El Rubio y sus precoces subordinados en el narco de Algeciras

Cae una banda de 37 traficantes, integrada por menores de edad que llegaron a ser jefes de las periódicas y prolíficas descargas de hachís en el Campo de Gibraltar

Agentes de la Policía en un registro de la vivienda del líder de la banda de El Rubio, en Algeciras (Cádiz).
Agentes de la Policía en un registro de la vivienda del líder de la banda de El Rubio, en Algeciras (Cádiz).POLICÍA NACIONAL (Europa Press)

El hijo de Agapito, alias el Rubio, cumplió 18 años hace un mes con la teoría y práctica ya bien adquirida de coordinar a la perfección una descarga de hachís. Que el vástago menor de edad de un supuesto narco del Estrecho conozca, se vanaglorie y hasta juegue al oficio de su padre no es nuevo; el negocio se nutre de las nuevas generaciones. Pero la banda de El Rubio decidió ir más allá y entregarle el mando de sus alijos periódicos de hachís por las costas de Algeciras a chavales de entre 14 y 18 años. Este miércoles se ha presentado en rueda de prensa la Operación Tuerka, un dispositivo de más de 250 personas por el que se detuvo, el pasado día 14, a 37 integrantes de esta mafia. De ellos, tres eran menores, aunque la Policía Nacional, Vigilancia Aduanera y la Fiscalía Antidroga del Campo de Gibraltar sospechan que hay más jóvenes implicados. Los atrajo la llamada de unos precoces jefes de descargas.

El Rubio, de unos 35 años de edad, es uno de esos traficantes con antecedentes que ha ido cogiendo poder en el Campo de Gibraltar, a la sombra de grandes nombres ahora perseguidos por el cerco policial. “Esa zona de Algeciras la llevaban El Messi, El Pantoja y El Rubio, aunque este era un mandado que, con el tiempo, se hizo fuerte y ha ganado muchísimo dinero con el tema de los menores”, resume un agente del Campo de Gibraltar. “Está forradísimo”, subraya.

El Messi está huido y El Pantoja, detenido. Y desde el pasado 14 de abril, cuando acabó detenido El Rubio, él y sus 36 colaboradores han pasado a engrosar la lista de bandas que se dan por desmanteladas en el seno de las operaciones del Plan Especial de Seguridad que el Ministerio del Interior desarrolla en el Estrecho desde el verano de 2018.

Agapito, heredero de un clan familiar conocido como “el del chatarrero de Algeciras”, puso en alerta a la Policía y a Vigilancia Aduanera —supervisados por la Fiscalía Antidroga—, que le acabaron dando caza, por la prolífica actividad periódica de alijos que desarrollaba entre el faro de Punta Carnero y la ensenada de Getares, en Algeciras. Tanto era el movimiento de narcolanchas en la zona que los policías se vieron obligados a establecer controles diarios para seguirles los pasos. Un día de mala mar y fuertes lluvias de noviembre de 2020 los investigadores frustraron la primera aprehensión de hachís de la banda de El Rubio. A finales de ese mismo mes, los policías volvieron a descubrirles con más droga. Y así fueron sumando hasta seis intentos frustrados más —extendidos ya en el primer trimestre de 2021— que acabaron con 5.265 kilos de hachís recuperados.

Droga de alto valor en el mercado

La droga, procedente del norte de Marruecos, tenía tan “alto grado de THC” (constituyente psicoactivo del cannabis) que en el mercado final le proporcionaba un alto valor, cercano a los 12 millones de euros, según ha explicado este miércoles el comisario de La Línea de la Concepción, Antonio Delgado, durante la rueda de prensa en la que se han explicado los detalles de la Operación Tuerka. Con la parte de beneficios como esos —los narcos del Estrecho suelen ser intermediarios entre productores marroquíes y compradores finalistas europeos—, la banda se había hecho de un valioso patrimonio “que podría superar el millón de euros en valor catastral”, tal y como apunta Delgado. La aproximación económica engloba cinco inmuebles, 34 vehículos y 12 embarcaciones de todo tipo, desde narcolanchas a barcos de recreo e incluso joyas y otros efectos, como relojes o bolsos con un valor total superior los 50.000 euros.

El Juzgado de Instrucción número 5 de Algeciras ya ha decretado prisión provisional para 14 de los 37 detenidos, acusados de organización criminal, narcotráfico y también de blanqueo de capitales, última rama de la operación sobre la que aún continúan las pesquisas. Otras ocho personas, en su mayoría de nacionalidad marroquí, están aún en búsqueda, según ha detallado Delgado.

Entre los que quedan en libertad se encuentran los tres integrantes que dirigían las descargas siendo aún menores, si bien uno de ellos, el hijo de El Rubio, ha cumplido los 18 años cuando se ejecutaba la investigación. El comisario linense atribuye la presencia de menores en cargos de responsabilidad en la banda para “abaratar costes de mano de obra” y también para contar con miembros que no puedan entrar en prisión. Los participantes en la investigación sospechan que los tres jóvenes echaban mano de sus círculos de conocidos, también menores de edad, para completar las cuadrillas o collas de desembarco de hachís en Algeciras, una pauta que ya se ha visto en otras organizaciones de narcotraficantes de la zona.

Más de 250 agentes de la policía y de Vigilancia Aduanera se desplegaron el pasado 14 de abril para asestar el golpe definitivo a la banda de El Rubio. Los investigadores dedicaron buena parte del tiempo de los registros a buscar 100.000 euros que el supuesto narco alardeó tener escondidos en el suelo de su vivienda, según unas conversaciones intervenidas por durante las pesquisas. Pese a desmontar muebles de cocina y hasta picar suelos o paredes, el dinero no apareció. Sí dieron con el principal investigado, tan escurridizo que sobre él ya pesaban órdenes de detenciones anteriores por hechos similares. Ahora, la policía da por desmantelado el grupo. Pero Delgado recuerda: “En el Campo de Gibraltar no solo están Los Castaña o El Messi, hay grupos con una infraestructura y una jerarquía que, en cualquier momento, llenan las costas de droga”.

Sobre la firma

Jesús A. Cañas

Es corresponsal de EL PAÍS en Cádiz desde 2016. Antes trabajó para periódicos del grupo Vocento. Se licenció en Periodismo por la Universidad de Sevilla y es Máster de Arquitectura y Patrimonio Histórico por la US y el IAPH. En 2019, recibió el premio Cádiz de Periodismo por uno de sus trabajos sobre el narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar.

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