La Historia divide a la mayoría del Gobierno

Los aliados del Gobierno sostienen que se oculta la verdad sobre el 23-F. Unidas Podemos votará a favor de retirar la inviolabilidad al Rey

El Rey y el presidente del Gobierno, antes del acto de este martes en el Congreso.
El Rey y el presidente del Gobierno, antes del acto de este martes en el Congreso.Chema Moya (EFE)

Cuando el reloj marcaba las 18,23 de la tarde, la presidenta del Congreso interrumpió brevemente el pleno que se celebraba este martes. “Señorías, a las 18,23 del 23 de febrero de 1981, se producía el intento de golpe de Estado en esta Cámara”, anunció Meritxell Batet con ese tono de firmeza y frialdad que la caracteriza. “Tal y como hemos hecho esta mañana en un acto con Su Majestad el Rey, quiero recordar y poner en valor cómo vencieron la Constitución y la democracia”. La mayoría del hemiciclo se puso en pie para ovacionar el momento. Otra parte más pequeña, la que normalmente apoya al Gobierno, se quedó sentada. Concluido el aplauso, de este último sector salió la diputada de ERC Carolina Telechea, para subirse a la tribuna e iniciar una diatriba contra la “Monarquía corrupta”.

Así fue el día del aniversario del 23-F en el Congreso, un viaje entre los reconocimientos institucionales por el triunfo de la democracia y los manifiestos para deplorar el “régimen del 78”. En cierta medida, resultó también un viaje hacia atrás, a los viejos tiempos del bipartidismo, con el PSOE y el PP unidos en la conmemoración de la derrota de los golpistas y, frente a ellos, los socios del Gobierno sosteniendo que no se ha contado la verdad de lo ocurrido hace 40 años. Y en medio, Pablo Iglesias, “haciendo equilibrios”, según le reprocharía más tarde el diputado de Junts Jaume Alonso-Cuevillas

En vídeo, Meritxell Batet interrumpe el pleno del Congreso a la misma hora en que tuvo lugar el golpe de Estado hace 40 años.KIKO HUESCA / VÍDEO: EFE

El vicepresidente segundo, al contrario que todos los nacionalistas e independentistas, sí asistió al acto con el Rey “por respeto institucional” — “somos enormemente institucionales”, aseguró — pero no aplaudió el discurso. Estuvo presente en la conmemoración, pero dijo que hubiese preferido, en lugar de un “acto suntuoso”, que se cuente a los españoles “lo que realmente pasó”. Saludó cortésmente a Felipe VI, trajeado, con corbata y portando una insignia de la Unión Militar Democrática (UMD) para homenajear a esos oficiales del Ejército “humillados” por enfrentarse al franquismo. De forma indirecta —y en contra también de lo defendido por los aliados exteriores del Gobierno— vino a reconocer el papel de Juan Carlos I en el fracaso de la conjura de Armada, Miláns y Tejero, pero no dejó de reivindicar la República. El lugar donde el líder de Unidas Podemos atendió a los periodistas, antes de entrar al acto oficial, en la calle Zorrilla, una de las que da a la parte trasera del palacio de las Cortes, ofreció otra escena cargada de poder metafórico: el vicepresidente hablando a las puertas mismo de la institución, pero sin acabar de entrar en ella.

Iglesias expuso su tesis sobre el 23-F. El golpe fracasó no porque la mayoría de los militares respetasen la democracia, sino porque respetaban al Rey. “Por lo tanto, si los españoles querían democracia, tenían que aceptar al Rey”, opinó. Nada de eso está vigente hoy. “40 años después, la Monarquía ya no es una condición de posibilidad de la democracia”, concluyó. De ahí que su formación, “desde la cautela y el respeto institucional”, apueste por un “horizonte republicano”. Para ponerlo de manifiesto el socio minoritario del Gobierno acabó el día anunciando su apoyo a una iniciativa de ERC que pide retirar la inviolabilidad al Rey.

Antes de la llegada de Felipe VI y de que hablara Iglesias asediado por la prensa, una buena parte de los aliados del Ejecutivo había montado una` especie de contraacto. No pudo ser en un marco solemne como el salón de Pasos Perdidos que acogió al Monarca y demás autoridades, sino en el más prosaico de la sala de prensa del Congreso. Allí se presentaron los portavoces de ERC, EH Bildu, Junts, PDeCAT, CUP y BNG para explicar porque no acudían a la celebración y lanzar un manifiesto en el que denuncian el 23-F como una “operación de Estado” para “blindar el régimen del 78”. “El Estado español sigue sustentado en los mismos estamentos políticos, judiciales, policiales y monárquicos que hace 40 años”, sostiene el escrito. Ninguno fue tan lejos como Néstor Rego, del BNG, quien afirmó que “hay evidencias de la implicación de Juan Carlos I en el golpe de Estado”.

Otros socios de la mayoría gubernamental como el PNV y Más País no se sumaron a la iniciativa, aunque compartan una de sus demandas: que se desclasifiquen los documentos sobre el 23-F. Aitor Esteban, el portavoz de los nacionalistas vascos, declaró que el golpe continúa sumido en una “bruma informativa” y criticó que la Mesa del Congreso no acabe de agilizar la tramitación de una iniciativa suya para reformar la Ley de Secretos Oficiales. Se le sumó Íñigo Errejón, quien apeló a la “madurez” de los españoles para dejar de presentar el intento de golpe como un “cuento palaciego” en el que “participaron cuatro o cinco personas”.

Tras el acto con el Rey, había Pleno del Congreso y en su orden del día figuraba una iniciativa para prolongar aún más el debate: una propuesta de ERC para instar al Gobierno a iniciar los trámites a fin de reformar la Constitución y retirar la inviolabilidad al Rey. Ahí salieron de nuevo todos los aliados del Gobierno para afear al PSOE que su ideario republicano no se corresponda con sus actuaciones. “Son ustedes como el vegano que se come un chuletón”, ironizó Jon Iñarritu, de EH Bildu. Sobre la cuestión monárquica, las dos formaciones del Ejecutivo ya han pactado que asumen sus discrepancias, de ahí que no sorprendiese el anuncio de Unidas Podemos de que votará a favor de la iniciativa de ERC. Lo explicó Jaume Asens, en un discurso en el que se sumó a los que ponen en duda el papel de Juan Carlos I en el 23-F. El PSOE marcó también distancias aunque en sentido contrario. “Nosotros no alimentamos la confrontación ni ponemos en entredicho las instituciones”, dijo la diputada Rafaela Crespín. Pero se cuidó de no aclarar quien lo hace, según ella.

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Xosé Hermida

Es corresponsal parlamentario de EL PAÍS. Anteriormente ejerció como redactor jefe de España y delegado en Brasil y Galicia. Ha pasado también por las secciones de Deportes, Reportajes y El País Semanal. Sus primeros trabajos fueron en el diario El Correo Gallego y en la emisora Radio Galega.

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