“Corinna Larsen quiso usar el Palacio Real para una conferencia de lujo”

Exministros del PP y del PSOE explican por qué la relación de don Juan Carlos se convirtió en un “asunto de Estado”

Corinna Larsen, durante su declaración ante el juez por videoconferencia desde Londres el pasado enero.
Corinna Larsen, durante su declaración ante el juez por videoconferencia desde Londres el pasado enero.Europa Press

“En 2006, Corinna Larsen intentó que se celebrara, ni más ni menos que en el Palacio Real, una conferencia internacional contra la falsificación de artículos de lujo”. Un exministro socialista pone este ejemplo para ilustrar cómo la relación entre don Juan Carlos y Corinna Larsen se convirtió en “asunto de Estado”. “Quería aprovechar la imagen del Rey. Decía que necesitaba apoyo oficial, pero el Gobierno no se dejó convencer. Ahí ya empezábamos a saber algo de Corinna. El Palacio Real se puede prestar a una conferencia de paz de Oriente Medio, pero no para que una mujer gane dinero. Cuando vio que aquí no tenía futuro desde el punto de vista de gestión de influencias con el Gobierno, y ahí incluyo a los de Zapatero y los de Rajoy, enfocó sus negocios al extranjero”, añade.

Don Juan Carlos instaló a su amante en un chalé reformado durante sus años de relación en la finca conocida como La Angorrilla, próxima a La Zarzuela. “Le gustaba invitar a ministros casados en segundas nupcias para que cenaran allí con ellos”, recuerda un exministro de José Luis Rodríguez Zapatero. José Manuel García Margallo, titular de Exteriores entre 2011 y 2016, se reunió allí dos veces con Corinna y don Juan Carlos. “El Rey me dijo: ‘Creo que tendrías que conocerla. Vente a comer”, recuerda. “La conocí como la conocieron otras muchas personas. Yo quería saber dónde nos estábamos moviendo. Siendo monárquico y miembro del Gobierno no puedes decir ‘no quiero enterarme de lo que está pasando’. Mi preocupación era el propio Rey, que nadie se aprovechase de él”, relata.

Hablaron en inglés durante cerca de una hora. “Me dio unos papeles que ojeé luego en el coche, unos informes que había hecho ella, muy genéricos, sobre Oriente Medio, Europa… En las reuniones no hablamos de nada muy concreto. A mí no me parecía prudente profundizar en ningún tema político y ninguno lo hizo. En aquel momento, no tenía elementos de juicio para pensar que era una comisionista. Se veía que tenía mucho conocimiento del mundo social. De hecho, luego fue asesora del Principado de Mónaco. No intercambiamos teléfonos, aunque recuerdo que en Navidad me mandó unos huevos de Pascua. Luego hablé con Rajoy. Le dije: ‘He conocido a Corinna. Me pareció una mujer culta y muy atractiva’. Pero a raíz de esas reuniones no se hizo ninguna gestión. El Estado no necesitaba nada de Corinna”, zanja Margallo.

Más adelante, en una rueda de prensa posterior a un Consejo de Ministros, los periodistas preguntaron a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría si el Gobierno había hecho alguna gestión con o para Larsen. “Con gran sorpresa”, relata Margallo, “Soraya me pasó la pregunta y yo dije que el Ministerio de Asuntos Exteriores no le había encomendado nada y que si algún otro departamento lo había hecho, yo no estaba en condiciones de saberlo. A Soraya no le gustó nada la respuesta, ¿pero qué iba a decir? Yo, de lo que sí era consciente, y por lo que estaba preocupado, era por la reina Sofía, por la que tengo un gran afecto. La familia real tiene que ser ejemplar, es su valor, y un divorcio hubiese sido muy mal entendido. El tema mercantil ni lo sospechaba, pero eso sí nos preocupaba mucho, aunque nunca le dije al Rey ‘no te divorcies’. Cualquiera que lo conozca sabe que si le dices eso, sales por la ventana”.

Todos los ministros consultados, tanto del PP como del PSOE, admiten que esa relación, “a diferencia de otras anteriores”, alarmó al Ejecutivo. “Corinna no era la primera. El Rey ha tenido varias parejas, mujeres muy discretas y conscientes de que su conducta podía perjudicar a la institución. Corinna rompió ese esquema. Empieza a hacer negocios utilizándole a él y eso enciende las alarmas del Gobierno”, rememora otro ministro de Rajoy. “Lo que pensábamos es que ella le utilizaba, no que el Rey se estuviera beneficiando económicamente”.

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En este contexto, el director del CNI, Félix Sanz Roldán, se desplazó a Londres en 2012 para pedirle a Corinna que dejara de ver al Rey. Los ministros consultados coinciden en que la operación fue una chapuza. “Si de mí hubiese dependido, a la reunión con Corinna no hubiese asistido ningún alto cargo”, afirma José Bono. “Pero aún en el caso de que hubiesen considerado necesario ese contacto ¿por qué mandar al jefe de los servicios secretos?”, se pregunta. El episodio llegó a juicio el pasado enero. Sanz Roldán denunció por injurias al comisario jubilado José Manuel Villarejo, quien aseguró que el jefe del CNI había amenazado a la examante del Rey. La querella provocó que el juez citara a declarar por videoconferencia a Larsen, quien aseguró haberse sentido “aterrorizada” por la visita de Sanz Roldán. Villarejo fue finalmente absuelto.

Sobre la firma

Natalia Junquera

Reportera de la sección de España desde 2006. Los jueves publica una columna en Madrid, Kilómetro cero. Durante la semana comenta las redes sociales en Anatomía de Twitter y realiza entrevistas para la serie Conversaciones a la contra. Especialista en memoria histórica, ha escrito dos libros, Valientes y Vidas Robadas (Aguilar).

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