De las aduanas a las empleadas del hogar, la frontera de Ceuta y Melilla sigue sin definirse

La reapertura de los pasos de las dos ciudades autónomas mantiene dudas sobre el futuro de las trabajadoras transfronterizas y de la futura relación comercial

Una mujer pasea por las calles de Ceuta el pasado miércoles, un día después de la reapertura de la frontera.
Una mujer pasea por las calles de Ceuta el pasado miércoles, un día después de la reapertura de la frontera.Alejandro Ruesga

Toría lleva toda la mañana del jueves, junto a un grupo de amigas y compañeras de fatiga, recorriendo los alrededores del Consulado de España en Nador, provincia limítrofe con Melilla. Pregunta y repregunta qué documentos necesita para el visado que le permitirá salir de Marruecos a partir del 31 de mayo como trabajadora transfronteriza. Como respuesta, recibe un batiburrillo de menciones a papeles que abre nuevas incógnitas. Mientras, en Ceuta, la Delegación del Gobierno se ha coordinado con el consulado de Tetuán para gestionar visados temporales que permitirán acceder a la ciudad y arreglar sus papeles a más de 400 empleados con permiso de trabajo renovado que se quedaron en Marruecos. En Melilla, el desconcierto es total. Tan solo faltan ocho días para que se permita el paso a los transfronterizos, en la que será la segunda etapa de reapertura de fronteras iniciada el 17 de mayo.

Madrid y Rabat aún negocian una normalización “gradual y ordenada” de los pasos terrestres en Ceuta y Melilla tras 26 meses de cerrazón. Las fronteras, vitales para la economía de las dos ciudades, se mantuvieron selladas, primero, por razones sanitarias y, después, como medida de presión de Marruecos en la crisis diplomática que ha tensado al máximo en el último año las relaciones entre los dos países. Ahora, tras el respaldo del Gobierno a la propuesta de Rabat para el futuro del Sáhara Occidental (dotarle de autonomía pero bajo soberanía marroquí y sin referéndum de autodeterminación), se abre un futuro incierto para las dos ciudades que Marruecos siempre ha reclamado como suyas.

La situación ha cambiado mucho desde 2020 y la facilidad para transitar entre los dos países ya no es tal. Ahora que se están definiendo las normas para permitir el paso de las trabajadoras transfronterizas, todo apunta a que muchas cosas van a cambiar. De momento, las transfronterizas cuyos permisos de trabajo ya no están en vigor necesitan un visado para volver. Piden información y planificación. El viernes, el Consulado en Nador volvió a llenarse de decenas de trabajadoras que querían conseguir una cita e informarse sobre ese visado que ahora les exigen. Nadie sabe bien cómo tramitarlo ni cómo funcionará.

Según la jefa de la Oficina de Extranjería de la Delegación del Gobierno, Elena Nieto, ese visado solo se garantiza a unas 80 personas listadas que se quedaron trabajando en Melilla desde 2020. Al otro lado de la frontera, en Marruecos, quedan casi 2.000 trabajadoras con sus permisos de trabajo caducados, para quienes aún no hay solución. Nieto afirma que esperan “órdenes de Madrid”. La mayoría son empleadas domésticas, algunas con 20 años cotizados a la Seguridad Social y ahora no tienen ni paro, ni finiquito, ni trabajo. “Hay muchas a quienes los jefes no van a volver a contratar”, espeta en una reunión de la Unión Marroquí de Trabajadores Karima Said, portavoz del sindicato. “Necesitamos una solución para todas, no un visado, necesitamos cruzar libremente, como antes, para poder renovar el permiso de trabajo y buscar empleo”.

El futuro de las aduanas

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Más allá de los trabajadores, está en el aire el paso de mercancías, porque tras el fin del contrabando esas fronteras ya no volverán a ser las mismas. El fin del llamado comercio atípico impuesto por Marruecos se interpretó en España como una estrategia más de asfixia económica de las dos ciudades, pero ahora la perspectiva ha cambiado. “Nadie quiere ya esa imagen lamentable”, asegura una fuente gubernamental española. “Tiene que haber un antes y un después con esta apertura. No es una vuelta a la normalidad prepandemia, debe ser una frontera del siglo XXI”, añade.

