Crisis migratoria

Peregrinación a ciegas hasta las puertas de Ceuta

Cientos de subsaharianos y jóvenes marroquíes recorren decenas de kilómetros en dirección a Fnideq, con la esperanza de que este martes vuelva a abrirse la vía hacia España

Fnideq (antigua Castillejos) - 18 may 2021 - 14:10 UTC
Agentes de seguridad marroquíes montan guardia mientras un grupo de migrantes caminan por la costa en la ciudad norteña de Fnideq, en un intento de cruzar la frontera, este martes.
Agentes de seguridad marroquíes montan guardia mientras un grupo de migrantes caminan por la costa en la ciudad norteña de Fnideq, en un intento de cruzar la frontera, este martes.FADEL SENNA / AFP

La desmesura del esfuerzo que hacen cientos de personas por salir de Marruecos se aprecia mejor cuando uno se aproxima a Fnideq, la ciudad de 77.000 habitantes que se llamaba Castillejos bajo el protectorado español. Ahí, cuando ya solo quedan 15 kilómetros y varias cuestas para llegar a la ciudad más próxima a Ceuta, es donde aparecen las escenas más impactantes: niños marroquíes que no sobrepasan los 10 años haciendo autoestop, en grupos de dos, de cuatro o de cinco; una mujer subsahariana con su bebé a la espalda, una familia de subsaharianos con dos niños menores de cinco años, otro subsahariano con su niño al hombro; una persona negra tendida inmóvil al pie del andén, sin que se sepa realmente si está viva o muerta. Es imposible pararse a atenderla porque los soldados marroquíes obligan a continuar circulando.

Cientos de subsaharianos y jóvenes marroquíes caminaban este martes por la mañana en dirección a Fnideq. Algunos llevaban una simple mochila y otros no llevaban nada. Algunos, con manga corta, se pasaban las manos por los bíceps para combatir el frío a medida que ascendían alguna cumbre. Los caminantes pasaban sin ningún problema el puesto de control de la gendarmería, emplazado a 15 kilómetros de Fnideq.

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Una vez llegados a la ciudad, frente a la frontera con España podían verse también cientos de jóvenes, marroquíes y subsaharianos, que habían llegado al punto desde donde el lunes partieron hasta 6.000 personas. Ahora, la mayoría esperaban sentados o tendidos en la hierba su oportunidad de partir. Otros tendían al sol los pantalones vaqueros mojados tras haber hecho un intento por llegar a Ceuta. “Pero han cerrado la playa esta mañana”, comentaba un vecino de Fnideq. “Ahora mismo es imposible salir”.

Las autoridades marroquíes habían puesto vigilancia en la playa más próxima a Ceuta, pero continuaba libre el acceso a Fnideq, adonde seguían llegando a la una de la tarde (una hora más tarde en la España peninsular) cientos de “candidatos a la emigración irregular”, nombre con el que las autoridades marroquíes designan a estos ciudadanos.

Algunos grupos de emigrantes subsaharianos podían verse de forma aislada incluso a 100 kilómetros de Fnideq, en la autovía que va desde Rabat a la antigua Castillejos. A esa distancia, la mayoría de ellos caminaban sonrientes y esperanzados. El agotamiento y las cojeras de tanto caminar solo se apreciaban en las inmediaciones.

Mientras se sucedía ese efecto llamada, el Gobierno marroquí permanecía en silencio. Solo la embajadora en Madrid, Karima Benyaich, ha asegurado este martes, en declaraciones a Europa Press, que en las relaciones entre países hay actos que tienen consecuencias “y se tienen que asumir”, en una referencia velada a la decisión de España de prestar atención médica al líder del Frente Polisario, Brahim Gali.

La llegada de 6.000 emigrantes irregulares a Ceuta puso en evidencia dos cuestiones. Y ambas ya se sabían a los dos lados de la frontera: por un lado se demostró la capacidad de desestabilización que puede ocasionar Marruecos en España. Y por otro, demostró hasta qué punto, a pesar del patriotismo que preconizan las autoridades, muchos de sus ciudadanos están listos a abandonar el país de la noche a la mañana, aunque pongan en riesgos sus vidas.

En la prensa marroquí, que depende para su supervivencia de las subvenciones del Estado, no ha habido ninguna crítica hacia la llegada masiva de emigrantes. Al contrario. Uno de los títulos más sarcásticos corresponde al sitio digital Hespress, el de mayor difusión, que tituló: “La ausencia de la policía española anima a miles de migrantes a entrar a nado en Ceuta”. Y lo justificó de la siguiente forma: “La falta de cobertura policial española ha contribuido en gran medida a la gran afluencia de migrantes a la ciudad ocupada de Ceuta desde el domingo por la noche. La prensa española se movilizó para responsabilizar de manera preventiva a las autoridades de seguridad marroquíes, acusándolas de ser complacientes y permitir el flujo de migrantes a la ciudad, mientras que la fuente de Hespress consideró que las justificaciones de las autoridades eran para encubrir el incumplimiento de su labor”.

Todos los logros económicos que el país ha alcanzado en los últimos años, como la inauguración del puerto de Tánger Med en 2007, la megafábrica de Renault-Nissan instalada el mismo año en la zona franca del puerto que generó 6.000 empleos directos y otros 30.000 indirectos; la megaplanta solar de Noor, inaugurada en el desierto en 2016, el tren de alta velocidad que está en funcionamiento desde 2018… El beneficio de todos esos avances no termina de llegar a esos “candidatos a la emigración irregular” que avanzan como hormigas por las montañas próximas a Fnideq.


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