada dramática se publicó solo media hora después de que el coronel Tejero se entregara a las autoridades y abandonara el Congreso junto con el resto de guardias civiles implicados en la intentona. Además, se anuncia que la investidura de Calvo-Sotelo como nuevo presidente del Gobierno, interrumpida por la asonada, se reanudará el día 25 de febrero. El golpe de Estado había fracasado.

Epílogo: Un impulso para la Transición

El fracaso del 23-F agilizó la culminación de la Transición y consolidó a la joven democracia española. Solo un día después del golpe, el nuevo presidente, Leopoldo Calvo-Sotelo, anunció su intención de aprobar la entrada de España en la OTAN, que llegaría en mayo de 1982, aún bajo su mandato. La adhesión de España a esta alianza militar supuso el inicio de un proceso de modernización y democratización del Ejército que contribuyó a acallar el ruido de sables.

Pocos meses después del 23-F, en junio de 1981, se aprueba la Ley del Divorcio, después de duras negociaciones y de una división en el seno de la UCD, ya que el sector democristiano llegó a pedir la dimisión del ministro de Justicia, Francisco Fernández Ordóñez, impulsor de la norma. Coalición Democrática, el grupo en el que se integraba la Alianza Popular de Fraga con otros partidos conservadores, votó en contra. Además, el 10 de septiembre de 1981 se producía un importante hecho simbólico con el regreso del Guernica, de Pablo Picasso, a España, después de más de 40 años fuera del país.

El final del ruido de sables se unió a la desactivación del terrorismo de ultraderecha. Durante los años 1981 y 1982 cesaron su actividad el Batallón Vasco Español, la Triple A y los Guerrilleros de Cristo Rey. Además, el partido neofranquista Fuerza Nueva, que en 1979 había obtenido un diputado en el Congreso, se disolvió en noviembre de 1982, tras no revalidar el resultado en las elecciones de octubre. El mismo destino corrió el partido Solidaridad Española, que presentó en esas elecciones al ya convicto coronel Tejero como candidato, con el polémico lema ¡Entra con Tejero en el Parlamento!, y que obtuvo un 0,14% de los votos.

El terrorismo de ETA, sin embargo, siguió golpeando. Aunque el número de víctimas mortales se redujo a menos de la mitad en 1981, y nunca volvería a alcanzar las cifras del annus horribilis que fue 1980, la actividad sangrienta de la banda continúo una vez consolidada la democracia y se extendió 30 años más, hasta el cese definitivo de la actividad armada de octubre de 2011. En total, 854 asesinados y 3.000 atentados que dejaron una honda marca en la convivencia. Otros grupos de ultraizquierda, como los GRAPO, vieron reducida su capacidad operativa durante los años que siguieron al 23-F, pero, con todo, acabaron con la vida de 10 personas hasta su último atentado en 2006.

El 28 de octubre de 1982 el PSOE ganó las elecciones generales y España tuvo un Gobierno de izquierdas por primera vez desde la Guerra Civil. La llegada al poder de Felipe González, que trajo consigo la aprobación de la Ley del Aborto en 1985 o la entrada en la Comunidad Económica Europa (CEE) en 1986, supuso la culminación simbólica de una Transición hacia la democracia que se tambaleó durante 18 horas dramáticas aquel 23 de febrero.

Más información

Lo más visto en...

Top 50