Un intérprete afgano de la misión española en su país: “Me dijeron que esperara 48 horas, que hay que estar atentos, que todavía no hay plan”

Dos traductores que trabajaron con el Ejército español antes de 2013 explican que están a la espera de indicaciones para ser evacuados mientras aguardan en los alrededores del aeropuerto de Kabul

Amal, intérprete afgano, con las fuerzas armadas españolas en 2012. En vídeo, el audio que envió este miércoles el intérprete afgano que todavía no ha sido evacuado por el Ejército español.

Mientras los talibanes patrullan las calles de Kabul, Amal (nombre ficticio, el auténtico se oculta por razones de seguridad), sigue a la espera de indicaciones. En la mañana de hoy, este intérprete afgano, que trabajó entre 2007 y 2013 con el Ejército español en la misión en Afganistán. ha recibido un mensaje por WhatsApp de un número que aparece como privado y que él atribuye a alguien del Ministerio de Defensa. En él le piden que indique su correo, sus datos y los de su familia para poder comunicarse con él. “Me dijeron que esperara más o menos 48 horas, que hay que estar atentos, que todavía no hay plan, no hay nada”, explica. Hasán (también nombre ficticio) está también a la espera. Él llegó este martes a la capital de su país, con la cara cubierta, junto a otros compañeros. “Recibimos ayer una llamada de Asuntos Exteriores diciéndonos que cuanto antes sea posible que estemos en Kabul, mejor, para que nos lleven a Dubái o a España. Ahora solo estamos esperando el plan”. Mientras siguen a la espera, ambos traductores temen todavía por sus vidas y cuentan los minutos y las horas en un Estado que se desmorona.

Los fallos en las telecomunicaciones y la falta de recursos complican aún más sus situaciones. “Están intentando comunicarse conmigo, me dijeron que desde el Ministerio de Defensa me estaban intentando llamar, pero me dicen que mi teléfono está apagado. No está apagado, lo que pasa es que aquí en Afganistán la cobertura no funciona bien”, cuenta Amal en una nota de voz. Por su parte, Hasán relata otros problemas por los que está pasando: “Estamos en Kabul sin alojamiento, sin dinero, sin sitio, no tenemos sustento económico”. Ambos traductores se encuentran en los alrededores del aeropuerto, escondidos y a la espera de saber más sobre el modo en que serán evacuados.

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La caída precipitada de Kabul en los últimos días ha llevado a los países de la OTAN a acelerar sus planes de evacuación, tanto de personal como de colaboradores afganos. España no ha sido la excepción. Tras algunos retrasos, el segundo avión, un A400M, de la compañía Airbus, con capacidad para 116 soldados, ha salido cerca de las cinco de la tarde de este martes. Tenía previsto despegar a las nueve de la mañana. Pocos detalles se conocen aún del plan de evacuación. Los miembros del cuerpo diplomático ya se encuentran en el aeropuerto, pero algunos colaboradores de la misión española en Afganistán viven fuera de la Kabul, en otras ciudades. Amal estima que tan solo en Bagdhis, donde se encontraba la base militar española hasta 2013 y donde él residía, son 13 los traductores.

Amal huyó este domingo de Herat, la ciudad donde se había refugiado tras la caída de Badghis. Y poco después de llegar al lugar con su esposa, sus dos hijos y sus dos hijas, la localidad ya estaba en manos de los talibanes. Tras una odisea aterradora, atravesando buena parte de Afganistán, llegó a la capital para reunirse con el personal de la Embajada española en el aeropuerto, protegido por las fuerzas de la OTAN.

Los talibanes están impidiendo la llegada al aeropuerto de los afganos que han trabajado para países occidentales, según ha explicado este martes el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Heiko Maas. Aun así, la situación en esa zona está más tranquila en estos momentos en comparación con el día anterior. Amal, que se encuentra a medio kilómetro del aeropuerto, cuenta que “todavía se escuchan tiros de advertencias, pero ya no tantos”. Este lunes perdieron la vida cinco personas al intentar acercarse al aeródromo. En una nota de voz enviada ese día, la voz de Amal se entremezclaba con el sonido de disparos de fondo mientras relataba que por la tarde había visto a tres personas tiradas en el suelo, con agujeros de bala en el pecho y en la cabeza.


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