Govern Cataluña

Waterloo secunda el preacuerdo entre ERC y Junts

El entorno independentista de Bélgica cree que el pacto respeta el liderazgo del Consejo por la República

El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, el pasado marzo.
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, el pasado marzo.YVES HERMAN / reuters

Waterloo secunda el preacuerdo de gobierno en Cataluña entre ERC y Junts per Catalunya anunciado este lunes, según ha podido saber este periódico. Desde esta localidad en el sur de Bruselas, donde se encuentra la llamada Casa de la República, hogar del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, creen que con el pacto se ha logrado un buen equilibrio entre la prioridad estratégica de Esquerra, que era la del diálogo con el Gobierno de Madrid, y la de Junts, que era asumir un plan b en paralelo, con el fin de preparar el terreno para una posible confrontación con el Estado español si el diálogo fracasa. También estiman que se ha logrado salvar que la dirección estratégica del independentismo quede en el marco del Consejo por la República, aunque este organismo deberá pasar por un proceso de reformulación.

El Consejo, un ente ideado por Puigdemont y próximo a los independentistas declarados en rebeldía por la justicia española y asentados en Bélgica desde 2017, tiene también su sede en la casa de Waterloo. Tras las elecciones catalanas del 14 de febrero, el encaje de este organismo y su rol en el futuro de Cataluña se convirtió en una de las piezas clave de la negociación. Desde Bélgica se quería impulsar su liderazgo a largo plazo, con el fin de permitir que funcionara de forma similar a un Gobierno paralelo a las instituciones autonómicas, capaz de ir creando estructuras de cara a una futura independencia; pero esta cercanía al líder de Junts y a su entorno es justo lo que hacía recelar a los republicanos.

El preacuerdo de este lunes establece que el Consejo se tendrá que reformular para dar cabida a las cinco voces protagonistas del independentismo: las dos formaciones mayoritarias (ERC y Junts), la CUP, y las organizaciones Òmnium Cultural y Asamblea Nacional Catalana (ANC). E introduce un matiz terminológico en cuanto a su liderazgo, para lograr que ambas partes puedan asumir una fórmula intermedia: la dirección estratégica del independentismo no queda “dentro” del Consejo sino “en el marco” del Consejo. En realidad, como con todo pacto, habrá que esperar, primero a ver los términos exactos de lo suscrito (el texto aún no es público) y también aguardar a ver cómo se traslada la palabra escrita a la realidad.

El preacuerdo también establece que, mientras se reforma el Consejo, este liderazgo estratégico será asumido durante un período transitorio por las citadas cinco voces del independentismo. Algo que desde Waterloo entienden que será un tiempo corto, aunque temen que algunas fuerzas podrían tratar de aprovechar ese lapso para convertirlo en permanente.

En el entorno de Bélgica se niegan a asumir que a través del pacto se haya arrinconado al Consejo; al contrario, creen que se ha respetado la propuesta que lanzó en marzo este organismo, presidido por Puigdemont, pero capitaneado de facto por su vicepresidente, el exconsejero Antoni Comín, también en rebeldía en Bélgica: reformularse para abrirse a la pluralidad del independentismo, pero con el fin de que la dirección estratégica siga estando dentro del Consejo.

Este organismo, inspirado en los Gobiernos en el exilio de la Generalitat tras la Guerra Civil, aunque técnicamente no es más que una página web, cuenta ya con cerca de 100.000 personas inscritas. Desde abril incluso reparte documentos que acreditan una “identidad digital republicana”. No se trata de una asociación ni una fundación, aunque se encuentra vinculada a dos entidades asociativas sin ánimo de lucro inscritas en Bélgica: CatGlobal y CatCip (Cataluña Cultura i Progrés). A través de ellas se gestiona un presupuesto que rondaría el millón de euros, ya que cada nuevo inscrito ha de pagar un mínimo de 10 euros.

En el país que acoge las instituciones europeas el silencio ha sido la tónica oficial tras el anuncio del preacuerdo. Ni Puigdemont ni Comín han comentado públicamente el pacto. Ni siquiera las cuentas de Twitter de los ahora eurodiputados, en la que habitualmente dejan sus mensajes políticos, de forma profusa y exhaustiva, han reflejado una postura concreta. Fuentes próximas a ANC aseguran que las distintas fuerzas han acordado no expresar su opinión sobre el acuerdo de momento.

En Waterloo celebran que Esquerra finalmente haya levantado las dos líneas rojas con las que se sentaron a negociar: la del rol del Consejo y la de su Gobierno en solitario. Y aseveran que el reparto de carteras que ha trascendido era también el esperado: muy similar al del anterior Gobierno presidido por Junts, pero a la inversa. Desde el entorno independentista de Bélgica creen que el viento sigue soplando a favor para su causa: ERC y Junts pueden tener estrategias distintas, pero el pacto refleja que ambas son compatibles.

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