Mohamed VI

El rey de Marruecos expresa su deseo de abrir una nueva etapa “inédita” en la relación con España

Mohamed VI pone fin a la crisis diplomática con un inesperado discurso

Mohamed VI, durante su discurso con motivo de la Fiesta del Trono el pasado 31 de julio.
Mohamed VI, durante su discurso con motivo de la Fiesta del Trono el pasado 31 de julio.MAP

El rey de Marruecos, Mohamed VI, puso fin la noche de este viernes, de forma completamente inesperada, a la crisis diplomática abierta con España a mediados de mayo —la mayor de los últimos años entre ambos países— tras la hospitalización en Logroño del líder del Frente Polisario, Brahim Gali y la posterior entrada de cerca de 10.000 marroquíes en dos días en Ceuta. Con ocasión del discurso que anualmente pronuncia por la fiesta de la Revolución del Rey y del Pueblo, el monarca marroquí aseguró que quiere “inaugurar una etapa inédita” en las relaciones entre los dos países, que se debe basar en “la confianza, la transparencia, la consideración mutua y el respeto a los compromisos”.

“Con sincero optimismo, expresamos el deseo de seguir trabajando con el Gobierno español y su presidente, Pedro Sánchez, con el fin de inaugurar una etapa inédita en las relaciones entre nuestros dos países”, dijo el monarca, en el primer comentario público que hace sobre la grave crisis diplomática. En su discurso de finales de julio con el que conmemoró el 22º aniversario de su entronización, Mohamed VI no dedicó ni una palabra a la cuestión.

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Aunque el detonante de la crisis fue la hospitalización del líder del Polisario en Logroño para ser tratado de la covid, las relaciones entre los dos vecinos del Estrecho se habían ido enfriando durante los meses anteriores. De hecho, las autoridades marroquíes reconocerían más tarde que el problema era más profundo y tenía que ver con la posición española con relación al conflicto del Sáhara Occidental. A Rabat le frustró que España y la UE no siguieran los pasos de Trump y no reconocieran la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara. En respuesta a lo que Rabat definió como “una provocación”, en alusión a la acogida de Gali, Marruecos dejó de controlar la frontera con Ceuta durante poco más de un día, lo que motivó la entrada de un aluvión de unas 10.000 personas en la ciudad autónoma. La escalada de la crisis situó las relaciones entre ambos países vecinos en su peor momento desde que Marruecos ocupó el islote de Perejil en 2002.

“Responsabilidad”

En su discurso, el propio monarca reconoció que se ha tratado de “una crisis sin precedentes que ha sacudido fuertemente la confianza mutua y ha planteado varias preguntas sobre su futuro”. Mohamed VI aseguró que su Administración ha trabajado con “la mayor tranquilidad, total claridad y espíritu de responsabilidad” para llegar a un entendimiento con España, una tarea en la que él se habría implicado directamente.

El rey Felipe VI también ha puesto de su parte en la reconducción del conflicto. En una carta dirigida al monarca alauí y hecha pública en julio por la agencia de noticias marroquí MAP con motivo del aniversario de la llegada al trono de Mohamed VI, Felipe VI expresó “los mejores deseos de salud y prosperidad al muy querido pueblo amigo marroquí” en su nombre “y en nombre del Gobierno y el pueblo españoles”.

Durante las últimas semanas se habían percibido diversas señales de distensión, pero pocos esperaban una apuesta tan clara y directa de Mohamed VI por renovar el entendimiento con España. El hecho que parece haber desencallado la crisis ha sido el cese de la exministra de Exteriores española Arancha González Laya, a la que la prensa oficialista marroquí había señalado como la principal responsable del conflicto.

Fuentes marroquíes habían valorado los gestos del Gobierno español para reconducir la crisis desde el nombramiento en julio del nuevo titular de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares.

El factor argelino

En este sentido, los medios marroquíes han destacado que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, definiera en una rueda de prensa la semana pasada a Marruecos como un “socio estratégico” de España. Además, Rabat había mostrado señales de distensión, como el hecho de aceptar inicialmente la devolución de 700 menores que entraron en Ceuta en mayo.

Un hecho que puede haber estimulado además el giro repentino en la actitud de Rabat es el aumento de la tensión que experimentan sus relaciones con Argelia. Después de una reunión del Alto Consejo de Seguridad argelino el viernes, el presidente argelino, Abdelmajid Tebún, dedicó unas duras palabras a su adversario regional: “Los actos hostiles repetidos por parte de Marruecos hacia Argelia nos han llevado a reconsiderar las relaciones entre los dos países y a intensificar la vigilancia de la seguridad en la frontera del Oeste”. En concreto, Tebún acusó a Marruecos de estar detrás de la terrorífica ola de incendios que ha devastado Argelia, así como de apoyar los partidos Rachad —islamista— y MAK —nacionalista amazig—, que Argel considera grupos terroristas.

Así las cosas, quizás Rabat ha considerado en este momento que no podía permitirse el lujo de mantener dos conflictos abiertos con sus dos principales vecinos.

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