40 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO

Milans del Bosch: “Armada me dijo: ‘No puedo parar a Tejero. Esto se hace”

EL PAÍS reconstruye la preparación y ejecución del golpe con los documentos e interrogatorios del sumario del 23-F

El general Alfonso Armada, llevado del brazo por el gobernador civil de Madrid, Mariano Nicolás García, a su salida del Congreso el 24 de febrero de 1981 tras el fracaso del golpe de Estado.
El general Alfonso Armada, llevado del brazo por el gobernador civil de Madrid, Mariano Nicolás García, a su salida del Congreso el 24 de febrero de 1981 tras el fracaso del golpe de Estado.Marisa Flórez

Casi 13.000 folios tratan de explicar las 18 horas en las que España contuvo la respiración esperando a un supuesto elefante blanco. Las páginas del sumario de la causa abierta por el Consejo Supremo de Justicia Militar tras el intento de golpe de Estado de 1981, al que ha tenido acceso EL PAÍS, permiten oír a los protagonistas desde dentro del hemiciclo y reconstruir el 23-F desde las reuniones preparatorias. “El general Armada me dijo que no tenía que haber derramamiento de sangre bajo ningún concepto. Que una vez que entráramos, el grito debía ser ‘¡Viva el Rey! ¡Viva España!’ y que en todo momento debía hacer saber a los diputados que estábamos a las órdenes del Rey”, declaró el teniente coronel Antonio Tejero en los primeros interrogatorios. “Íbamos a estar solos durante dos horas. Entonces llegaría la autoridad militar competente”, añade en su declaración. Pero el golpe blando se torció y se alargó. La instrucción judicial revela por qué.

Los antecedentes

El 25 de febrero de 1981, en Alcalá de Henares, el teniente coronel Antonio Tejero, de 48 años, responde a las preguntas de la justicia militar. No es la primera vez. Ya ha sido condenado a siete meses de prisión por conspiración para la rebelión (por su participación en otro plan de golpe de Estado en 1978 con la Operación Galaxia), y en uno de los interrogatorios por el 23-F explicará que desde que abandonó la cárcel, en mayo de 1980, procuraba “mantener contacto con militares con una preocupación parecida”, como el teniente general Jaime Milans del Bosch. Este mantiene a su vez conversaciones similares con el general Alfonso Armada, “y por ellas”, insiste una y otra vez en los interrogatorios, “suponía que era con conocimiento de su Majestad”. Armada llevaba desde 1955 junto a don Juan Carlos, del que había sido preceptor, y culpaba a Adolfo Suárez de su relevo como secretario del Monarca.

“El Rey está harto de Suárez”

El 10 de enero de 1981 se reúnen en Valencia. “Armada”, relata Milans, “dijo que el Rey estaba ya harto de Suárez y que estaba viendo la posibilidad de cambiarlo como presidente. Que no encontraban ninguno idóneo. Que el Rey se inclinaba por un gobierno de civiles y la Reina, al parecer, por uno de militares. Que hablaron también de la posibilidad de que hubiera alguna acción violenta, a lo que el Rey había dicho, exactamente, que ‘habría que ver la forma de reconducirla”. Preguntado por el fiscal por si en su reunión con Armada se habló de la ocupación del Congreso, Milans contesta que sí, pero que había soluciones menos violentas, esto es, que Armada presidiera un nuevo Gobierno.

Tejero afirma en los interrogatorios que apenas unos días antes del golpe se reunió con Armada en un piso de Madrid. “Sale vestido de gris, creo, elegante. Me pregunta si toda la operación está a punto. Yo le digo que sí, que está dispuesto para tomar el Congreso el lunes sobre las 18.15 o 18.30. Me responde que a las 18.10, que en estas operaciones cuentan hasta los segundos. Me dice que el Rey estaba plenamente convencido de la necesidad de esta acción, pero que no obstante, como es algo voluble, su puesto de mando, el del general Armada, estaría a partir de la hora de la toma del Congreso en La Zarzuela, junto al Rey [no fue así y cuando pidió ir, se le negó el permiso]. Me abrazó deseándome suerte y me recalcó varias veces que esto era en defensa de la democracia”.

Milans, por su parte, afirma ante la justicia militar que, tras la dimisión de Suárez, cuando el Rey dio “el nombre seguro de Calvo- Sotelo como presidente del Gobierno y el de Oliart como ministro de Defensa”, le pareció “una buena solución”, pero que Armada le dijo: “No he podido parar a Tejero, esto se hace”.

