Lecciones aprendidas en Sierra Bermeja

Los bomberos dan por controlado el incendio de sexta generación de Málaga, un tipo de fuego que exige nuevas tácticas

Zonas quemadas por el incendio de Sierra Bermeja, en el área de Puerto de Peñas Blancas, a 14 de septiembre 2021, en Estepona (Málaga).
Zonas quemadas por el incendio de Sierra Bermeja, en el área de Puerto de Peñas Blancas, a 14 de septiembre 2021, en Estepona (Málaga).Daniel Pérez (EFE)

La lluvia que cayó durante toda la noche del lunes en el valle del Genal se convirtió en la mejor aliada de los más de mil profesionales que han estado batallando durante seis días contra el incendio de Sierra Bermeja, cuyas llamas, de una virulencia inusitada, acabaron con la vida de un bombero, han calcinado casi 10.000 hectáreas de monte y han mantenido en vilo a los vecinos de la zona. A primeras horas de la mañana de este martes se daba por controlado el fuego, aunque aún quedan semanas de duro trabajo para terminar de extinguirlo.

El fuego obligó a evacuar por precaución a casi 3.000 habitantes. Los 400 vecinos de Genalguacil, desalojados el domingo, fueron ayer los últimos en regresar. “Cuando hemos llegado al pueblo, la loma estaba toda negra”, lamenta Andrés, vecino de Genalguacil que ha regresado a casa esta misma mañana tras pasar dos días en casa de familiares en Benarrabá, “eso sí que impacta”. Él, su mujer, su hija y su suegra fueron desalojados la noche del sábado de forma preventiva, cuando el fuego empezó a amenazar seis municipios de la sierra. Genalguacil ha sido, además, el último núcleo urbano adónde se ha permitido hoy el retorno de los vecinos. “El fuego estaba en Casares metido”, ilustra, “porque el viento lo ha vuelto, si no se hubiera quemado todo”.

Este incendio ha sorprendido a todos los expertos por su agresividad y virulencia, avivada por vientos erráticos, hasta el punto de ser considerado como de “sexta generación”. “Lo que nos queda por estudiar es cómo determinamos las previsiones meteorológicas en situaciones tan complejas, cómo adecuamos determinados procedimientos para incendios en los que se puede meter a muy poco personal y tiene que ser organizado; nos queda por estudiar y explicar a los ciudadanos todo ese tema”, señaló este martes el director del Centro de Operaciones Regional del Infoca, Jesús Sánchez, en un resumen de la dimensión del fuego y de las dificultades en trazar estrategias que debían modificar a lo largo del día, en función de los cambios en los comportamientos de las llamas.

“Debemos mantener una nueva relación con los incendios. Asumir que estos incendios de tercera, cuarta, quinta o sexta generación están fuera de nuestra capacidad de extinción”, añade Víctor Resco, profesor de Ingeniería Forestal en la Universidad de Lleida. “Cuando las llamas están a más de tres o cuatro metros de altura se libera tanta energía que es imposible de combatir”, abunda.

Mientras unos volvían a sus hogares, otros se iban de Sierra Bermeja. La activación del nivel cero del Plan de Emergencias por Incendios Forestales de Andalucía a primera hora de ayer determinó el regreso del personal venido de otras comunidades para ayudar en las tareas de extinción. De los casi mil trabajadores que han estado batallando con las llamas y las 50 aeronaves que los han acompañado por el aire, solo 200 bomberos -100 en cada turno- y 11 helicópteros continuaran en la brega.

La mayor efectividad

Los 260 integrantes de la Unidad Militar de Emergencias (UME) también pusieron rumbo a la base de Morón de la Frontera entre los aplausos de los vecinos de Estepona que se habían acercado al puesto de mando. La UME fue movilizada a primera hora del domingo, después de que durante la madrugada una pavesa originara un nuevo incendio en la sierra que obligó a la evacuación de seis municipios. Fue la apertura inesperada de ese nuevo frente lo que determinó a la dirección del Infoca a solicitar el apoyo del Ejército. “Hasta entonces todos los recursos del Infoca eran más que suficientes”, aseguró el jefe de extinción, Alejandro García.

La UME ha estado protegiendo los municipios de Jubrique y Genalguacil. “Nos dedicamos a desbrozar y establecer una línea de defensa”, señala un portavoz. Una actividad que extendieron ese mismo día a los pueblos de Pujarra y Faraján, también evacuados, y el lunes a Casares, que era adonde tornaron las llamas ese día. Entonces también atacaron la primera línea de fuego con los bomberos del Infoca. “Siembre quedó un retén en Jubrique y Genalguacil”, advierte el portavoz de la UME.

“Me ha llegado a los oídos que la gente no entiende por qué no metíamos a aviones y más personal para apagar el fuego”, contó este martes Sánchez, en referencia a las críticas por la tardanza en activar la presencia de la UME. “Que entiendan que en una vereda de montaña, en la que se va a fila de a uno, el que trabaja es el que va delante. Los demás no pueden trabajar porque no caben más. Eso es lo que ha estado pasando en este incendio”, explicó.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, puso a disposición de la Junta esos efectivos y los del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en la noche del jueves, como reconoció y agradeció el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno. Un ofrecimiento que había hecho horas antes el Ministerio del Interior y que reiteró un día después, informa Óscar López-Fonseca. Desde el Gobierno andaluz se ha insistido en que es la dirección técnica del Infoca quien ha determinado la estrategia. “Confío plenamente en el Infoca”, aseguró Moreno este lunes.

El viernes, cuando se activó el nivel 2 de alerta y ya se hablaba de la virulencia inusitada del incendio, García advirtió: “Aunque se duplicaran por 10 los efectivos no se lograría apagar este incendio”. “La sensación de que si no va gente a apagar un fuego este empeora es irreal, muchas veces no se va a solucionar nada”, advierte Resco. “La lucha contra este tipo de incendios no pasa por la extinción, sino por la prevención. Es necesaria una modificación a gran escala del paisaje”, incide, en la misma línea que hace unos días hizo el director del Infoca. “Llevamos mucho tiempo hablando de la complejidad que provoca el abandono del medio rural o el cambio climático y hoy lo estamos viviendo en primera persona”, se lamentó.

Las llamas no han llegado a las casas, pero sí han consumido hectáreas de campo, sobre todo pino y alcornoque. “No hemos bajado a verlo, pero parece que el de mi hermano y mi hermana sí se ha quemado”, explica Andrés. Gran parte del terreno, que coincide con manchas verdes sobre la ceniza, se ha salvado gracias al verdor del castaño, ubicuo en la zona que rodea el pueblo-museo: “Siempre está más limpio porque se recoge todos los años”.

El fuego también se quedó a las puertas del pinsapar de Los Reales, pero no respetó la vida de Carlos Martínez, el bombero de 44 que falleció mientras luchaba en su extinción el pasado jueves. Una vez contenido el incendio, sus compañeros hablan más abiertamente de su memoria. Uno de los mejores recuerdos, el dibujo de un bombero con forma de ángel que abre el grifo de una nube. Una premonición de la lluvia que ha disipado la angustia en la Sierra Bermeja.

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