El polígono de El Tarajal, en Ceuta, está prácticamente desierto desde 2019. Casi todas las naves donde se compraban la ropa, los zapatos o artilugios tecnológicos que pasaban a Marruecos sobre las espaldas de cientos de porteadoras cerraron. Revivió un año después, cuando un puñado de esas naves reabrieron para almacenar cientos de niños que entraron a nado desde Marruecos, pero estos días, allí apenas se oye el griterío de las gaviotas. En Melilla se han creado cementerios de furgonetas, antes usadas para descargar mercancía en bultos, y “coches patera” que metían alimentos. Muchos almacenes han echado el cierre. Algunos empresarios, incluso, se marcharon a la Península para relanzar sus negocios o realizar, desde allí, exportaciones a Marruecos a través de otros puertos. Otros, como Sabah Ahmed, que sigue teniendo un almacén en Ceuta, le han dado la vuelta: “Yo ya había viajado bastante a Turquía y traía productos de ajuar para bebé y novia. Es algo que ha funcionado muy bien, así que cuando cerró la frontera, me quedé con eso”.

Durante estos días las autoridades marroquíes no han permitido el paso de una sola caja de bombones, pero la frontera del futuro que quiere España pasa por reabrir la aduana comercial de Melilla, cerrada por Marruecos sin previo aviso en 2018, y crear una nueva en Ceuta. Tras el comunicado conjunto hecho público tras la visita de Pedro Sánchez a Mohamed VI el pasado 7 de abril, fuentes gubernamentales dieron por hecho que así se haría, pero aún hay más dudas que certezas. ¿Marruecos está de acuerdo?, ¿qué beneficios supondrá?, ¿cuándo ocurrirá?

No hay previsiones del tránsito que podría tener una aduana comercial en Ceuta porque nunca existió, según fuentes de la Agencia Tributaria, pero la aduana comercial de Melilla gestionó en 2017 (último año completo comparable) 18.900 toneladas en exportaciones hacia Marruecos por valor de casi 19,2 millones de euros. Como referencia cercana, ese mismo año, la aduana comercial de Gibraltar movió más de un millón de toneladas en exportaciones por valor de 2.030 millones de euros.

Una fuente conocedora de las negociaciones entre ambos países explica que los interlocutores marroquíes se han mostrado abiertos a colaborar, pero añade un detalle que no es casual: los marroquíes mencionan la aduana de Melilla con naturalidad, pero evitan mencionar la de Ceuta. En Ceuta, sin embargo, no se plantean quedarse fuera del trato. Su consejera de Economía y Hacienda, Kissy Chandiramani, mantiene que una aduana ayudaría a recuperar las pérdidas sobrevenidas de la pandemia y el cierre de fronteras, que han alcanzado los 400 millones de euros. Además, asegura, incentivaría a empresas exportadoras y logísticas a instalarse en la ciudad.

Hasta hace unos años, a Rabat le interesaba que entrara mercancía por la frontera con Melilla. “Gracias al puerto de Melilla, Marruecos ha podido proveer de bienes y servicios a una parte del país a la que no podía abastecer porque carecía de infraestructuras”, explica Jalid Said, portavoz de Acsemel, organización que agrupa a algunos de los empresarios melillenses más afectados por el cierre de la frontera. La familia de Said, asegura, fue de las primeras en Melilla en contar con naves para almacenar todo lo que llegaba por barco a la ciudad autónoma antes de que se estrenase el puerto de Beni Ensar, donde ahora llegan los ferris desde Málaga y Almería, y se iniciase el proyecto de Nador Med, a imagen del puerto de Tánger.

Además del impulso económico, hay quien defiende, en Madrid y en Ceuta y Melilla, que la apertura de aduanas es también simbólica y que supondría un reconocimiento tácito de la soberanía española de Ceuta y Melilla. Parece un augurio optimista: la aduana de Melilla data de 1867 y su funcionamiento hasta 2018 no aplacó las proclamas de las autoridades marroquíes que han percibido siempre las ciudades autónomas como “presidios ocupados” por España.

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