“Por respeto a Gutiérrez Mellado, los guardias retrocedían”

A las 18.24 del 23-F, Tejero irrumpe en el Congreso. “Como había revuelo entre los diputados disparé al aire un tiro, acompañado, como había ordenado, por una ráfaga al techo de los dos guardias encargados de ejecutarla. Mandé alto el fuego y entonces fue cuando dije: ‘Estoy a las órdenes del Rey y del general Milans del Bosch’. Ante la actitud del teniente general Gutiérrez Mellado, al enfrentarse con gran nerviosismo y observar que los guardias civiles, por respeto a su autoridad, retrocedían”, prosigue Tejero, “bajé del estrado y agarrando al teniente general, intenté mediante una zancadilla tirarle al suelo, para evitar que la fuerza que me secundaba perdiera la moral”.

Lleva meses preparando el asalto. “Hice innumerables fotografías de todas las esquinas del Parlamento, conseguí información de todas las medidas de seguridad y protección, y una vez finalizado el proyecto se lo comenté al teniente general Milans, que me citó el día 18 de enero [de 1981]”. Le habían insistido en que el “factor sorpresa” era “fundamental” y por eso Tejero había comprado en diciembre seis autobuses de 50 plazas cada uno así como gabardinas en el Rastro para trasladar a 288 guardias civiles sin llamar la atención. Asegura que la adquisición, “por unos tres millones de pesetas”, se financia con el dinero en metálico procedente de la herencia de una tía de su mujer, y que “por si no alcanzaba”, él había solicitado cuatro pagas por adelantado “con la confianza” de que se le iba a devolver una vez triunfara el golpe. Al abogado al que encarga las gestiones, para las cuales dice que falsifica la firma de su esposa, le asegura que los autobuses son para una familia vasca que quiere invertir “para librarse del impuesto revolucionario”. El abogado le advierte que los autocares son “de tercera mano”, pero que “andar, andan”.

Antes del asalto ha explicado a Milans, quien se describe como “monárquico visceral”, que él no lo es. Que sobre todo le preocupa “la blandura contra el terrorismo”. Ante el instructor asegura que le prometen “congelar el marxismo” y por eso, dice, cuando Armada entra en el Congreso tras pronunciar la contraseña “duque de Ahumada” y le propone su plan, se siente “traicionado”.

Un avión para huir al extranjero

Para entonces, José Gabeiras, jefe del Estado Mayor del Ejército, ya ha sido informado de que “la actuación del general Armada [que tiene al lado] no está clara” –será el que le comunique su arresto a las 15.00 del 25 de febrero-. Ante el juez militar, Gabeiras asegura que se autorizó a las 23.40 a Armada a reunirse con Tejero “con el único propósito de negociar su entrega, prometiéndole un avión para salir al extranjero con su familia” y “con la prohibición absoluta de expresar su oferta de presidir el Gobierno”. En una declaración que lleva impreso un sello de “secreto”, un general asegura que Armada les dijo: ‘Ya sabéis que no soy amigo de blandenguerías, pero en este caso creo que debería ofrecerse un avión a Tejero para evitar mayores males a los diputados”. Tejero rechazó la oferta. Según Armada, dijo que en los aviones se mareaba.

Armada y Tejero discuten “hora y media” en el Congreso. El primero pide a Tejero, según la declaración de este, que le deje hablar con los diputados para explicarles su plan de Gobierno. Pero el teniente coronel quiere conocerlo de antemano. Le pregunta si va a ser de militares, si va a “ilegalizar el marxismo”, modificar la Constitución en lo referido a las comunidades autónomas, y qué medidas piensa tomar contra el terrorismo. Armada le contesta, según su relato, que el Partido Comunista seguirá siendo legal, que intentará traerse a Milans como jefe del Estado Mayor del Ejército más adelante y que las medidas contra el terrorismo “ya se verían”. Tejero dice que para eso no ha asaltado el Congreso y le impide entrar en el hemiciclo. Cita varios nombres del supuesto Gobierno que propone Armada, y en el que figuran entre otros, Felipe González, Enrique Múgica y Jordi Solé Tura.

“Aguanta, Antonio”

Tejero habla entonces con el ultraderechista Juan García Carrés, que será el único civil condenado por el 23-F. La transcripción está incluida en el sumario:

García Carrés: ¿Cómo ha ido esa conversación? ¿Alfonso también?

Tejero: “Sí, quería hacer una chapuza el tío. Quería… (ininteligible) Carrillo y el ministro no sé qué.

