Los clanes balcánicos recalan en España

La desarticulación de una red internacional de narcotráfico destapa la actividad de violentos delincuentes montenegrinos, serbios y croatas en la Costa del Sol y el Levante

El montenegrino Prelevic Nebujosa, detenido en la operación Musala, en una imagen de la policía tomada en Málaga.
El montenegrino Prelevic Nebujosa, detenido en la operación Musala, en una imagen de la policía tomada en Málaga.

Son clientes que pagan cuentas de 14.000 euros y se hospedan en los mejores hoteles o en grandes mansiones de la Costa del Sol y el Levante español. Serbios, croatas y montenegrinos pertenecientes a redes internacionales del crimen organizado que “usan España como base de operaciones” mientras viajan asiduamente de Latinoamérica a Dubái, según fuentes policiales. Esta semana se conocía la desarticulación de una macroorganización, “una rama”, que traía grandes cargamentos de cocaína desde Colombia hasta Europa en veleros o en contenedores de mercantes, usando España como “sede logística, lugar de contactos”, explican fuentes del caso. En total, 61 detenidos —13 de ellos en territorio español― y más de 4.000 kilos de cocaína incautados en los últimos tres años. En la operación, llamada Musala, han participado la policía española, Interpol y cuerpos policiales de Alemania, Colombia, Croacia, Eslovenia y Serbia.

La policía calcula que puede haber “entre 10 y 12 grupos” de esta envergadura operando en toda Europa. Y Europol achaca a esta organización el 50% de la cocaína que entra en el continente, señalan las mismas fuentes.

La presión de las autoridades holandesas y belgas para controlar el tráfico de drogas que se canaliza a través de sus puertos hace temer a la policía española que “los narcotraficantes de los grandes grupos, liderados por los clanes balcánicos, estén intentando asentarse en España”, donde han intensificado el control tanto en la Costa del Sol como en la zona de Levante, lugares donde los miembros de estas organizaciones pueden pasar inadvertidos y encontrar redes de apoyo ya establecidas para desarrollar sus actividades ilícitas. “Nuestro objetivo es que no estén cómodos aquí, que sepan que les tenemos controlados y se vayan a otro sitio”, dicen los investigadores.

Ljubomir Krivocapic, en una imagen sin datar.
Ljubomir Krivocapic, en una imagen sin datar.

Las recientes detenciones arrojan nombres como Ljubomir Krivocapic, Prelevic Nebujosa, J. Jocoviv o Sladan Petrovic, montenegrinos detenidos recientemente en España. los tres últimos han caído en esta macrooperación internacional. Son miembros de los llamados “clanes de los Balcanes”, de carácter “extremadamente violento” —muchos provienen de grupos paramilitares surgidos tras la guerra de Yugoslavia— y con una capacidad económica y corruptora de tal calibre que rivalizan por el poder con gobiernos de sus propios países de origen. “Mueven muchísimo dinero, pueden comprarlo todo y a casi todo el mundo: policías, políticos, jueces…”, señalan fuentes de la investigación.

En España “hay lugartenientes de los capos”, grandes inversores que suelen dirigir y mantener o modificar las estructuras de sus “multinacionales delictivas” desde suites de lujo en hoteles de Dubái. Según fuentes policiales, las relaciones de unos y otros con sus países son constantes. “Es adonde vuelven, donde obtienen con facilidad la documentación falsa que utilizan y donde invierten una gran parte de los beneficios que obtienen de sus actividades ilícitas”, señalan.

Los primeros grupos de delincuentes de los Balcanes llegaron a España al finalizar la guerra de Yugoslavia, a partir del año 2001. Se forman entonces los grandes clanes balcánicos (clan Skaljari, clan Kavac y clan Zemun), que se disputan el poder en sus territorios; y se produce también una diáspora de criminales y combatientes de la guerra, algunos de los cuales recalan en España. El robo de un cargamento de cocaína en Valencia en 2014 fue el inicio de la guerra entre el clan Skaljari y el Kavac, ambos de origen montenegrino; un conflicto que se ha saldado con decenas de asesinatos por venganza en Europa, algunos en España. En junio de 2020, Milos Perunicic, de 41 años y con pasaporte bosnio, fue ejecutado desde una motocicleta, un crimen que la policía atribuyó a la guerra entre los dos clanes montenegrinos.

“Otros, experimentados marineros procedentes de la ciudad de Kotor (Montenegro), se embarcaron en mercantes hasta Latinoamérica, huyendo de crímenes o buscándose la vida”, aseguran fuentes policiales. Llegaron a conformar así sus propias colonias en la costa brasileña, de donde ahora parten muchos de los cargamentos de droga.

De ladrones a capos

Las primeras noticias en España acerca de los grupos balcánicos tenían que ver con asaltos y robos en viviendas. Después, algunos se especializaron en naves industriales. Y también hubo grupos que se centraron en viviendas de lujo. Con el tiempo, esas actividades delictivas fueron quedando relegadas para los albaneses, al igual que el tráfico de personas. Y los serbios, montenegrinos y croatas entraron en el mercado de la cocaína, donde se movía mucho más dinero.

Uno de sus métodos más empleados es aprovechar las rutas transoceánicas de compañías navieras como MSC (Mediterranean Shipping Company), con parte de la tripulación sobornada. La droga se transporta desde Sudamérica hasta aguas españolas. Llegado al punto establecido, la lanzan al mar en bolsas con una baliza GPS que marcará la posición a los miembros de la organización encargados de recogerla utilizando veleros, yates o embarcaciones neumáticas.

Sin embargo, fuentes policiales apuntan que, tras la presión que están ejerciendo en la costa, las bandas se están dedicando a la marihuana, un negocio con menor reproche penal y muy lucrativo que les proporciona grandes cantidades de dinero en efectivo para poder seguir funcionando. En su caso, además, disponen de redes internacionales ya creadas por toda Europa para su distribución. En la Operación Musala la policía incautó también 2.569 kilogramos de marihuana.

Los negocios que han levantado en sus zonas de asentamiento suelen estar relacionados con empresas de fruta (tapaderas para el tráfico de la droga), naves industriales (para almacenarlas), empresas de camiones (para el transporte) o locales (bares o restaurantes como puntos de encuentro). En los últimos tiempos se les ha relacionado con la compraventa de jugadores de equipos de fútbol como una vía de blanqueo de dinero. Así ha salido a la luz en esta última operación policial: “Se pudo comprobar, gracias a la labor desarrollada en Colombia por la Dipol (Dirección de Inteligencia Policial), cómo estaban relacionados con el mundo del fútbol. Por medio de la compraventa de jugadores, se seguía el rastro al blanqueo de los beneficios que obtenían del tráfico de drogas”.

Sobre la firma

Patricia Ortega Dolz

Es reportera de EL PAÍS desde 2001, especializada en Interior (Seguridad, Sucesos y Terrorismo). Ha desarrollado su carrera en este diario en distintas secciones: Local, Nacional, Domingo, o Revista, cultivando principalmente el género del Reportaje, ahora también audiovisual. Ha vivido en Nueva York y Shanghai y es autora de "Madrid en 20 vinos".

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