La crisis entre España y Marruecos se agrava tras un duro cruce de declaraciones por el Sáhara Occidental y las fronteras

El presidente español considera “inaceptable” que Rabat ataque la línea fronteriza con España por desavenencias con el Sáhara Occidental un día antes de que comparezca ante la Audiencia Nacional el líder del Polisario

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a su homólogo polaco, Mateusz Morawiecki, durante la XIII cumbre hispano-polaca, este lunes en Alcalá de Henares (Madrid). En vídeo, las declaraciones de Sánchez sobre Marruecos.

Marruecos reconoció pasado el mediodía de este lunes en un comunicado de su Ministerio de Exteriores lo que hasta el momento parecía negar: que el “fondo de la crisis” diplomática con España no radica en la acogida del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, en un hospital de Logroño, sino en la postura de España respecto al Sáhara Occidental. Rabat precisó algo que no había aclarado hasta el momento: “La crisis no está limitada al asunto con un hombre. No comienza con su llegada ni terminará con su partida”.

Sin embargo, en declaraciones efectuadas el pasado mayo a diversos medios, el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Naser Burita, declaró que la crisis comenzó el 17 de abril, cuando se hospitalizó a Gali en Logroño, aquejado de coronavirus. La diplomacia marroquí insistió en que no se trataba de que el dirigente del Polisario saliera del territorio, sino de que el Gobierno español explicase su entrada y de que Gali comparezca ante la justicia.

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No obstante, el nuevo comunicado de Rabat, que se ha difundido justo un día antes de que el líder del Frente Polisario sea convocado ante la Audiencia Nacional, deja claro que tampoco basta con la comparecencia de Gali ante el juez. Eso lo considera solo una “evolución” de la que “toma nota”, pero no representa el “fondo de la crisis”.

La respuesta al comunicado de Burita provino de forma inmediata y contundente horas después por parte del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez: “Si lo que se está diciendo por parte del ministro de Asuntos Exteriores marroquí es que ha utilizado la inmigración, es decir, el asalto a las fronteras españolas por parte de más de 10.000 marroquíes en 48 horas, por desavenencias en política exterior, a mí me parece inaceptable y por tanto rechazo esa declaración”.

Tras la cumbre bilateral con su homólogo polaco en la madrileña localidad de Alcalá de Henares, Sánchez remachó: “No es admisible que haya un Gobierno que diga que se atacan las fronteras, en este caso de España, que se abren las fronteras para que entren 10.000 inmigrantes en menos de 48 horas en una ciudad española como es Ceuta, por desavenencias, diferencias y discrepancias en política exterior”.

Rabat ha expresado por primera vez de forma inequívoca lo que antes solo se había atrevido a insinuar Burita diciendo que la Unión Europea debía salir de su “zona de confort” respecto al Sáhara Occidental. El comunicado de Exteriores indica que las expectativas de Marruecos “comienzan con una aclaración, sin ambigüedades, por parte de España de sus elecciones, sus decisiones y sus posiciones”, respecto al territorio en disputa.

Marruecos equipara el conflicto del Sáhara Occidental con la crisis desatada en Cataluña. “No podemos luchar contra el separatismo en casa y fomentarlo en casa del vecino”. Y Rabat señala que durante “la crisis catalana”, Marruecos “no optó por la neutralidad” y “fue uno de los primeros en ponerse del lado de la integridad territorial y la unidad nacional de su vecino del norte de forma clara y contundente”. Sin embargo, el reino de Marruecos elude precisar que, a diferencia de Cataluña, el Sáhara Occidental está incluido por la ONU desde 1963 en la lista de territorios “no autónomos”.

El Gobierno español tenía muy claro desde el primer momento que la crisis con Marruecos iba para largo y que el problema de fondo es la posición española sobre el Sáhara Occidental. Todo cambió cuando Estados Unidos, en una de las últimas decisiones de Donald Trump, reconoció la soberanía de Marruecos sobre esta excolonia española a cambio de que Rabat aceptara establecer relaciones diplomáticas con Israel. Desde entonces, Marruecos está envalentonado, según la interpretación española, y quiere forzar a los grandes países de la UE a moverse a la posición de EE UU.

Por eso en marzo rompió relaciones diplomáticas con Alemania, país clave en la política de la Unión Europea. Y por eso está chocando con España desde el pasado 10 de diciembre, cuando el todavía presidente estadounidense Trump aireó su decisión. Tanto Alemania como España se mantienen firmes en la idea de apostar por la solución que defiende la ONU, que promueve un acuerdo mutuamente aceptado por las dos partes.

España asume así que las cosas van a estar difíciles con Marruecos por un tiempo y Sánchez lanza un doble mensaje: por un lado, mano tendida y ninguna apuesta por sanciones o fórmulas agresivas; pero, por otro, firmeza en que es inaceptable abrir la frontera y lanzar a niños al mar para presionar. Y en este último punto España cuenta con el apoyo de toda la UE, incluida Francia, siempre cercana a Marruecos. Por eso Sánchez se siente fuerte para rechazar ese comunicado de plano. Sobre todo, porque Marruecos reconoce públicamente de forma implícita lo que era obvio: que abrió la frontera para presionar a favor de un cambio de España sobre el Sáhara Occidental, algo inaceptable para La Moncloa.

Sin embargo, Marruecos ha llevado a tal extremo sus exigencias sobre el Sáhara Occidental que la mera mención del acuerdo suscrito en 1991 por Marruecos y el Frente Polisario es motivo de agrias desavenencias. Así sucedió con el tuit en el que el entonces vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, citó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU de 1995 en la que este órgano reiteraba “su empeño en que se celebre, sin más demora, un referéndum libre, limpio e imparcial para la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental…”.

Aquello provocó una crisis diplomática con Marruecos. No bastó con que Iglesias fuese excluido de la cumbre bilateral o reunión de alto nivel que se iba a celebrar en Rabat el 17 de diciembre. No bastó con que la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, intentase calmar en febrero a Marruecos declarando que España no reconoce como Estado a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). La reunión de alto nivel nunca ha llegado a celebrarse. Y los contactos entre los dos países están suspendidos.

Nuevo comunicado de Marruecos

Mediada la tarde de este lunes, el Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí ha emitido un nuevo comunicado en respuesta a la declaración de Sánchez, que califica de “gran sorpresa”. En el texto, Marruecos señala que las últimas declaraciones de los responsables diplomáticos marroquíes “no mencionan en absoluto la cuestión migratoria”, para enseguida asegurar: “la declaración de hoy del Ministerio de Asuntos Exteriores, de la que se han hecho eco los medios de comunicación españoles, solo ha aludido brevemente a la cuestión migratoria, y precisamente para recordar la buena cooperación”. El texto pone en duda que Sánchez haya leído las manifestaciones de Marruecos sobre la actual crisis. “Marruecos ha insistido repetidamente en que la crisis bilateral no está vinculada a la cuestión migratoria”, apunta el comunicado. “La cuestión de la migración no debe utilizarse como pretexto para desviar la atención de las verdaderas causas de la crisis bilateral”, concluye el escrito convertido en nuevo episodio de esta crisis abierta.



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