García Carrés: No cuelgues, eh.

Tejero: No cuelgo, estoy pasando un rato cabrón.

G.C: Villaviciosa y Pavía va a salir. Aguanta.

Tejero: ¿Pero cómo que aguante? ¿Tú te crees que aquí no aguantamos? ¡Leche! ¿Cómo vamos a salir con lo mal que se está fuera ahora de noche con el frío que hace? Pues claro que aguantamos hasta que vengan los regimientos.

G.C. La victoria es para España, ánimo, ánimo y ánimo. Los hombres de honor sabrán corresponder todo esto.

Tejero: Juanillo, no me hagas propaganda, coño.

Carrés le informa de que su mujer está muy preocupada. “¿Qué le pasa a mi niña?”, pregunta de repente el teniente coronel. Se la pone a través de otro teléfono. “No, hombre no, no va a haber sangre, hija mía. No te preocupes. ¿Qué te quiero muy poco?” Y se ríe.

El jefe del Estado Mayor recuerda que Armada regresó a las 2.40 para contar su fracaso con Tejero. “No ha logrado convencerle a pesar de ofrecerle todo tipo de garantías, llegando a manifestar que estaba dispuesto a morir en el Congreso convirtiéndolo en un santuario de la Cabeza” [en alusión al episodio de nueve meses de asedio de tropas republicanas a guardias civiles durante la Guerra Civil al santuario de la Virgen de la Cabeza, en Jaén], afirma ante el juez instructor.

Milans intenta también convencerle por teléfono, pero este le dice que aquello es “un pasteleo”. Para entonces ya ha hablado con el Rey –lo hará tres veces esa noche-, quien le ha ordenado que retire a las tropas y el bando de guerra. Cuando el instructor le pregunta si no advirtió que su bando era “análogo al del general Mola en julio de 1936”, el teniente general dice: “No lo pensé así. Los bandos militares se parecen mucho, pues naturalmente existe una unidad de doctrina, máxime si se han leído muchos documentos de ese tipo y quedan en la memoria”.

La rendición

A las 10.40 del 24 de febrero, Tejero telefonea al segundo jefe de Estado Mayor de la III Región para comunicarle que está dispuesto a entregarse y que quiere ver a Armada. En el sumario se incluye el papel donde anotan las condiciones: “No responsabilidades de teniente para abajo. Ningún fotógrafo. Los oficiales que se sancionen irán a prisiones militares”.

Armada niega haberse reunido con Tejero para hablar del golpe. Para comprobar su coartada son interrogados desde su hija hasta la asistenta, y personas con las que coincidía en misa. Admite que en el Congreso intentó plantearle “una propuesta arriesgada, pero constitucional” y que siempre “a título personal”. También reconoce contactos previos con políticos, como Enrique Múgica (PSOE) –ante el juez instructor, citado como testigo, el político admitió una reunión en octubre de 1980, de tres horas y media con Armada, de la que informó a Felipe González y en la que aseguró que no se había hablado de un nuevo Gobierno-. Preguntado, finalmente, por si era él el famoso elefante blanco, Armada contesta: “Me da la risa”.

El Consejo Supremo de Justicia Militar condenó a 22 de los 33 procesados, absolviendo por falta de pruebas, entre otros al comandante José Luis Cortina, del Cesid, que según Tejero, le citó antes del golpe presentándose como “el hombre de confianza de Armada” para desearle suerte y comunicarle que ya estaban preparados “numerosos decretos leyes que entrarían en vigor después de la operación”. Milans y Tejero recibieron penas de 30 años por rebelión militar y Armada, seis por conspiración para la rebelión. Pero el Supremo elevó un año después considerablemente las condenas. En el caso de Armada, al que acusó de un “doble juego” y de ser “el principal beneficiario” de la rebelión, hasta los 30 años. También condenó a ocho tenientes de la Guardia Civil que habían sido absueltos. La sentencia establece que “el impulso regio no fue más que una fabulación de los principales rebeldes, que les sirvió para la ejecución de sus planes, sumando voluntades, disipando recelos y dándole apariencia de legitimidad a lo que sólo era un delito de rebelión militar”.

Milans salió de la cárcel en 1990. Tejero, en 1996, Armada fue indultado y quedó en libertad en 1988. El Supremo alegó, entre otros, motivos de salud. El Rey firmó la propuesta de la medida de gracia el día antes de Nochebuena. Armada falleció en diciembre de 2013, a los 93 años.

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