Los gestos de distensión anticipan el final de la crisis diplomática con Marruecos

Rabat y Madrid se encaminan a una normalización de las relaciones bilaterales entre medidas para rebajar el conflicto y recuperar la confianza mutua

Los reyes Felipe y Letizia con el rey Mohamed VI a su llegada al Palacio Real de Rabat, en febrero de 2019.
Los reyes Felipe y Letizia con el rey Mohamed VI a su llegada al Palacio Real de Rabat, en febrero de 2019.JuanJo Martín (EFE)

Los silencios en diplomacia son tan importantes como las palabras. Y los gestos, más elocuentes que cualquier declaración. La crisis diplomática entre España y Marruecos, que se desencadenó tras la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, para tratarse de una grave afección de la covid, sigue abierta. Lo estará, oficialmente, hasta que la embajadora de Rabat en Madrid, Karima Benyaich, llamada a consultas el pasado 18 de mayo, regrese a su puesto. Sin embargo, los gestos amistosos por parte de Rabat se han multiplicado en las últimas semanas y anticipan que el final está cerca.

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En el palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Exteriores, no pasó desapercibido que Mohamed VI no mencionara la crisis con España en su discurso del trono, el pasado 31 de julio. El primer paso para apagar un incendio es no arrojarle más leña; y no escalar es empezar a desescalar. El rey Felipe VI le correspondió con un mensaje de felicitación por el 22º aniversario de su coronación.

El 5 de agosto, el Ministerio de Exteriores marroquí levantó el veto a la Embajada española en Rabat y la invitó a participar, junto al resto del cuerpo diplomático, en una visita a la sede del servicio antiterrorista. Un gesto protocolario, pero significativo, pues el embajador de España, Ricardo Díez-Hochleitner, a quien nunca se retiró de Rabat, fue condenado al ostracismo y excluido de este tipo de actos desde el inicio de la crisis.

Más significativo ha sido que las fuerzas de seguridad marroquíes se emplearan a fondo para evitar, al menos en parte y hasta en cuatro ocasiones en menos de diez días, el salto de la valla de Melilla por parte de inmigrantes: el 1 de agosto, el 2, el 3 y el 9, con grupos de hasta un centenar de subsaharianos cada vez. Y siempre en cooperación con la Guardia Civil.

Durante la primera semana de agosto la Marina Real marroquí rescató a cuatro pateras con 180 personas a bordo que partieron desde Tarfaya hacia las Canarias, según informó Efe.

Estos gestos visibles se producen en paralelo a conversaciones discretas entre los dos gobiernos. Tras un periodo de incomunicación en que solo eran posibles los contactos a través de terceros —las instituciones europeas o países como Francia— se restableció un canal directo. Antes de la sustitución de la anterior ministra de Exteriores, Arancha González Laya, por José Manuel Albares, se produjeron reuniones entre Díez-Hochleitner y Benyaich en Rabat, y entre esta última y la entonces directora general para el Magreb del Ministerio de Exteriores, Eva Martínez. Las conversaciones han continuado con el nuevo equipo, rodeadas siempre de la máxima discreción, y ni siquiera ha trascendido si Albares ha hablado ya con su homólogo marroquí, Naser Burita.

La delegada del Gobierno en Ceuta, Salvadora Mateos, elevó el pasado lunes las expectativas al asegurar que las relaciones bilaterales son ya “muy buenas” y vaticinar resultados “en los próximos días”. Preguntada por los periodistas, Mateos declaró: “Hubo una crisis cuyas causas son conocidas y no hace falta repetir, pero ha habido un cambio en el Ministerio [de Exteriores, con la llegada de Albares] y se han retomado las relaciones, que estuvieron un poco paradas, pero ahora son muy buenas y en los próximos días lo vais a ver”.

Fuentes diplomáticas reconocen que la solución de la crisis va por buen camino, pero creen que a la delegada “se le calentó la boca”, porque aún quedan obstáculos por retirar. Por lo pronto, las secuelas del momento álgido de la crisis, entre el 17 y el 19 de mayo, cuando Marruecos facilitó la entrada en Ceuta de más de 10.000 inmigrantes irregulares. En la ciudad quedan casi 800 adultos y 700 niños y adolescentes, sin contar con los instalados en asentamientos irregulares. Más de 1.200 han pedido protección internacional para poder pasar a la Península. Las fronteras de Marruecos con Ceuta y Melilla siguen cerradas a cal y canto desde que se declaró la pandemia y uno de los asuntos que deben abordar los dos países es en qué condiciones se reabren, cuando la situación sanitaria lo permita. La delegada en Ceuta ha advertido de que habrá un endurecimiento de los controles, limitando el paso a los trabajadores transfronterizos de alta en la Seguridad Social, los turistas y los familiares de los ceutíes.

El Gobierno ha sugerido la posibilidad de incluir a Ceuta y Melilla en Schengen, el espacio europeo sin fronteras, lo que implicaría que los habitantes de las localidades marroquíes vecinas necesitarían visado para entrar. “Si no es posible desarrollarlas con su entorno marroquí, habrá que hacerlo como islas”, alegan fuentes diplomáticas.

El que estas cuestiones no se conviertan en nuevo motivo de fricción requiere mucho diálogo entre ambas partes, admiten las mismas fuentes. Lo que solo será posible cuando se logre la plena normalización y se restablezcan los canales; no solo con Exteriores e Interior, con el que nunca se interrumpieron del todo, sino con todos los ministerios.

Cumplido un mes en el cargo, sigue pendiente la visita a Rabat del nuevo jefe de la diplomacia española. A estas alturas, las urgencias por acudir a Marruecos antes que a ningún otro país —ya ha viajado a Reino Unido y Perú— se han pasado. A Albares no le vale solo con una foto con Burita, si no hay garantías de que los problemas que han provocado esta crisis no se reproducen al poco tiempo.

Además del regreso a Madrid de la embajadora, la visita de Albares a Rabat debería ir seguida, según los expertos, de la celebración de la reunión de alto nivel (RAN) prevista para diciembre de 2020 y suspendida unilateralmente por Marruecos con solo una semana de antelación sin que luego se encontrara fecha para celebrarla. Es el marco previsto en el Tratado de Amistad y Buena Vecindad que firmaron los dos países en 1991.

La condición previa es recuperar la confianza mutua —que Rabat declaró perdida tras la entrada de Gali en España sin que se le informara— y ese objetivo buscan los gestos de estos días.

Sobre la firma

Miguel González

Responsable de la información sobre diplomacia y política de defensa, Casa del Rey y Vox en EL PAÍS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1982. Trabajó también en El Noticiero Universal, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña. Experto en aprender.

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