La salida del agujero de Madrid

El Gobierno reforzará su agenda progresista para recuperar la iniciativa. La gran ventaja es el tiempo: más de dos años con recuperación económica. Sánchez, tocado, elude la rueda de prensa de Oporto

Pedro Sánchez, durante la cumbre social de la UE en Oporto.
Pedro Sánchez, durante la cumbre social de la UE en Oporto.POOL (Reuters)

La política española es ciclotímica. El PSOE y el PP han invertido posiciones. Ahora son los socialistas los que están hundidos y los populares eufóricos. Hace dos meses, tras las catalanas, era al revés. Pero algunos en el Gobierno y el PSOE intentan calmar las aguas y prepararse para recuperar la iniciativa tras el durísimo golpe madrileño, que nadie esperaba, al menos no en esas dimensiones. Y ahí es clave el Gobierno y la agenda progresista, que el Ejecutivo reforzará y desplegará en las próximas semanas.

El martes se aprueba el real decreto ley que protege a los riders (repartidores), las Cortes están rematando la ley de cambio climático y la de protección a la infancia, y se pondrán en breve con la ley mordaza. También está la nueva Ley de Memoria Democrática. Pero lo más relevante está en la agenda económica. Y ahí el Gobierno tiene puesto todo el foco en el plan de recuperación que gastará en tres años los 72.000 millones del fondo europeo. “Todo está ahí. Si hacemos bien el desarrollo del plan y gastamos bien el dinero, lo de Madrid solo será un mal recuerdo dentro de dos años y medio, cuando se vote. Si no, tendremos problemas. Todo se juega en la economía”, señala un miembro del Gobierno.

Sánchez ha dejado clarísimo a todos sus interlocutores esta semana que agotará la legislatura. Hasta el punto de que las elecciones podrían ir a enero de 2024, el máximo posible, para agotar antes el semestre de la presidencia española de la UE, en 2023.

“Si el el PP se confía con este resultado allá ellos. Nosotros tenemos el BOE y dos años y medio. El ambiente en el que se ha votado en Madrid es irrepetible. Saldremos de la pandemia, habrá recuperación. La libertad y abrir o cerrar los bares ya no será un tema en unos meses”, sentencia un miembro del Ejecutivo.

“Parecía que Pedro Sánchez iba a gobernar 20 años y el PP estaba muerto. Ahora estamos muertos nosotros y Pablo Casado ya está haciendo las maletas para ir a La Moncloa. Ni una cosa ni la otra. Esto es un golpe durísimo, un aviso muy fuerte, pero tenemos tiempo y el mejor activo político posible: el Gobierno y 72.000 millones de euros para salir de la crisis y cambiar la economía del país. Calma”, resume otro.

Una decena de miembros del Ejecutivo y del PSOE y varios presidentes autonómicos socialistas consultados, con algunas discrepancias sobre los errores cometidos y las responsabilidades del fracaso, coinciden en que el golpe de Madrid es duro, pero no se puede extrapolar a toda España. Encuestas recientes en Navarra o la Comunidad Valenciana, donde gobierna el PSOE, indican que la tendencia es muy distinta: se consolidan los socialistas. “En realidad lo que está pasando en la pandemia es que se están reforzando los gobiernos, todos, desde el País Vasco o Galicia a Madrid”, señala un barón autónomico.

“¿Cómo se puede decir ahora que el problema es el desgaste del Gobierno de Sánchez por la pandemia si acaba de ser el primer partido en Cataluña con la cara más visible, el ministro de Sanidad, Salvador Illa. ¡Cada comunidad es un mundo!”, señala otro.

Por el contrario, los dirigentes del PP y barones autonómicos populares consultados están convencidos de que el ciclo político está cambiando y Pablo Casado tiene ahora muchísimas más opciones de ganar las futuras elecciones. “Ellos nos han hecho el trabajo sucio con su error de la moción en Murcia. Allí empezó todo. Nos iba a costar tiempo reagrupar al centro derecha, pero el PSOE lo ha precipitado con una moción que para ellos era irrelevante pero ha logrado ser la clave de la recuperación del PP”, señala un dirigente popular.

Mientras, en el PSOE, en público todo son paños calientes, “Madrid vota diferente”, y respuestas por el estilo. En privado, sin embargo, se detecta una preocupación real por el reagrupamiento de la derecha. Porque los votos sumados de PP y Ciudadanos no dan los 10 escaños que logró el partido de Inés Arrimadas en 2019, sino muchos más, gracias al sistema provincial que premia al más votado en cada circunscripción.

Aun así, los socialistas insisten en que un Gobierno del PP con Vox, única alternativa posible, necesitaría llegar a 176 escaños porque nadie más les apoyaría en el Congreso. Y eso es muy complicado. Además está el pésimo resultado del PP en Cataluña. “No se puede gobernar España siendo testimonial en Cataluña, donde se reparten 49 de los 350 escaños”, aseguran varios de los consultados.

Sin embargo, nadie niega que el fiasco madrileño, sumado a los graves problemas en Andalucía, supone un cambio en la situación política, aunque no definitivo. Sánchez se concentrará ahora más en el partido para intentar buscar una solución en Madrid que aún no ha encontrado, y para ganar las primarias andaluzas. El presidente dirige e impulsa la candidatura de Juan Espadas, alcalde de Sevilla, para derrotar definitivamente y en su tierra a Susana Díaz, a la que en Ferraz consideran ya un lastre electoral. Sánchez no tiene garantizada la victoria, pero en su entorno creen que sería la única manera de volver a tener opciones en Andalucía y frenar la sangría en una comunidad aún más importante que Madrid.

Sánchez está muy tocado por el fiasco madrileño, admiten varios dirigentes. De hecho esta semana ha llegado incluso al extremo inédito de no convocar la habitual rueda de prensa tras una cumbre de la UE, esta vez en Oporto. Sí lo hicieron el italiano Mario Draghi y otros presidentes, pero Sánchez se volvió a Madrid evitando a la prensa para no tener que hablar de este asunto, su primera gran derrota desde que es presidente.

Cada uno tiene su análisis de las causas del fracaso. Pero en general todos creen que se puede recuperar el paso. Y sobre todo apuestan por aferrarse a la gestión del Gobierno, a la coalición —Yolanda Díaz ofrece mucho mejor imagen que Pablo Iglesias y eso ayudará al Gobierno, destacan los socialistas—, a las vacunas, a la recuperación económica y a la agenda social. “Las elecciones se ganan en la izquierda”, repiten varios dirigentes. “También tenemos que estar más en la calle, como ha estado Ayuso. El presidente y su equipo no se pueden quedar en La Moncloa. Si hubieran olido lo que pasa en la calle, no habrían hecho esa campaña sobre el fascismo y la democracia. La gente no está en eso”, señala otro miembro del Ejecutivo.

El Gobierno tiene pues por delante mucho tiempo, y una mayoría relativamente estable. Este lunes, Miquel Iceta viajará a Bilbao para formalizar la transferencia de prisiones al País Vasco, un asunto clave para el PNV, que mantiene su apoyo al Ejecutivo. Y ERC, si gobierna en solitario, tiene las manos libres para seguir respaldando al PSOE y a Unidas Podemos en el Congreso, como hasta ahora.

Así que hay tiempo, estabilidad, dinero para hacer política social e inversiones y poder. Solo falta saber si se utiliza correctamente para evitar que la ola madrileña se extienda por todo el país o estamos ante el principio de un cambio político más de fondo. En el Gobierno al menos creen que esta vez dependen de sí mismos, y no están en manos del rival ni de las circunstancias.

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