Pablo Casado resiste pese a la creciente presión de los barones para que dimita

El líder del PP no piensa renunciar ni ahora ni hasta el congreso de julio, mientras dirigentes territoriales de peso quieren un cónclave en abril para dar paso a Feijóo

Manifestación a favor de Ayuso ante la sede nacional del PP en Madrid este domingo. Foto: ANDREA COMAS

La insólita manifestación frente a la sede de Génova contra Pablo Casado, que reunió el domingo a 3.500 personas, según la Delegación del Gobierno en Madrid, que coreaban cánticos contra el dirigente popular, ha convulsionado todavía más al PP. La pregunta que recorre el principal partido de la oposición es si un líder puede sobrevivir a un divorcio con una parte de sus bases, la que apoya a Isabel Díaz Ayuso, que se congregó en la sede nacional para pedir la dimisión de su presidente. Pese a la intensísima presión a la que está sometido, Casado cree que sí está en condiciones de aguantar. Su intención es resistir. Fuentes del entorno del presidente del PP señalan a EL PAÍS que ni ahora ni hasta el congreso de julio piensa dimitir, y considera que el partido necesita normalidad orgánica para salir de esta crisis. En un clima de máxima incertidumbre, algunos de los principales barones se mueven para forzar la dimisión de Casado, exigir la convocatoria de un congreso extraordinario y una candidatura de unidad en torno al presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo.

El impacto y la preocupación es mayúscula en todos los sectores del PP, de etapas presentes y pasadas, por una crisis tan profunda que puede llevarse a los conservadores por delante, fagocitados por la extrema derecha.

La manifestación ante la sede del PP ha precipitado la petición de responsabilidades para los líderes territoriales que están abanderando la revuelta contra la dirección. “Ya no hay vuelta atrás”, se escucha en algunas de las principales baronías del PP. Se trata de algunos de los de más peso en el partido, si bien entre los territorios también hay posiciones más templadas; aunque incluso entre los casadistas hay voces conscientes de que el PP tiene que encaminarse a una transición calmada que lidere Feijóo.

En opinión de los más aguerridos, que tienen detrás a algunas de las organizaciones más relevantes, Casado tiene que dar un paso atrás de inmediato. “Es inaudito. Cuando tantas personas se manifiestan en la sede de tu partido ya no te queda más remedio que marcharte”, afirma uno de ellos. “Las bases están en su contra. Hay una ruptura con la gente, que ya no quiere a Pablo, y con eso no vamos a ganar a Pedro Sánchez”, apostilla. Estos presidentes quieren que se convoque un congreso extraordinario en abril y avisan a la dirección de que no le servirá atrincherarse. “Pablo se va a tener que ir antes o después. Si no se va pronto va a ser un escarnio, ha perdido el liderazgo social. Podrá aguantar hasta julio, pero va a salir. La tentación va a ser resistir, pero es una batalla perdida”.

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Otros dirigentes territoriales de peso apuestan por priorizar que exista una candidatura de unidad para convocar el congreso. “No digo que se tenga que ir hoy, pero que el futuro del PP no pasa por Casado está claro”, afirma otro barón de relieve. Entre los casadistas también hay voces que piden “un cambio de rumbo”, aunque consideran que en estos momentos tan críticos “descabezar al partido no forma parte de la solución”. Algunos líderes territoriales se quejan de que los que lideran la revuelta no estén dando la cara en público. Todos miran a Feijóo, que sigue en silencio.

Pero la revuelta interna se va a encontrar con el muro de Casado. El líder del PP no tiene intención de marcharse al menos hasta el congreso de julio, el ordinario, que toca por estatutos. Casado cree que ha obrado correctamente porque no fue él quien dio publicidad a los problemas de Isabel Díaz Ayuso con los contratos de su Gobierno a su hermano, según alegan fuentes de su entorno; y desde esa convicción de que está en lo correcto, quiere quedarse. El domingo, tras la protesta de Génova, el líder y su equipo guardaron en público silencio, solo interrumpido por la convocatoria para este lunes del comité de dirección, formado por los dirigentes más próximos a Casado. Génova se movió durante el fin de semana para buscar algún tipo de consenso con los barones. El secretario general, Teodoro García Egea, llamó a varios de ellos para encontrar una salida. “¿Qué se puede hacer?”, les preguntaba. El malestar es tan fuerte que algunos solo le reprochaban la situación. La profunda crisis que atraviesa al PP tiene más impacto en el futuro de algunos territorios. Como en Castilla y León, donde Alfonso Fernández Mañueco afronta en una situación de debilidad la negociación para formar un Gobierno. O en Andalucía, donde Juan Manuel Moreno Bonilla tiene elecciones en unos meses.

La dirección de Casado resiste de momento sin que hayan trascendido grietas relevantes en el grupo, pese a toda la presión interna y externa. Ante la pesadilla que vive el PP, relevantes dirigentes del entorno de Casado aseguran: “La voluntad de la dirección es coser y que esto haya sido un mal sueño”.

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Sobre la firma

Elsa García de Blas

Periodista política. Cubre la información del PP después de haber seguido los pasos de tres partidos (el PSOE, Unidas Podemos y Cs). La mayor parte de su carrera la ha desarrollado en EL PAÍS y la SER. Es licenciada en Derecho y en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid y máster en periodismo de EL PAÍS. Colabora como analista en TVE.

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